Ficha técnica

Título: Yo soy Charlie | Autor: Numa Sadoul | Traducción: Traducción de Cabu y Willem: Teresa Lanero Ladrón de Guevara; de Charb, Luz y Kroll, José Miguel Parra; de Pétillon, Silvia Moreno Parrado; de Siné, Violeta Sánchez Esteban; de Wolinski, Laura Naranjo Gutiérrez | Editorial: Confluencias | Colección: L’ Hexagone | Formato: 165 x 235 mm | Encuadernación: Rústica 1 Páginas: 304 | ISBN: 978-84-943830-2-1 | Precio: 22 euros

Yo soy Charlie, los dibujantes hablan

CONFLUENCIAS

El 7 de enero de 2015 dos terroristas asesinaron a los dibujantes de la revista satírica Charlie Hebdo «Cabu», «Charb», «Tignous», Georges Wolinski, Philippe Honoré, el economista Bernard Maris, el corrector Mustapha Ourrad, la columnista Elsa Cayat, Frédéric Boisseau, conserje, y Michel Renaud, invitado ocasional. Los policías asesinados fueron Franck Brinsolaro y Ahmed Merabet. Otro terrorista mató a una policía, Clarissa Jean-Philippe, y a cuatro franceses judíos, Yohan Cohen, Yoav Hattab, Philippe Braham y François-Michel Saada, antes de ser acribillado por la policía.

Ha sido difícil asimilar este crimen, relacionar el trabajo de unos dibujantes que basan su expresión en el humor, en la mordacidad, en la ironía, en la provocación, en la risa, en la zafiedad, en el ingenio, con unos cuerpos ensangrentados… comprendíamos el miedo que la amenaza islamista generaba, conocíamos la entereza burlona de los que no se dejaron amedrentar, pero ¡qué extraño resulta pensar que los más valientes fueran esos tipos tan poco marciales!

No se trata de hablar de libertad de prensa, del derecho a injuriar, a satirizar, a ridiculizar, no, no estamos en eso. Ese es otro tema. Ahora hablamos de un hecho simple e indiscutible para un país que deseamos demócrata y humano: nadie puede ser asesinado por expresar sus ideas…

Y ahora, ¡qué ejemplo nos has dado Charlie!, ¡qué profunda gratitud y admiración os profesamos!, ¡qué orgullo publicar estas entrevistas, reírnos con vosotros, qué triste emoción poder decir que nosotros somos Charlie!

Los editores

La realización de esta obra se debe a Numa Sadoul, periodista. Durante años se ha entrevistado con los dibujantes de periódicos más célebres de Francia y Bélgica y así poder conocer, por ellos mismos, el sentido de sus dibujos. En muchos casos se trata de feroces ilustraciones que atraviesan nuestras sociedades y que las sitúan en el umbral mismo de los límites de la libertad de expresión. Cabu, Charb, Kroll, Luz, Pétillon, Siné, Willem y Wolinski se detienen en estas amistosas entrevistas en un sinfín de anécdotas y perlas de humor, nos explican su trabajo y de este modo nos sitúan e indican una actualidad velada con mucha frecuencia por intereses de otra índole. ¿Qué nos queda, si no tuviéramos al menos una amplia sonrisa con la que contemplar nuestro mundo cruel?

INTRODUCCIÓN

«Yo soy Charlie», un jalón en la historia de Francia

Entre el 7 y el 9 de enero del 2015 se sucedieron en París y su periferia urbana tres ataques de barbarie terrorista: diecisiete personas fueron asesinadas por tres criminales, abatidos a tiros por las fuerzas de seguridad al tercer día de la ensangrentada crisis.

El primer blanco de los asesinos fue la redacción de

Charlie Hebdo. El 7 de enero, el día de la puesta a la venta del número 1.177 del semanario satírico, hacia las 11.30 de la mañana, los hermanos Chérif y Saïd Kouachi, franceses de padres argelinos, entraron en la sede del semanario armados de fusiles de asalto, gritando que Alá era el más grande y venganza le era debida, matando a tiros a once personas, entre las que se encontraban los dibujantes Cabu, Charb, Honoré, Tignous y Wolinski, la psicoanalista Elsa Cayat, el economista Bernard Maris, el policía Franck Brinsolaro -que aseguraba la protección de Charb-, el corrector Mustapha Ourrad, Michel Renaud -fundador del festival Rendez-vous du carnet de voyage- y Frédéric Boisseau, empleado en el inmueble.

Huyendo, tras la matanza, uno de los hermanos Kouachi arrodilló por la fuerza a un policía de origen bereber, Ahmed Merabet, para pegarle, humillado, varios tiros en la nuca.

Los autores de esos doce asesinatos murieron dos días más tarde a la puerta de una imprenta, en Dammartin-en-Goële, al norte de París, donde los criminales encontraron «refugio» durante medio día corto. Ilusos, pensaban morir matando. Fueron ejecutados por los tiradores de élite del Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional (GIGN) cuando intentaban huir como ratas enloquecidas, pegando tiros y dando aullidos de animales de presa.

Mientras los Kouachi intentaban huir, un amigo y posible cómplice, Amedy Coulibaly, francés de padres originarios de Malí, asesinó a una policía municipal, en Montrouge, el día 8, antes de matar a tiros a cuatro judíos durante un secuestro que se prolongó veinticuatro horas en un supermercado especializado en comida

kohser, en la puerta de Vincennes, al este de París. Coulibaly -presunto simpatizante del Estado islámico- fue ejecutado a la misma hora que los hermanos Kouachi, tras el «OK» del Elíseo a las unidades de élite responsables de dos asaltos paralelos consumados con una pericia militar implacable, liquidando a tiros a los asesinos en pocos minutos.

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