Ficha técnica

Título: Yo no | Autor: Joachim Fest  | Editorial: Taurus | Colección: Historia | Formato: Tapa blanda con solapa | Páginas: 296 | Medidas: 151 X 239 mm | ISBN: 9788430618491 | Fecha: ene/2017 | Precio: 21.90 euros | Ebook: 9,99 euros

Yo no

TAURUS

Nadie se ha esforzado tanto como Joachim Fest por comprender los rasgos y mecanismos del nazismo. Su ponderado análisis del Tercer Reich, sus biografías de Adolf Hitler y de Albert Speer, así como la magistral descripción de los últimos días vividos en el búnker de Hitler que hace en El hundimiento, cuentan con millones de lectores en todo el mundo. Pero ¿cómo vivió él mismo, nacido en 1926, el nazismo, la guerra y la derrota de Alemania?

Para Joachim Fest -que falleció poco después de terminar este libro-, la profunda tragedia alemana fue la incapacidad de las élites culturales de hacer frente al nazismo. Atípico y conmovedor, este libro recoge la resistencia al régimen nazi de una familia católica alemana desde la profunda convicción moral de su padre, que asumió la pérdida de privilegios y la precariedad por resistirse a las presiones de unirse al partido nazi y a las estructuras del régimen.

En estas memorias de sus años de infancia y juventud, Joachim Fest nos ofrece por primera vez una visión íntima de sus vivencias más directas durante esos años oscuros. La temprana prohibición de ejercer la enseñanza que sufrió su padre, su propia expulsión del colegio, su iniciación en el mundo de la ópera berlinesa, sus lecturas durante el servicio militar, o su intento de fuga de un campo de prisioneros americano, son algunos de los episodios protagonizados y narrados en primera persona por un observador nato. Pero sobre todo Fest revela cómo, a pesar de las dificultades, era posible enfrentarse al agobiante acoso ideológico del régimen desde la humildad, la firmeza de principios, la cohesión familiar y la dignidad.

Reseña:
«En este espléndido libro se acredita la existencia de una porción de alemanes que intentaron resistir defendiendo la libertad y que sufrieron las consecuencias de la guerra.» Rogelio López Blanco, El Cultural

 

PRÓLOGO

Por lo general, uno suele empezar a escribir sus memorias cuando se da cuenta de que ya ha transcurrido la mayor parte de su vida y ha alcanzado, en mayor o menor medida, lo que se había propuesto. Instintivamente, se mira hacia atrás: sorprende ver cuántas cosas del pasado han caído en el olvido o han desaparecido como «tiempos muertos». Se querría retener lo más importante o, si ya ha caído en el olvido, rescatarlo para el recuerdo.

Al mismo tiempo, hay que hacer un esfuerzo por recordar el pasado. ¿Qué dijo mi padre cuando mi madre le reprochó su pesimismo mientras intentaba convencerle de que fuera más tolerante con los gobernantes? ¿Cómo se llamaba el profesor de alemán del instituto Leibniz que lamentó ante toda la clase que yo me marchara? ¿Con qué tono me hizo el doctor Meyer sus observaciones cuando me acompañaba hacia la puerta durante mi última visita? ¿Con melancolía o simplemente con resignada ironía? Vivencias, palabras, nombres: todo está perdido o a punto de perderse. Sólo algunos semblantes pueden relacionarse, después de mucho indagar, con una opinión, una imagen o una situación. Otros datos proceden de la tradición familiar. Aunque en muchas ocasiones se ha roto el hilo conductor. Esto se debió en parte a que durante la evacuación de la familia de Karlshorst se perdieron todos sus recuerdos, escritos, dibujos y cartas. Lo mismo ocurrió con las fotos familiares: las imágenes de este libro nos las han facilitado, en su mayoría después de la guerra, amigos que en algún momento las consiguieron y pudieron salvar sus bienes de los avatares de los tiempos.

Yo no habría podido escribir sobre mis más tempranos recuerdos si a comienzos de los años cincuenta la radio no me hubiera encargado un relato sobre la historia reciente de Alemania. Como el material bibliográfico no era por entonces muy amplio, completé el estudio, hasta donde fue posible, con conversaciones con testigos de esa época, desde Johann Baptist Gradl hasta Ernst Niekisch, pasando por Heinrich Krone. Pero a quien más consulté fue a mi padre, quien como ciudadano políticamente comprometido había vivido en primera persona los conflictos y padecimientos de esa época. Por supuesto, estas conversaciones pasaron pronto al terreno personal y pusieron de manifiesto problemas familiares que yo había vivido, pero de los que apenas me había dado cuenta.

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