Ficha técnica

Título: Viaje de Novios | Autor: Patrick Modiano | Traducción: María Teresa Gallego Urrutia | Editorial: Anagrama |Colección: Panorama de narrativas Páginas 152 | ISBN 978-84-339-7939-1 | Precio: 14,90 euros 

Viaje de Novios

ANAGRAMA

Milán en pleno agosto. La ciudad está casi desierta, todas las tiendas están cerradas y el calor es insoportable. El narrador, Jean B., director de documentales, se refugia en su hotel y escucha al barman contándole a otro cliente que hace unos días se suicidó allí una mujer francesa. Más tarde le pregunta al barman por esa mujer y éste le cuenta algunas cosas: que venía de París, que iba a reunirse con unos amigos en Capri, que era muy guapa… Ya en la estación, antes de partir, el narrador compra el Corriere della Sera y lee un suelto sobre ese suicidio. La información allí contenida, pese a las imprecisiones, le permite deducir que él conocía a la fallecida: Ingrid Teyrsen.

Empeñado en huir de su propia vida en París, Jean B. decide seguir el rastro de ese fantasma, reconstruir su historia. Y su búsqueda le llevará al París de la Ocupación, donde ella, joven bailarina que vivía con su padre -un médico judío austriaco refugiado-, trataba de pasar desapercibida. Y también a la Costa Azul, adonde Ingrid huyó con Paul Rigaud, otro personaje en fuga, obligado a deshacerse de su pasado, del que apenas podrá conservar algún recuerdo. Allí la pareja se refugia en un hotel que todavía guarda vestigios del esplendor de antes de la guerra y él se siente espiado mientras pasea por la playa…

Una vez más, rebuscando en las brumas de la memoria, reconstruyendo mediante retazos las vidas de unos personajes escurridizos, Patrick Modiano nos sumerge en una indagación detectivesca que resuelve algunos misterios y plantea muchas preguntas. Y, gracias a la capacidad evocadora de este escritor deslumbrante galardonado con el Premio Nobel, el pasado evanescente cobra vida y desvela sus enigmas.

«Es difícil dejar este libro después de leer las primeras líneas: se produce un sortilegio bajo cuyo efecto uno se deja conducir sin oponer resistencia hasta el final de la historia» (Jean Vuilleumier, Tribune de Genève).

«Aborda la relación del individuo con su memoria y con el tiempo. ¡Qué es un ser humano en un determinado instante sino una misteriosa amalgama de pasado y presente! Escenas, imágenes, emociones y recuerdos se entremezclan. Y en esta mixtura temporal, conmovedora, Modiano encuentra la razón de ser de su escritura» (René Zahnd).

«Viaje de novios. Huida. De uno mismo. De los otros. Del espacio. Del tiempo. Del mundo. Vértigo. Duda. Inquietud. Peso de los recuerdos. Modiano o la sublime ausencia, Modiano o la sublime nada» (Véronique Vankeerberghen, Temps-Livres).

«Patrick Modiano nos hace tocar la eternidad» (Claude Fleury, Le Républicain Lorrain).

 

[Comienzo de libro]

Los días veraniegos regresarán, pero el calor no volverá a ser nunca tan bochornoso ni las calles volverán a estar tan vacías como en Milán el martes aquel. El día anterior había sido 15 de agosto. Había dejado la maleta en la consigna y, al salir de la estación, titubeé un instante: era imposible andar por la ciudad con aquel sol de plomo. Las cinco de la tarde. Cuatro horas de espera para el tren de París. Había que encontrar un refugio y mis pasos me llevaron, a unos cientos de metros y pasada una avenida que bordeaba la estación, hasta un hotel cuya fachada imponente había localizado.

Los pasillos de mármol blanco protegían del sol y, en el frescor y la semipenumbra del bar, estaba uno en el fondo de un pozo. En la actualidad, aquel bar me hace pensar en un pozo y aquel hotel en un gigantesco blocao, pero entonces me contentaba con beber con una pajita una mezcla de granadina y zumo de naranja. Escuchaba al barman cuyo rostro se me ha borrado de la memoria. Le estaba hablando a otro cliente y sería completamente incapaz de describir el aspecto y la ropa de aquel hombre. Sólo persiste una cosa en mi pensamiento: su forma de acompañar la conversación con unos «Mah» que retumbaban como un ladrido fúnebre.

Una mujer se había suicidado en una de las habitaciones del hotel dos días antes, la víspera del 15 de agosto. El barman explicaba que habían llamado a una ambulancia, pero que no había servido de nada. Había visto a aquella mujer en el transcurso de la tarde. Había ido al bar. Estaba sola. Tras el suicidio, la policía lo había interrogado, a él, al barman. No había podido darles muchos detalles que digamos. Una mujer morena. El director del hotel se sintió aliviado hasta cierto punto porque el asunto había pasado casi inadvertido, pues había pocos clientes en esa época del año. Aquella mañana había salido un suelto en el Corriere. Una francesa. ¿A qué había ido a Milán en el mes de agosto? Se volvieron hacia mí como si esperasen que yo les diera una respuesta. Luego, el barman me dijo en francés:

-Aquí no hay que venir en el mes de agosto. En Milán todo está cerrado en el mes de agosto.

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