Ficha técnica

Título: Vacaciones permanentes | Autora: Liliana Colanzi |  Prólogo: Fernando Iwasaki | Editorial: Tropo  | Género: Novela | ISBN: 978-84-96911-58-1 | Páginas: 120 | Formato:  22 x 14 cm. | PVP: 15,00 € | Publicación: 2013

Vacaciones permanentes

TROPO EDITORES

Con una forma de narrar sencilla, hipnótica y vertiginosa, Liliana Colanzi nos habla en su debut literario de las fronteras del mundo adulto y del fin de una época, de la incomunicación y de la búsqueda de la salvación personal para terminar cometiendo los mismos errores de los padres y la familia. Vacaciones permanentes es un libro que navega en la frontera difusa entre el relato y la novela, con personajes inquietos y desorientados que convierten la obra en una propuesta contemporánea y original.

«Leyendo a Liliana Colanzi uno descubre que cuando Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso -ese palimpsesto de los pisos de soltero-, en realidad Dios los condenó a tener una familia. Una maravilla.» FERNANDO IWASAKI

«Cada vez es más complicado develar el enigma de qué es un buen cuento y cómo debe ser. Una de las posibles y más sabias y acertadas respuestas a semejante misterio son los cuentos de Liliana Colanzi. Cuentos desbordados de luces y de sombras y, sobre todo, de perturbadores claroscuros. Cuentos escritos con una rara astucia y envidiable madurez que son, también, como visitas a un planeta lejano y nuevo pero a la vez conocido y próximo». Rodrigo Fresán 

 

1997

     Ese año sucedieron muchas cosas. McDonald’s abrió el primer restaurante en el país y la gente acampó en la puerta del local desde las dos de la mañana. Una mujer y su hijo de ocho años se convirtieron en los primeros clientes en probar una cheeseburger. Era imposible pasar por la rotonda de El Cristo sin quedar atrapado en un tráfico espantoso: todo el mundo hacía fila para ser atendido en el autoservicio. Andrés y yo llegamos tarde al colegio tres días seguidos pese a las maniobras de Segundo, el chofer, para evitar la congestión.

     ¿Es buena esa comida, señora?, le preguntó el chofer a mamá a la hora del almuerzo, cuando tuvo que explicarle la razón de los retrasos. A mamá no le importaba mientras no la llamaran los curas de La Salle.

     Es una porquería, dijo, pero si ellos han venido significa que por fin llegó la civilización.

     Así que teníamos McDonald’s y embotellamientos como cualquier otro país del primer mundo. El milenio se aproximaba y las señales de lo que vendría después ya
estaban en el aire. El pueblo votó en las presidenciales por el General anciano, y en medio de la fiesta fueron pocos los que se acordaron de los toques de queda, del terror y de los muertos. Un compañero del colegio, del que estaba enamorada en secreto desde niña, hizo del General en una película que la profesora nos obligó a ver y discutir en clase; el General, de adolescente, había sido disciplinado, valiente y respetuoso con sus padres, y había servido a su patria. Los chicos de mi curso iban a la premilitar y empezaban a enseñar musculatura, y era lindo pasarles la mano por las cabezas rapadas.

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