Ficha técnica

Título: Yo maldigo el río del tiempo | Autor: PER PETTERSON | Editorial: Mondadori | Traductor: Cristina Gómez Baggethun | PVP:18,90 € | Páginas: 256 | Publicación: enero de 2010

Yo maldigo el río del tiempo

EDITORIAL MONDADORI

 

Yo maldigo el río del tiempo es la nueva novela del galardonado escritor noruego Per Petterson, en la que el protagonista, Arvid, debe hacer frente a una crisis personal profunda: está en trámites de divorcio y a su madre le han diagnosticado un cáncer. Mientras hace frente a un presente desalentador, vuelve la mirada atrás, reconstruyendo su infancia y su juventud. Arvid revisita las vacaciones junto al mar con sus hermanos, su vida de estudiante y sus conquistas, así como su compromiso político. Yo maldigo el río del tiempo explora la incapacidad de las personas por comunicarse y entenderse en toda su complejidad humana. 

 

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Todo esto sucedió hace unos cuantos años. Mi madre llevaba un tiempo sintiéndose muy mal. Para que dejaran de darle la murga quienes la rodeaban y se preocupaban, mis hermanos sobre todo, y mi padre también, acabó yendo al médico al que solía ir, al que iba mi familia desde la noche de los tiempos. A esas alturas debía de ser un hombre muy mayor, porque no recuerdo haber ido jamás a otro médico y tampoco recuerdo que fuera nunca joven. Incluso yo iba a su consulta, aunque vivía a decenas de kilómetros de distancia. Tras una breve revisión, el viejo médico de familia la derivó de inmediato al hospital de Aker, para que le hicieran un examen más detenido. Cuando hubo pasado por varias pruebas, tal vez dolorosas, en habitaciones pintadas de blanco o de verde claro, verde manzana, en el gran hospital situado casi en el cruce de Sinsen, en el lado de Oslo que siempre me ha gustado pensar que era el nuestro, esto es, el del este, le dijeron que se fuera a casa y esperara quince días a que estuvieran listos los análisis. Cuando por fin llegaron, resultó que tenía cáncer en el estómago. Su primera reacción fue la siguiente: Durante años y años me he pasado las noches en vela, sobre todo cuando los niños eran pequeños, por el pánico a morirme de un cáncer de pulmón, y ahora voy y me cojo un cáncer de estómago. ¡Cuánto tiempo perdido! 

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