Ficha técnica

Título: Una virgen imprudente | Autora: Ida Simons | Traducción: Goedele De Sterck | Editorial: Alfaguara | Colección: Literaturas | Formato: tapa blanda con solapa | Páginas: 208 | Medidas: 153 X 239 mm | ISBN: 9788420419435 | Fecha: sept/2016 | Precio: 17.90 euros | Ebook: 8,99 euros

Una virgen imprudente

ALFAGUARA

Una virgen imprudente es el retrato íntimo, delicado y lleno de frescura e ironía de Gittel, una niña judía de doce años que descubre la vida en los albores de la Segunda Guerra Mundial.

En los años veinte, en los salones y las calles de Amberes nadie puede prever la catástrofe. La comunidad judía es un pequeño universo en el que Gittel, amante del piano y la música, se mueve con curiosidad y determinación.

A su alrededor gira un exuberante cosmos: una madre colérica que huye de su marido en cuanto tienen un problema; un padre que se sabe un fracasado; unas abuelas enfrentadas que deciden firmar temporalmente un armisticio; un banquero adinerado que le abre las puertas de su casa y las de un mundo nuevo; una baronesa extravagante que se adorna con plumas de avestruz, y, sobre todo, su amiga Lucie, gracias a la que descubrirá lo que es la traición.

En ese mundo de impostores, Gittel no puede dejar de preguntarse en quién puede confiar.

Críticas:

«Una de las escritoras más fascinantes de mediados del siglo XX. Alfaguara recupera ahora su primera novela, y gran obra maestra, Una virgen imprudente, una historia con el abanico de personajes más humano y a la vez pintoresco que imaginarse pueda. El conjunto es como esos soles tozudos que ni los días de lluvia pueden ocultar.» La Razón

«Encontrado: el Stoner holandés. Un debut entre Franz Kafka y John Cheever. Un libro que no se puede dejar de leer.» De Standaard

«La novela describe ese micromundo con delicadeza y profundidad. Hermosa y demoledora.» Pompas de Papel

«Reorganicé el plan de las reseñas. Pensé que este libro tenía que estar en nuestro periódico lo antes posible, de la manera más grandiosa y entusiasta. Es algo que todo el mundo debería leer.» NRC Handelsblad

«La Jane Austen de Amberes de los años veinte. Una virgen imprudente sigue siendo encantadora después de medio siglo. El lenguaje es fresco, sobrio y lleno de humor.» Trouw

«Una novela extraordinaria escrita con una prosa musical. Es incomprensible que este libro no haya sido leído en tantos años.» NRC Handelsblad

«El equivalente holandés de Stoner. Esta novela es intemporal. Esta novela me recuerda a los clásicos de la literatura inglesa del siglo XVIII.» De Morgen

«Gittel nos recuerda a Ana Frank.» Nederlands Dagblad

«Este libro tiene una historia especial en más de un sentido. Una novela extraordinaria que ha sido aclamada por todos con razón.» Tros Nieuwsshow

 

1.

Desde pequeña acostumbraba a escuchar a mi padre decir casi a diario que sus prójimos habrían salido ganando si se hubiera hecho agente de pompas fúnebres, convencido como estaba de que, llegado ese caso, los habitantes de nuestro planeta hubiesen sido todos inmortales.

Era un shlemiel[1] y lo sabía; le gustaba burlarse de su condición de desgraciado contando chistes amargos. Entre semana, la sangre no solía llegar al río, pero cuando había días de asueto de por medio una simple referencia al asunto de las pompas fúnebres bastaba para desatar una encendida disputa. Los domingos y festivos mis padres se peleaban como el perro y el gato.

Aunque el resto del tiempo no se llevaban mal, los conflictos se acumulaban, puesto que a los judíos nos toca doble ración de fiestas. Por eso me sentía llamada a averiguar lo antes posible en qué fechas caerían las nuestras. En cuanto aprendí a leer, las buscaba incluso antes de que finalizara el mes de diciembre, nada más salir el nuevo calendario.

Muy a mi pesar, nuestras fiestas solían celebrarse justo antes o después de las del resto de la humanidad y pesaban sobre mi corazón como piedras: con mi padre cuatro días seguidos en casa era inevitable que salieran a relucir el tío Salomon y el capitán Frans Banning Cocq.

Con independencia de las causas y el desenlace de las desavenencias domésticas, siempre llegaba el momento en que mis padres se ponían de acuerdo en maldecir profundamente al tío Salomon y al afamado capitán.

Cuando los ánimos se caldeaban más de la cuenta, mi madre se iba con los abuelos y me llevaba consigo. Antes de conocer a los Mardell, afincados en mi ciudad natal, aquellos traslados no me atraían demasiado; después, la disputa semanal entre mi padre y mi madre se convirtió en un apasionante juego de azar. Si escalaba, sin visos de una pronta reconciliación, había premio: Amberes. Así y todo, era una lotería en la que escaseaban los billetes ganadores. La mayoría de las veces aquellos altercados no traían cola y solo me quedaba la esperanza de que al siguiente día festivo la suerte me acompañara.

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