Ficha técnica

Título: Una temporada en el purgatorio | Autor: Dominick Dunne  | Traducido: Eva Millet | Editorial: Libros del Asteroide | Páginas: 480 | Dimensiones: 14 x 21,5 cm. | ISBN: 9788416213894 | Fecha: noviembre 2016 | Precio: 24,95 euros | ebook: 12,99 euros

Una temporada en el purgatorio

LIBROS DEL ASTEROIDE

Los Bradley, una rica y poderosa familia norteamericana de origen irlandés, saben cómo silenciar cualquier escándalo que pueda salpicar su reputación. Su implacable patriarca, Gerald Bradley, está empeñado en que su hijo predilecto, Constant, llegue un día a ser presidente de los Estados Unidos.

Una noche de verano, después de un baile en el club de campo, una joven es asesinada y Constant se convierte en el principal sospechoso del crimen. Veintidós años más tarde, el famoso escritor Harrison Burns, antiguo compañero de colegio de Constant y viejo amigo de la familia, está decidido a confesar lo que sabe. ¿Saldrá la verdad finalmente a la luz?

Una temporada en el purgatorio es una novela trepidante sobre la capacidad de influencia de las clases privilegiadas, cuyo control sobre los distintos resortes del poder les permite moldear la verdad a su antojo. Su publicación en 1993 consagró a Dominick Dunne como el gran cronista de los secretos más oscuros de la alta sociedad norteamericana.

«Esta es una de las mejores novelas que he leído este año. Un magnífico ejercicio narrativo sin artificios retóricos ni florituras estilísticas, con el que Dominick Dunne muestra con una elocuencia lacerante la podredumbre de la alta sociedad norteamericana, y el extenso alcance que proporciona el influjo del dinero.» Antonio J. Ubero (La Opinión de Murcia

 

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El jurado está en su tercer día de deliberación. A primera hora de la mañana, el presidente ha solicitado a la jueza Edda Consalvi que se les relea el testimonio de Bridey Gafferty, la cocinera de los Bradley. Por la tarde, ha pedido ver el arma -medio bate de béisbol- y las fotos de la autopsia del cuerpo apaleado de Winifred Utley, las mismas fotos que tanta desazón causaron a la madre de Winifred, Luanne Utley, cuando fueron exhibidas como prueba por el fiscal durante el juicio. Estas dos peticiones del jurado han provocado muchos comentarios entre los periodistas acreditados y, como sucede siempre, una considerable diversidad de opiniones en cuanto a la manera de interpretarlas. El aire está cargado de tensión. La jueza Consalvi ha demostrado ser un sargento. Ayer ordenó al alguacil que expulsara al reportero de Newsweek después de que este dejara escapar una risita cuando el taquígrafo releyó la declaración de Billy Wadsworth, en la que explicaba que el acusado, Constant Bradley, después de quitarle a su pareja durante el baile del club de campo, le dijo a Winifred Utley: «¿Te importa bailar con un hombre que tiene una erección?».

     Ellos, los Bradley, disponen de una sala aparte en la que se sientan todos juntos durante los recesos y pausas, lejos de las miradas de la prensa y de los curiosos, aunque de tanto en tanto uno de ellos emerge para utilizar el teléfono o ir al baño. Hoy me he cruzado a Kitt en el pasillo del juzgado. Hemos pasado tan cerca que la falda de su vestido de seda azul y blanco ha rozado mi pantalón, pero ella ha pasado de largo, la mirada fija al frente, sin decir nada. No es que me haya ignorado. Simplemente, ha decidido no verme. Me he convertido en alguien inexistente para ella. A estas alturas ya estoy acostumbrado, tanto por lo que respecta a Kitt, que una vez significó tanto para mí, como al resto de la familia Bradley. Ni siquiera voy a mencionar lo sucedido ayer en el servicio de caballeros, cuando me encontré a Constant en el urinario de al lado. Va, qué demonios, lo cuento, ¿qué más da? Constant estaba de pie, a mi lado, cuando de repente, sin mediar palabra, se giró hacia mí y me roció con un contundente chorro de orina, empapándome la americana y los pantalones.

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