Ficha técnica

Título: Una especie en peligro de extinción | Autor: Lawrence Grobel | Traductor:  Ramón González Férriz | Prefacio de:Robert Towne |  Editorial: Belacqva | Precio: 26 € |  Páginas: 448 | Formato: Rústica 15 x 22,5 cm. |  Fecha de publicación:  Octubre 2008 | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-92460-06-9 

 

Doce escritores hablan sobre su oficio, sus ideas y su vida.

 

Entrevistas con: Saul Bellow, Ray Bradbury, J. P. Donleavy, James Ellroy, Allen Ginsberg, Andrew Greeley, Alex Haley, Joseph Heller, Elmore Leonard, Norman Mailer, Joyce Carol Oates Neil Simon.

Una especie en peligro de extinción

BELACQVA

En una ocasión Norman Mailer le dijo a Lawrence Grobel que los escritores podían ser una especie en peligro de extinción. Éste, como ladrón eficaz y talentoso, ha robado un pedazo del alma de cada uno de estos doce extraordinarios escritores y lo ha puesto sobre el papel, preservando momentos en sus vidas que de otro modo se perderían para toda memoria pasajera: anécdotas, comentarios irreflexivos e ideas que muy probablemente no encontraríamos en sus obras ni en su boca de no ser por la ayuda de las provocaciones -aparentemente naturales- de Grobel.

Se producen conversaciones memorables sobre el proceso de la escritura y los escritores. Así por ejemplo, el comentario de Bellow sobre el talento de Capote en relación con su propio genio, que «no está ni cerca de la cola de la cometa», es una imagen malvada e inspirada en una entrevista que es verdaderamente sagrada y profana, o las observaciones de Greeley acerca de la capacidad del escritor de identificarse con Dios porque ambos pueden crear personajes que no son capaces de controlar.

De un modo u otro, estas entrevistas están llenas de sabiduría y sus protagonistas nos resultan tan vívidos porque Grobel intuye que en la vida no hay respuestas, sólo preguntas. Buenas preguntas.

PRÓLOGO

Una novia mía tenía, entre otras, una persistente queja contra un viejo novio. Cuando hablaban por teléfono y ella le decía que le quería, él, quizá debido a que estaba con otra gente, no respondía como sería de esperar. Con todo, se sentía obligado a decir algo, y lo que decía era: «Lo mismo digo».

     Este recuerdo me viene a la memoria porque resulta irresistible la tentación, al leer las entrevistas de Larry con estos escritores, de tomar la introducción de Joyce Carol Oates a su libro anterior, Above the Line, que se inicia así «Si hay un Mozart de los entrevistadores, ése es Larry Grobel», escribir «Lo mismo digo» y acabar con la tarea.

     Como entrevistador, Larry es todas las cosas que Joyce Carol Oates ha dicho que es: preparado, con capacidad de adaptación y dotado con la inteligencia necesaria para charlar y charlar y conseguir respuestas intrigantes de personas con unos dotes poco frecuentes y suspicaces como pocas. Después de todo, el miedo aborigen a que el fotógrafo le robara el alma y el recelo del escritor a que el entrevistador tenga en mente hacer exactamente lo mismo no es fácil de superar. En esta nueva colección, Larry lo ha superado de nuevo. Como ladrón eficaz y talentoso, ha robado un pedazo del alma de cada uno de estos doce extraordinarios escritores y lo ha puesto sobre el papel. Es un logro para el lector y también, creo, para esos escritores.

     La entrevista captura y preserva esos momentos en la vida del escritor que de otro modo se perderían para toda memoria pasajera: anécdotas sin precio, comentarios irreflexivos e ideas que muy probablemente no encontraríamos en sus obras ni en su boca, de no ser por la ayuda de las provocaciones -aparentemente naturales- de Larry Grobel.

     Se producen conversaciones memorables sobre el proceso de la escritura y los escritores. Así por ejemplo, el comentario de Bellow sobre el talento de Capote en relación con su propio genio, que «no está ni cerca de la cola del cometa», es una imagen malvada e inspirada en una entrevista que es verdaderamente sagrada y profana.

     Las observaciones de Greeley acerca de que el escritor es particularmente capaz de identificarse con Dios porque ambos pueden crear personajes que no son capaces de controlar dice en una sola frase más de lo que jamás he leído sobre la escritura y Dios.

     De un modo u otro, estas entrevistas están llenas de una rara clase de cotilleos además de sabiduría: Elmore Leonard, recordando las reuniones con Pacino, Hoffman y los sospechosos habituales de Hollywood alcanza el nivel sublime de alguna perversa forma platónica que captura la esencia de todos esos grupitos, si no en su estado eterno, al menos desde Ben Hetch hasta nuestros días. Cuando Joyce Carol Oates cuenta que estuvo atrapada en el supermercado y que la gente le tendía listas de la compra para que se las autografiara está añadiendo al dolor de escribir el dolor de ser un escritor en una sucinta imagen.

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