Ficha técnica

Título: viajes y otros viajes | Autor: Antonio Tabucchi | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativas | Traducción: Carlos Gumpert | PVP con IVA: 17,90 euros | Nº páginas: 272 | ISBN: 978-84-339-7832-5

Viajes y otros viajes

 
 
Antonio Tabucchi ha viajado mucho y ha escrito acerca de sus viajes. Unos textos reunidos en este libro que sobre el mapa del mundo despliega el mundo contiguo de las vastas lecturas que han anticipado, provocado y acompañado siempre esos viajes. De esta forma, vemos a Tabucchi sentado en el zócalo de la estatua del abate Faria en Goa, en la India; delante del templo de Poseidón, en el Cabo Sunión, en Grecia; en el «cementerio marino» de Sète, en Languedoc. Y allí, con él, compartimos las reminiscencias de El conde de Montecristo, los versos de Sophia de Mello Breyner, el «mar que se repite» de Paul Valéry. Lo vemos de noche atisbando las grandes estatuas barrocas de Aleijadinho en Congonhas do Campo, en Brasil, o dejándose inspirar por Cortázar en las salas de Paleontología del Jardin des Plantes, en París. Y además se vuelve presencia afectuosa cuando nos acompaña por «su» Lisboa. No obstante, el mapa ideal de este libro se abre también a lugares que visitamos «por persona interpuesta»: las ciudades fantásticas de los escritores, las geografías imaginarias, las historias literarias.
 
 
 
 
NOTA DEL AUTOR
 
Nacidos en circunstancias de lo más variado, siempre a partir de viajes pero nunca de viajes realizados para convertirse en literatura de viajes después, estos textos vagaban como islas en un archipiélago fluctuante, esparcidos aquí y allá en lugares de lo más variopinto y bajo diversas banderas, casi sin conciencia de pertenencia ni de identidad, a su propia manera a la deriva. Reunirlos ha sido como hacer de todos ellos una embarcación única, una canoa, una barquichuela; calafatear las hendiduras de la quilla, y desde las corrientes a las que habían sido confiados encaminarlos en una dirección única: el viaje de un libro.
Espuria es, pues, la naturaleza de este navío, por más que compacta, de la misma manera que muchas personas forman una multitud. Y resulta curioso observar el puente de la embarcación: a veces hay un navegante solitario en el que creo reconocerme, otras veces estoy en compañía de Maria José, y en otras ocasiones no me cuento entre los viajeros y me limito a acompañarlos con los prismáticos desde la costa. 
 Y es que, a fin de cuentas, he viajado mucho, lo admito; he visitado y he vivido muchos doquieres. Y lo siento como un enorme privilegio, porque posar los pies en el mismo suelo durante toda la vida puede provocar un peligroso equívoco, el de hacernos creer que esa tierra nos pertenece, como si no la tuviéramos en préstamo, al igual que todo en la vida lo tenemos en préstamo. Konstantinos Kavafis lo dijo en un extraordinario poema titulado «Ítaca»: el viaje halla su sentido sólo en sí mismo, en el hecho de ser viaje. Y ello supone una gran enseñanza si sabemos captar su verdadero significado: es como nuestra existencia, cuyo sentido principal es el de ser vivida.

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