Ficha técnica

Titulo: Una oración por Kateřina Horovitzová | Autor: Arnošt Lustig | Traducción: Patricia Gonzalo de Jesús | ISBN: 978-84-15130-31-4 | Encuadernación: Rústica |
Formato: 13 x 20 cm | Páginas: 168 | PVP: 16,95 euros

Una oración por Kateřina Horovitzová

IMPEDIMENTA

 

Tenemos ante nosotros una novela extraordinaria, de escalofriante desenlace, la obra maestra de Arnošt Lustig, que nos plantea la cuestión de dónde trazar los límites de la inocencia y la justicia.

Inspirada en una historia real, Una oración por Kateřina Horovitzová describe el trágico destino de un grupo de acaudalados hombres de negocios judeoamericanos, de paso en un campo de concentración polaco dirigido por un retorcido oficial de las SS. Los prisioneros reciben la promesa de que podrán ser liberados gracias a un intercambio por prisioneros alemanes, pero su repatriación solo se producirá si son ellos mismos quienes corren con los gastos del periplo. A pesar de saber que están siendo utilizados, deciden confiar en el persuasivo responsable del campo. Es entonces cuando el portavoz del grupo, Herman Cohen, se compadece de la joven y bella judía polaca Kateřina Horovitzová, a punto de ser gaseada junto con toda su familia, y compra su vida para sacarla del campo.

 

 

 I

 

El señor Herman Cohen (pertrechado con un pasaporte americano al igual que los otros diecinueve hombres de la sinagoga) hizo llamar a un sastre por medio del señor Brenske. Cuando este se presentó, le hizo el siguiente encargo:
-Me hará un traje a medida para el viaje, ya que como puede ver, el que llevo puesto está prácticamente destrozado. Póngale oficio y estilo, le gratificaré generosamente.
Pronunció aquellas palabras como si se encontrara en San Francisco. En modo alguno se dejó intimidar por la presencia del soldado que había traído al sastre desde el campo de concentración cercano, ni por los guardas apostados en las esquinas
del templo.
Hacía más de hora y media que soldados idénticos, con uniformes verdosos como ranas, del color del fango y los nenúfares, rodeaban la sinagoga y se movían por dentro y por fuera de las casas habitables adyacentes. Pero a Kateřina Horovitzová, que había contradicho por primera vez en voz alta los argumentos de su padre en el andén, con las palabras «Pero yo no quiero morir…» (razón por la que el señor Cohen la reclamó al señor Brenske cuando ella se encontraba ya a pie de vía), aquello le llenó los ojos de admiración. Tuvo en ella el efecto de un vino cabezón que te sume de golpe en un dulce, intenso e increíble vértigo (una idea extraña, puesto
que ella jamás había catado el vino). Aún no sabía que el hecho de solicitar su persona, para el señor Herman Cohen, era un modo de poner a prueba la honradez de las intenciones del señor Bedřich Brenske, y lo mismo acababa de hacer con el sastre: la mera formulación de la frase «me hará un traje a medida para el viaje…», mostraba su confianza en que no habría de ser de otra manera. Según el señor Brenske, aquel hombre había sido el mejor sastre de Varsovia no mucho tiempo atrás.

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