Ficha técnica

Título: X | Autor: Percival Everett | Traducción: Marta Alcaraz Burgueño | Editorial: Blackie Books | Género: Novela | ISBN: 978-84-938745-0-6 | Páginas: 368 | Formato:  14 x 21 cm. | PVP: 21,00 € | Publicación: Marzo de 2011

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BLACKIE BOOKS

A veces la gracia consiste en no saber, en dejarse confundir por elaboraciones mentirosas que, a su manera, consignen lo real. Percival Everett, autor de una veintena de libros inexplicable y milagrosamente inéditos en español hasta ahora, ha escrito una novela narrada por Thelonious «Monk» Ellison; novela, que no autobiografía encubierta, por más que Ellison, al igual que Everett,  sea un académico con sentido del humor, aficionado a la pesca con mosca, novelista experimental y negro. Aunque no lo bastante negro. Prueba de ello es que la crítica, siempre tan perspicaz, no encuentra el vínculo entre la reescritura de Los Persas de Esquilo que Monk ha firmado y la auténtica experiencia afroamericana sobre la que se supone debería escribir.

Entretanto, la escritora Juanita Mae Jenkins se hace millonaria con una novelita (inspirada por los dos días que pasó con unos familiares pobres) tan realista como el estereotipo de la miseria y la negritud del que Monk huye con horror, pero que, tras recibir diecisiete cartas rechazando su último manuscrito, acaba satirizando.

Claro que la buena (mala) conciencia de la industria editorial a veces no entiende de ironías. No hablemos ya de los lectores, la televisión o la academia, porque en esta (anti)novela, que llamamos así por la dificultad de recrear la incertidumbre y el asombro, no queda títere con cabeza.

Cambie de país, sustituya a los negros por el colectivo de turno y verá que América no queda tan lejos. Sin embargo, las comparaciones son sobre todo inútiles, y X no trata de la raza, el género, la construcción de la identidad y la familia, a la que a veces uno no conoce hasta que la pierde, sino que da cuenta, convertida en su propia metáfora, de lo que un artista puede conseguir a pesar de la cultura en la que se inscribe. Contra ella. 

 

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Mi diario es un asunto privado, pero como ignoro el momento en el que me llegará la muerte y puesto que, por desgracia, no me siento inclinado a considerar seriamente mi autoextinción, me temo que estas páginas las verán otros. Y ya que, de todos modos, entonces estaré muerto, no debería importarme demasiado quién las vea o cuándo. Me llamo Thelonious Ellison. Soy escritor de narrativa, afirmación que me atormenta cuando pienso que alguien dará con mi relato y lo leerá, pues siempre me han disgustado profundamente los relatos con escritor de protagonista. Así que reclamaré para mí otro papel, uno que, si bien no sustituya al primero, sí lo complemente, y será el de hijo, hermano, pescador, aficionado al arte, carpintero. Y aunque no sea por otro motivo, me quedo con esta última ocupación, que tantos callos me ha provocado, por la vergüenza que le causaba a mi madre, quien, durante años, se refirió a mi furgoneta como «el familiar». Soy Thelonious Ellison. Llamadme Monk. 

XXX

Tengo la piel oscura, el pelo rizado y la nariz ancha; algunos de mis antepasados fueron esclavos, y en New Hampshire, Arizona y Georgia he sido arrestado por policías de piel lechosa, y por eso la sociedad en la que vivo me dice que soy negro; mi raza es ésa. Aunque soy bastante atlético, no juego bien al baloncesto. Escucho a Mahler, a Aretha Franklin, a Charlie Parker y a Ry Cooder en discos de vinilo y CD. Me licencié summa cum laude en Harvard y odié todos y cada uno de los minutos de mi carrera. Se me dan bien las matemáticas. No sé bailar. No crecí en una ciudad del interior ni en el sur rural. Mi familia tenía un bungalow cerca de Annapolis. Mi abuelo era médico. Mi padre era médico. Mi hermano y mi hermana eran médicos.

   Si en la universidad me afilié al Partido de los Panteras Negras, que entonces ya estaba en las últimas, fue, sobre todo, porque me sentía en la obligación de demostrar que era lo bastante negro. Algunas personas que viven en la sociedad en la que yo vivo y a las que se describe como negras me dicen que no soy lo bastante negro. Algunas personas a las que la sociedad califica de blancas me dicen lo mismo. Lo han dicho de mis novelas editores que las han rechazado y críticos a quienes, según parece, he dejado perplejos, y también lo oí en un par de ocasiones en una cancha de baloncesto cuando, al errar un tiro, mascullé: «¡Recórcholis!». De un crítico:

En la novela, hábilmente construida, encontramos personajes bien desarrollados, gran riqueza de lenguaje y un sutil juego argumental, pero a uno le resulta imposible comprender qué relación guarda esta reelaboración de Los persas de Esquilo con la experiencia afroamericana. 

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