Ficha técnica

Título: Una casa de tierra |Autor: Woody Guthrie | Traducción: Jesús Zulaika | Editorial: Anagrama |Colección: Panorama de narrativasPáginas: 280 | ISBN: ISBN 978-84-339-7888-2 |Precio: 18,90 euros |Ebook:14,99 euros

Una casa de tierra

ANAGRAMA

Una casa de tierra, la única novela de Woody Guthrie, concluida en 1947 e inédita hasta el momento, es un crudo retrato del «Dust Bowl» norteamericano que, con sus tormentas de arena y su pertinaz sequía, agravó los devastadores efectos de la Gran Depresión de los años treinta. Con el lirismo y la autenticidad de las canciones del genial trovador folk, narra la historia de Tike y Ella May Hamlin, atrapados en unas condiciones económicas muy penosas, incapaces de pagar sus facturas o de ganar poco más que un dinero de subsistencia. Marido y esposa viven en una precaria chabola de madera en las áridas tierras de una granja de Texas y, como tantas otras parejas, sueñan con una vida mejor y buscan el amor y el sentido en un mundo corrupto. Tike anhela sobre todo una casa sólida que los proteja de los traicioneros elementos y, gracias a un folleto publicado por el Departamento de Agricultura del gobierno, aprende cómo construir una sencilla vivienda de adobe, edificada con sus propias manos y a prueba de fuego, de viento y de sequía. Una casa de tierra. Sin embargo, los campos en los que Tike y Ella May viven y trabajan no son suyos y debido a fuerzas que escapan por completo a su control, como los conglomerados de rancheros y los bancos, esa casa de adobe quedará dolorosamente lejos de su alcance.

Una casa de tierra, con su realismo rural y su activismo progresista, constituye en buena medida una pieza pareja a «This Land Is Your Land», el himno folk compuesto por Woody Guthrie. Es también una conmovedora evocación de Estados Unidos por uno de sus grandes artistas, un relato sobre la adversidad y la esperanza con el trasfondo de un paisaje natural y social devastado, en el que se aúnan la urgencia moral de John Steinbeck y la franqueza erótica de D. H. Lawrence.

«Woody Guthrie perdura como el alma de la cultura folk norteamericana del siglo XX. Su música es la tierra. Sus palabras -letras de canciones, memorias, ensayos y, ahora, narrativa- son los ladrillos de adobe. Es un hombre del pueblo, por el pueblo, para el pueblo» (Douglas Brinkley y Johnny Depp).

«Todo en Una casa de tierra -la vida, el sexo, la naturaleza, la vivienda- brota de la tierra. Es un libro que sólo podía escribir alguien con talento: un buen oído para los diálogos, una profunda empatía, una aguda capacidad de observación y lirismo en el manejo de las palabras. Párrafo tras párrafo se construye a la manera de las baladas épicas que le valieron la fama a Guthrie» (Mark Caro, Chicago Tribune).

«Guthrie se describía a sí mismo como una «máquina de esperanza». Cuando soñaba, soñaba con fuerza, y así les ocurre también a los protagonistas de su novela, Tike y Ella May Hamlin, unos aparceros que viven acosados por las tormentas de arena, la sequía y las deudas y mantienen alta la moral con grandes esperanzas, animadas conversaciones y mucho sexo» (Michel Faber, The Guardian).

«Victor Hugo anunció en su ensayo sobre Shakespeare: «Él es la tierra.» Guthrie igualmente: quintaesencia del polvo» (Ian Sansom, London Review of Books).

INTRODUCCIÓN

La vida es muy dura… Tienes suerte si logras sobrevivirla.
Woody Guthrie

1

El domingo 14 de abril de 1935 – Domingo de Ramos-, el pintor ambulante de letreros y cantante folk Woody Guthrie pensó que el Apocalipsis llamaba a su puerta en Pampa, Texas. Una nube de polvo inmensa – originada en las Dakotas- azotó sombríamente el panhandle 1 de Texas, cual unas Colinas Negras sobre ruedas que ocultaran cielo y sol. A medida que la tormenta de polvo se aproximaba a la ciudad, la clara tarde iba siendo eclipsada por una ominosa oscuridad. El miedo se apoderó de la comunidad. ¿Había llegado el fin del mundo?

Nadie en Pampa se hallaba libre de aquella maldición. Acurrucado alrededor de la única bombilla de una destartalada e improvisada casita de madera, en compañía de familiares y amigos, Guthrie, cristiano creyente, rezaba por la supervivencia. Los enloquecidos vientos se abrían paso a través de las ventanas mal cerradas, las paredes agrietadas y las puertas de madera de la casa. La gente del duro barrio de Guthrie llevaba trapos mojados en la boca, ansiosa por evitar que los remolinos de polvo pudieran asfixiarla. La propia respiración irregular y poco profunda resultaba un ejercicio de verdadera paciencia. Guthrie, con la cara tensa y los ojos bien cerrados, no paraba de toser y de escupir barro.

Lo que Guthrie vivió en Pampa, uno de los vórtices del Dust Bowl, fue – según diría él mismo- como si «el Mar Rojo se hubiera cerrado sobre los hijos de Israel». Según él, durante tres horas de aquella tarde de abril los aterrorizados vecinos de Pampa no conseguían ver ni «una moneda de cinco centavos que sacaban del bolsillo, ni la camisa que llevaban, ni la comida de la mesa, ni, maldita sea, nada de nada…». Cuando la tormenta de polvo hubo pasado, los vecinos quitaron el polvo de los porches delanteros con palas y sacaron cubos y cubos de polvo de las casas.

Guthrie, de curiosidad incesante, trató de conciliar el gozo de estar vivo con la desesperación generalizada. Inspeccionó los daños en Pampa como lo habría hecho un reportero veterano. Los motores de los normalmente fiables coches de General Motors y tractores de Fordson estaban estropeados, llenos de una especie de barro espeso. Enormes dunas se habían formado en los corrales y a todo lo largo de las casas de madera de los ranchos. La mayor parte del ganado había perecido durante la tormenta: el polvo les había obstruido la nariz y la garganta. Ni los buitres habían sobrevivido al torbellino gigantesco. Se veían por todas partes imágenes de la angustia humana. Alguna gente de edad – la más afectada- había sufrido daños permanentes en ojos y pulmones. La «neumonía del polvo», como los médicos llamaron a los numerosos casos de dolencias respiratorias debilitantes, llegó a ser una epidemia en el panhandle de Texas. Guthrie escribiría más tarde una canción sobre este tema.

Para expresar su solidaridad con los supervivientes de aquel Domingo de Ramos, Guthrie escribió un canto poderoso, un lamento que fijó el tono y tenor de su carrera como baladista del Dust Bowl:

On the fourteenth day of April,
Of nineteen thirty-five,
There struck the worst of dust storms
That ever filled the sky.
You could see that dust storm coming
It looked so awful black,
And through our little city,
It left a dreadful track.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]