Ficha técnica

Título:  Yo soy El Otro | Autora:  Berta Vias Mahou | Editorial: Acantilado | Colección: Narrativa del Acantilado, 264  | Encuadernación: Rústica cosida | Formato: 13 x 21 cm | Páginas: 240 | ISBN: 978-84-16011-69-8 | Precio: 18 euros

Yo soy El Otro

ACANTILADO

Marzo de 1963. A sus dieciocho años, el jienense José Sáez entrena en una escuela de toreros con el ánimo de convertirse en matador. Un buen día descubre que su cara, aun siendo la misma de siempre, es la de otro hombre, Manuel Benítez El Cordobés, el diestro más célebre de todos los tiempos. Sin embargo, en esta historia de espejos y espejismos no hay corridas ni toros: en tono de comedia agridulce, Yo soy El Otro habla del éxito y del fracaso, del esfuerzo y de la suerte, de la identidad y de la locura, de la auténtica fortuna y del verdadero talento.

«Berta Vias Mahou sabe que en el fondo se trata de decir la verdad. Adoro su valentía y también la extraña lucidez de sus narraciones». Enrique Vila-Matas

«Vias Mahou nos muestra como a animalillos zarandeados por fuerzas poderosas, dispuestos a pagar fáusticamente cualquier precio por ser El Otro. Y luego tratar de volver a engañar al diablo para que nos devuelva el nombre y los apellidos de nuestros padres, la hermosa mediocridad de lo que somos».Carlos Zanón, El País

«Yo soy El Otro es una defensa de la bondad y una crónica de la lucha individual por sobrevivir a las propias contradicciones y entender los límites de la propia vida».Nadal Suau, El Mundo

«Un lenguaje que es un prodigio de contención y que viene impregnado de la nostalgia de un léxico desaparecido. Una excelente novela ajena a las modas de una escritora tan inteligente como dueña de su oficio».Manuel Rodríguez Rivero, El País (Babelia)

«La abundancia de escenas rocambolescas, el sentido de lo grotesco y de lo humano y la riqueza léxica, con todos los malentendidos propios de los desdoblamientos, dan a esta divertida y conmovedora novela una especial vitalidad». J.A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia

«La escritura de Berta Vias Mahou es un prodigio de inteligencia y sensibilidad, sólo propio de una gran narradora». José María Guelbenzu, El País

«Una sólida y hermosa novela sobre la aventura de encontrarse con uno mismo».Fulgencio Argüelles, El Comercio

«Una reflexión de no poca enjundia sobre la identidad, el esfuerzo y el afán de notoriedad».Álvaro Colomer, Yo Dona

«Una inteligente reflexión sobre el triunfo y el fracaso, los espejismos a los que a veces nos entregamos para no ver el desierto y los valores que actúan como motor de nuestras sociedades». Benjamín Prado, infoLibre

«La escritora madrileña es autora de una obra escasa pero de una finura estilística digna de mención. No en vano ha fraguado su mirada en la reescritura de autores de tanto fuste como Stefan Zweig, Ödön von Horváth, Schnitzler, Joseph Roth o Goethe». Héctor J. Porto, La Voz de Galicia

 

PROTESTOUNA VIDA EN LA CUERDA FLOJA

Le llamaban también así. El Patas Putas. Pero sólo los ín-timos. Y esto aún hoy día no lo sabe casi nadie. ¿Y por qué precisamente al Patas Putas?, se preguntará usted. ¿Por qué a él y no a otro? Pues por lo mismo por lo que lo hicieron tantos entonces. Por salir de la miseria. Porque era un pelete, un infeliz que no tenía dónde caerse muerto y al que nadie conocía de nada, como yo mismo, un descamisado que de la noche a la mañana se hizo famoso. Y muy, muy rico. Inmensamente rico. Se convirtió en el hombre más envidiado por aquellos tiempos en toda España, además de en uno de los más célebres e incluso venerados en buena parte del extranjero. Porque todo el mundo quería verle y le aplaudía, aunque muchos otros dijeran que no sabía hacer la o con un canuto, que no era más que un payaso. Y, sobre todo, ¡qué caramba!, porque me parecía tanto a él. Sobre todo, por eso. Por eso le imité. Y aún me sigo pareciendo. He visto sus ojos cuando me ha descubierto en el vano de la puerta. Al verme reír. ¿José Sáez?, ha preguntado. Sí. Soy yo. Yo soy El Otro. Mejor dicho, lo fui. Porque ahora…

     Ahora no soy más que yo, que es lo mismo que no ser nada. Entonces todo el mundo quería estar cerca de él. Hacerse una foto con él. Tocarle, aunque sólo fuera una punta de la ropa que vestía. Conseguir un botón de su camisa o un autógrafo. Ser como él. Llegar hasta donde él había logrado subir, a lo más alto, aunque mirándolo bien y a pesar de que se movía y aún se mueve mucho, se quedó siempre en el mismo sitio. Pero esto es algo que he sabido ver con el tiempo. De todos modos, nosotros preferíamos no decir su nombre. Por eso yo sólo era El Otro. Y me hubiera gustado guardar aún más las distancias, no arrimarme tanto a su personalidad, pero el destino y los que me rodeaban cuando yo era muy joven me llevaron a hacer lo contrario. Fue como si me arrastrara la corriente. Un río caudaloso, con mucha fuerza. A mí no me han reconocido nunca por la calle. Quiero decir que, en el fondo, no me conocían y por tanto no podían reconocerme, por más que creyeran conocerme, convencidos de que sabían quién era yo. Creían que yo era él.

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