Ficha técnica

Título: Viajero | Autor: Ron McLarty | Editorial: Alfaguara | Colección: Literaturas | Páginas: 304 |  Fecha de publicación: 18/6/2008 | Género: Novela | Precio: 19.50 € | ISBN: 978-84-204-7342-0 |  EAN: 9788420473420

Viajero

EDITORIAL ALFAGUARA

«Esta novela cuenta con una narración poderosa, una trama sólida, cierta dosis de suspense y una espléndida recreación de tiempos y lugares.» The Boston Globe

Cuando un amigo de la infancia le escribe para comunicarle la muerte de Marie, su primer amor, Jono Riley regresa a East Providence para desentrañar aquel misterioso caso que quedó sin resolver. Hace casi cuarenta años que Marie recibió un disparo. Los médicos prefirieron no extraer la bala. ¿Quién disparó? ¿Por qué lo hizo?

La prosa directa y la fuerza de los diálogos que caracterizan la pluma de Ron McLarty nos permitirán acompañar a Jono en la investigación, a caballo entre la actualidad y los recuerdos del pasado, y junto a él iremos encajando poco a poco las piezas de un rompecabezas que oculta una verdad inesperada. 

1.

     En 1961 me enamoré locamente de Marie D’Agostino. Era alta y bonita, y olía como si acabara de secarse con una toalla tras salir de un baño de agua de rosas. Tenía la piel de un tono aceituna claro y, si bien los miembros de su familia se comportaban como campesinos sicilianos, Marie siempre se mostraba grácil y elegante. Recuerdo perfectamente sus dedos largos, y cómo los enredaba en su asombroso cabello negro. El cuello, al igual que los brazos y las piernas, era largo, y saltaba a la vista el esfuerzo que hacía por mantener la cabeza alta. Cuando se ponía nerviosa por algo, y sucedía a menudo, la zarandeaba como loca de un lado a otro. Incluso ese detalle se me antojaba adorable, porque daba un respiro a algo que por lo demás podía considerarse perfecto. Pero lo que me atrapó, o embrujó, lo que me anegó, fue su voz profunda, redonda. Parecía alzar el vuelo desde su boquita y explotarte en plena cara. Y más que con cualquier otra faceta de este prodigioso ser humano, fue con ese sonido fiable y sereno con el que acabé comparando a todas las mujeres.

     En 1961, Marie estaba a punto de cumplir doce años, y fuera lo que fuese que le sucedió entonces, lo cierto es que le ocurrió a toda velocidad, porque me di cuenta de que había cambiado de la noche a la mañana, y, como ya he dicho, me enamoré como un burro. Yo era un gordo de once años de la parte irlandesa de East Providence, de Cardinal Avenue para más señas, que está detrás de la fundición y a dos manzanas de la iglesia católica de Saint Martha.

     Por aquel entonces salía con Cubby, hermano de Marie, su primo Billy Fontanelli y Bobby Fontes, que era de ascendencia portuguesa, pero eso no nos importaba. Íbamos juntos a todas partes, y juntos también nos metíamos en líos. Estaba muy bien, y las reglas eran muy sencillas. Cubby era el líder porque parecía mayor que el resto, aunque no lo fuera, y quizá también porque a los once años ya llevaba pantalones largos y un corte de pelo a lo marine, rapado a los lados y con la parte superior un poco más larga. Además, tenía acceso a los cigarrillos Marlboro, que eran nuestros preferidos.

     Recuerdo que fue al empezar el otoño. Yo acababa de someterme al tradicional corte de pelo a cepillo de vuelta al colegio, que por algún motivo me hacía sentir más delgado, aunque a juzgar por varias fotografías de aquella época parezco un saco de harina con orejas. Estábamos viendo la serie Bilko con Gran Tony, el viejo de Cubby, cuando de pronto sucedió. Tuve la impresión de que olía a rosas. De hecho, la olí antes de que entrase en la habitación.

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