Ficha técnica

Título: Yo, mono | Autor: Pablo Herreros | Editorial: Destino |Colección: Imago Mundi | Formato: 14,5 x 22,7 cm | Lomo 264 |Presentación: Rústica con solapas | Páginas: 248 | ISBN: 978-84-233-4779-7 | Precio: 18 euros |Ebook: 12,99 euros

Yo, mono

DESTINO

Las teorías de Darwin fueron tan demoledoras que cambiaron el curso de las ciencias naturales para siempre. El científico declaró en una ocasión que aquellos que estudien las relaciones sociales de los primates habrán hecho más por el conocimiento de la metafísica humana que el filósofo John Locke.

Recogiendo el espíritu de Darwin, Pablo Herreros revisita la historia de los seres humanos a partir de los últimos hallazgos científicos. Este libro traza un apasionante recorrido por la evolución de los primates para explicar comportamientos tan cotidianos y tan supuestamente humanos como el puñetazo del directivo sobre la mesa, las chulerías en las discotecas o los besos. Y es que los primates, al igual que nosotros, tienen emociones, vicios, sufren, se vengan, cotillean, intercambian objetos o servicios, engañan y se disputan el «trono» mediante juegos de poder.

Pero esta obra es mucho más. Se creyó tanto en la selección natural que muchos pensadores abrazaron conclusiones equivocadas, como es el caso del darwinismo social. ¿Por qué iba a ayudar un animal a otro cuando supone un coste de energía y alimento? Yo, mono pretende terminar con esta convicción totalmente errónea y mostrar que la cooperación es tan importante para la supervivencia como la competición.

Con un lenguaje claro, directo y no exento de ironía y sentido del humor, Pablo Herreros nos muestra en este libro que, de algún modo, los animales son muy humanos, y los humanos no dejan de ser animales.

Capítulo 1

POLÍTICA PRIMATE

La política es más antigua que la propia humanidad

Los primates juegan a los mismos juegos de poder que los humanos. Por ejemplo, un chimpancé no puede apoyarse exclusivamente en la dominación y la fuerza para conseguir lo que desea. Al igual que nosotros, emplean multitud de estrategias para obtenerlo. Ello se debe a que en este orden o grupo de especies al que pertenecemos, el ejercicio del poder es algo que se gestiona mediante diversas maniobras políticas, lo que incluye la manipulación, la creación de alianzas, la provocación de conflictos, la reconciliación, el chantaje o hacer intervenir a terceras partes, entre decenas de artimañas políticas más, todas ellas bien conocidas por nuestra especie.

Las investigaciones más recientes demuestran que nuestros parientes más cercanos, chimpancés y bonobos, viven en sociedades complejas y realizan maniobras políticas semejantes a las nuestras para resolver los desafíos que conlleva la vida en grupo.

Para Aristóteles y otros pensadores posteriores, el ser humano se distinguía de otros animales por su naturaleza política, es decir, por su capacidad para organizarse y crear sociedades. Nosotros éramos los únicos animales políticos (zoon politikon) sobre la faz de la tierra. Desde este prejuicio, los politólogos modernos situaron el origen de la política en el periodo Neolítico, cuando los humanos abandonamos la vida nómada para convertirnos en agricultores sedentarios, hace aproximadamente ocho mil años. Lo que Aristóteles desconocía, a pesar de su gran interés por el naturalismo, era todo el conocimiento que ahora poseemos sobre el comportamiento de otros primates. Éste demuestra que los primates no humanos tienen intensas vidas políticas y que no es necesario el desarrollo de asentamientos permanentes para que surjan las conductas dirigidas a la obtención y control del poder. De hecho, como veremos en este capítulo, la mayoría de ellos hunden sus raíces en lo más profundo de la selva.

Para el sociólogo Max Weber, la esencia de la actividad política se encontraba en la distribución de la fuerza que se monopoliza a través del poder. Desde la antropología, Ted Lewellen añadió a la fórmula cómo se logran los objetivos comunes. Los chimpancés y otros primates no humanos también luchan por obtener el poder y aumentar el estatus social, pero de forma simultánea cooperan en causas comunes. Esto implica que, como sucede en nuestros partidos políticos o en las relaciones entre países, los primates no humanos combinan la cooperación y la competición para lograr sus objetivos.

Las relaciones de poder, para bien y para mal, existen en todos los ámbitos humanos. Así, encontramos similitudes entre el comportamiento de los grandes simios en la selva y las reacciones de los políticos y otros grupos de  poder. Allá donde se produzca interacción entre dos o más miembros, aparecerá este tipo de dinámicas que podemos calificar de políticas sin entrecomillados ni temores de ninguna clase.

Existe una continuidad entre el comportamiento político humano y el de otros primates. Los indicios llevan a pensar de este modo, porque los patrones de conducta política en las cinco especies de grandes simios que existen en la actualidad son similares, lo que significa que muy probablemente nuestro ancestro común ya se comportaba así hace cuatro o cinco millones de años, mucho antes de que apareciera el primer Homo sapiens en la sabana africana. Como cree el primatólogo que más ha influido en mi carrera, Frans de Waal, «la actividad política parece ser una parte de la herencia evolutiva que compartimos con nuestros parientes más cercanos».

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