Ficha técnica

Título: Viajes a las regiones interiores de África | Autor: Mungo Park | Traducción de:  Susana Carral Martínez | Editorial: Ediciones del viento | Colección:  Viento Simún nº 34 | Páginas: 352  | 16 x 24 | Género: Ensayo | Precio: 20 € | ISBN: 978-84-96964-19-8

Viajes a las regiones interiores de África

EDICIONES DEL VIENTO

A finales del siglo XVIII, un joven cirujano escocés, Mungo Park, ofrece sus servicios a la African Association para trazas y estudiar el curso del río Níger. Lo Asociación lo acepta y así da comienzo una de las mayores aventuras que han tenido lugar en el interior de África. Park soporta unas condiciones extremadamente duras pero, gracias a su fortaleza física y a su fe en el buen fin de la expedición, consigue salvar la vida y regresar a Inglaterra, cuando ya todo el mundo lo daba por muerto. Lo que no logra es recorrer el Níger hasta el final y, por eso, casi diez años más tarde, decide regresar a intentarlo.

Estos diarios, en los que describe con sencillez, y a veces con emoción, unos territorios hasta entonces inexplorados, se han convertido en uno de los clásicos fundamentales de la literatura de viajes. 

                                                                          I

                                             Pasión por viajar. Instrucciones y partida. Jillifree, en
                                             el río gambia. El reino de barra. Vintain. Los felup.
                                             Remontando el gambia. Jonkakonda. Llegada a la
                                             residencia del dr. laidley. Pisania y el puesto
                                             comercial británico. Ocupación en pisania. Fiebres

  Al poco de regresar de las Indias Orientales en 1793, supe que la Asociación que tiene como objeto realizar descubrimientos en el interior de África deseaba contratar a una persona para que explorase dicho continente por la zona del río Gambia. Por lo tanto, aproveché la ocasión, a través del presidente de la Real Sociedad Geográfica, a quién tenía el honor de conocer, de ofrecerme para tal servicio. Me habían comunicado que un tal capitán Houghton, anteriormente comandante del fuerte de Gorée, ya había zarpado en dirección al Gambia bajo los auspicios de la Asociación, y que existían motivos para temer que hubiese caído sacrificado al clima, o perecido en algún enfrentamiento con los nativos: pero esa información, en lugar de disuadirme de mi propósito, me animó a perseverar en ofrecer mis servicios con el mayor interés.

  Yo deseaba fervientemente investigar las producciones de un país tan poco conocido y familiarizarme, por medio de la experiencia, con los modos de vida y el carácter de los nativos. Sabía que era capaz de superar la fatiga; y confiaba en que mi juventud y mi fuerte constitución me protegiesen de los efectos del clima. El salario que el comité me asignó era suficientemente elevado y no redacté cláusula alguna relativa a una futura recompensa. En el caso de que falleciese durante mi periplo, consentía en que mis esperanzas y expectativas muriesen conmigo; y si lograba que mis compatriotas se familiarizasen con la geografía de África y conseguía abrir a su ambición y laboriosidad nuevas fuentes de riqueza y nuevos canales comerciales, sabía que estaba en manos de hombres de honor, que no dudarían en otorgarme la remuneración que, según ellos, pudieran merecer mis venturosos servicios. El comité de la Asociación, después de hacer las indagaciones que consideró necesarias, se declaró satisfecho con mis aptitudes; y con esa generosidad que distinguió su conducta en todo momento, me proporcionó tanto apoyo como en sus manos estaba concederme, o que yo pudiese solicitar según las reglas del decoro.

  Al principio la propuesta consistió en que yo acompañase al Sr. D. James Willis, que hacía poco había sido nombrado cónsul en Senegambia, y cuyo apoyo desde ese puesto podría haber sido de utilidad para mí, además de servirme como protección; pero el Gobierno rescindió su nombramiento, y yo perdí esa ventaja. Sin embargo, la amabilidad del comité me suministró todo cuanto me era necesario. El secretario de la Asociación, el difunto Sr. D. Henry Beaufoy, tuvo a bien recomendarme ante el Dr. John Laidley (caballero que había residido muchos años en un puesto comercial inglés situado en las márgenes del Gambia), y proporcionarme una carta de crédito contra él por valor de 200 libras. Entonces empecé a impacientarme por partir, y tomé pasaje en el bergantín Endeavour, un pequeño navío en misión comercial al Gambia en busca de cera de abejas y marfil, mandado por el capitán Richard Wyatt.

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