Ficha técnica

Título: Una historia de la justicia |Autor: Paolo Prodi  | Editorial: katz |  Traducción de: Luciano Padilla López | Colección: Serie conocimiento |

 Páginas:  457 | Precio: 35 € | Fecha de aparición:  Octubre de 2008 | Formato: 15 x 23 cm. rústica | ISBN: 9788496859319

Una historia de la justicia

KATZ EDITORES

En este libro Paolo Prodi lleva a cabo un ambicioso y amplio estudio de uno de los pilares de la civilización occidental: la distinción entre normas jurídicas y normas morales, es decir, entre delito y pecado. El autor muestra cómo dicha distinción ha hecho posible la idea -característica de nuestra civilización- de una justicia basada en las libertades y en las garantías.

Aun si se trata de un gran análisis histórico, el volumen también explora el presente. De hecho, la obra está motivada por la crisis que hoy afecta este equilibrio milenario debido al asalto de los fundamentalismos, a un exceso del derecho positivo que ha sustituido la ética en la regulación de la vida individual, y a problemas como la bioética o el medio ambiente, que exceden las codificaciones.

Apoyado en una abundante y variada bibliografía, Prodi se remonta a la tradición judeocristiana y sostiene que ha sido el dualismo de «fueros» -el dualismo entre el poder espiritual y el poder temporal, entre la ley de Dios y la ley del hombre- el que permitió construir las identidades colectivas de patria y nación, y conciliarlas con los derechos del hombre. Y muestra cómo la actual crisis del derecho es sobre todo la crisis del pacto político que a lo largo de los siglos posibilitó el desarrollo del Estado de derecho, liberal y democrático, propio de Occidente.

Un libro de inmensas enseñanzas y profunda visión. The American Historical Review, vol. 106, nº 3

Prólogo

Para no ser tomados de inmediato por locos, resulta indispensable explicitar delmodomás inequívoco posible, frente a una temática tan enorme y vasta, el objeto específico de investigación y de reflexión, las hipótesis iniciales, el método que se pretende seguir y la meta deseada. Según creo, el título puede aportar, en términos acaso algo brutales pero claros, el sentido del rumbo que tomaremos al hacer referencia a la obra más célebre y discutida de la última mitad del siglo en la reflexión acerca del derecho, A theory of justice, de John Rawls. No se cuenta entre mis capacidades ni entre mis intenciones presentar una teoría de la justicia sino sólo intentar una reflexión histórica acerca del modo en que se vivenció y se pensó la justicia dentro de nuestromundo occidental, a partir de una «tradición» que forma parte de nuestro patrimonio cultural y que acaso ahora esté llegando a su ocaso, pese a toda brillante invención teórica. Por ende, el mío es en sentido estricto un abordaje histórico que no quiere aportar clave interpretativa alguna sino únicamente plantear problemas.De hecho, el historiador no proporciona soluciones, pero puede ayudar a comprender cómo sucedieron las cosas en el pasado y cómo éstas condicionan, a menudo de modo inconsciente, nuestro presente: entonces, también puede ayudar a evitar diagnósticos errados o ilusorios, con los consiguientes errores en la prescripción de terapias. Si no pretendo ser capaz de articular una teoría de la justicia, tampoco soy tan presuntuoso como para arrogarme la elaboración de una historia de la justicia a lo largo de algunos cientos de páginas: sólo puedo ambicionar presentar algunos elementos o jirones de esa tradición que parecenmás bien soslayados en el pensamiento actual.

   El punto de partida fue la reflexión -a la que volveremos después, en las últimas páginas- respecto de la actual crisis del derecho: en elmomento en que el derecho positivo tiende a normar toda la vida social permeando todos los aspectos de la vida humana, que hasta nuestros años se basaban sobre distintos niveles de normas, osifica a la sociedad misma y se autodestruye, porque le quita a ésta el talante que le es indispensable para subsistir. Según intuye Jacques Ellul, estamos asistiendo al suicidio del derecho en las jornadas de su mayor triunfo. Por lo tanto, también constituyen el punto de partida las últimas páginas del volumen anterior, Il sacramento  del potere. Me impulsó a esa indagación el convencimiento de que las raíces de la crisis actual deben buscarse no tanto en el no funcionamiento de las reglas, específicamente de las normas constitucionales, sino más bien en la decadencia del fundamento mismo del pacto político que a lo largo de los siglos posibilitó el crecimiento del Estado de derecho, liberal y democrático, que constituye la experiencia única de Occidente dentro del marco de la historia de las civilizaciones: un equilibrio dinámico entre el nexo sacral del juramento y la secularización del pacto político, fruto del dualismo entre poder espiritual y poder temporal madurado en el contexto del cristianismo occidental. Ese equilibrio es lo que permitió construir las modernas identidades colectivas de patria y nación, conciliándolas con el desarrollo de los derechos del hombre. Sería muy simple si pudiéramos concebir el Estado de derecho como una conquista definitiva que defender sólo contra ataques externos, como pudieron parecer en nuestro siglo -en una historiografía impostada- los regímenes totalitarios. En realidad, el mal siempre está dentro de nosotros, y aun en los regímenes democráticos más avanzados la amenaza proviene en cierto modo desde el interior, de la tendencia a sacralizar la política; simultáneamente, se pierde de vista aquel dualismo entre esfera del poder y esfera de lo sagrado (pensemos en los actualesmovimientos fundamentalistas de todo tipo) que constituyen la base de nuestra vida colectiva. Entonces, al llegar a la conclusión, escribía que la democracia y el Estado de derecho de que nos ufanamos no son la conquista estable y definitiva de los últimos dos siglos sino el punto de llegada, siempre provisorio e incierto, de una senda tanto más larga: debemos saber transmitir a los nuevos pueblos (también debemos exigirlo de ellos) no sólo el respeto por las técnicas y losmecanismos del sistema democrático, sino, en primer lugar, el espíritu de dualismo, el humus que engendró dichos mecanismos y técnicas.

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