Ficha técnica

Título: Ya vamos | Autora: Ronja von Rönne | Traducción: Eduardo Gil Bera | Editorial: ALIANZA | Colección: Alianza Literaria (AL) | Formato: Estándar, Papel | Tamaño: 13,50 x 21,00 | Páginas: 184  | Fecha: sept-2017 | ISBN: 978-84-9104-828-2 | Precio: 14 | Ebook: 7,99 euros 

Ya vamos

ALIANZA

Cuando alguien se muere, la gente se viste de luto y acude al entierro. O bien huye con sus tres amantes a la orilla del mar. Al recibir la noticia de la muerte de su mejor amiga del instituto, Nora se decide por lo último. Como si el poliamor o la huida pudieran ayudar. Como si se escapara tan fácilmente de los demonios del pasado.


Por la noche la despiertan ataques de pánico, su cuarteto amoroso amenaza con venirse abajo. Hasta el regreso de su terapeuta, Nora documenta sus días en un diario. Así narra su huida hacia adelante. Pero en lugar de un futuro pleno de esperanza, el pasado se impone cada vez más en primer plano. Tiene que haber algo, piensan los cuatro, que pueda volver a unirlos, como una gran fiesta. O un asesinato.


«Ya vamos» es un libro radical, vertiginosamente cómico en su desesperación, y poético en su crueldad.

La prensa ha dicho:

«¡Descarada, aventajada, divertida e irrespetuosa, por fin una nueva voz en la literatura alemana actual!» Joachim Lottmann

«Ronna von Rönne limpia el azul del cielo» Der Spiegel

«El dolor de crecer, en un debut travieso e impetuoso» ECO-TEST

«Ya vamos es la literatura emergente, a veces grave, a veces divertida, a veces conmovedora, siempre sobria y autorreflexiva» Leipziger Volkszeitung

«Su ingenio lacónico impresiona» DPA

«Un agudo y divertido retrato de la generación del milenio» ELLE

«Un debut picaresco y atrevido» Glamour

«Revelador e hilarante» Nürnberger Nachrichten

 

 [Comienzo del libro]

 Maja no está muerta. Si Maja se hubiera muerto, antes se habría despedido de mí. Son cosas que hemos acordado toda la vida.

Su nombre tiene una traza ridícula, con esa orla tan negra, ahí plantado en la carta delante de mí, y haciendo como si el día 20 fuera su entierro, y como si ese domingo toda la parentela se agolpara realmente en el cementerio del pueblo a depositar coronas, arrojar tierra a una fosa y decir algo bonito de Maja. Bobadas. A la mayoría no se le ocurriría nada positivo de Maja, excepto quizá sus pechos fantásticos. A lo sumo, estarían agradablemente sorprendidos porque ahora yace en un cajón bajo tierra, y por fin se porta como corresponde a los habitantes de nuestra comunidad. Entre nosotros morirse forma parte de una cortés convivencia, lo mismo que el césped escrupulosamente cortado. Porque a ver dónde vamos a parar, si cada cual vive lo que le apetece, y la hierba crece hasta la parcela del vecino.

Casi todos los habitantes del pueblo se toman tan en serio el deber de acabar muriendo que estiran la pata por dentro cuando aún están vivos, para andar seguros. Porque en mi pueblo todo gira en torno a la seguridad: la seguridad, la fiesta de los bomberos voluntarios y las discusiones sobre los desperfectos que causan las martas en los vehículos. Son las cosas que tenemos en el pueblo.

Lo que nunca hubo en el pueblo es un entierro donde todos parezcan aliviados, porque eso tampoco está bien. Así que un entierro de Maja sería absolutamente imposible, y esa es solo una de las muchas razones por las que Maja no está desde luego tan muerta como pone en ese papelucho. Quizá es que solo se ha vuelto a morir su viejo «yo», cosa que ya ha pasado tres o cuatro veces, una cuando fue budista, y luego otra cuando volvió a ser atea, o comunista, o feminista. Jamás importó gran cosa, las nuevas Majas solían ser bastante parecidas a la antigua, seguía su risa estentórea y todo lo demás sin excepción.

En el sobre, como remitente, está la madre de Maja, que nunca acabó de enterarse de que Maja estuviera viva. Así que me extrañaría que hubiera notado su muerte.

 

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]