Ficha técnica

Título:  Un vaso de cólera | Autor: Raduan Nassar |  Traducción: Juan Pablo Villalobos  |  Editorial: Sexto Piso| Colección: Narrativa |  Año de publicación: ene 2016 |  ISBN: 978-84-15601-88-3   | Páginas:80 | Formato: 15 x 23 | Precio: 15 euros  | 

Un vaso de cólera

SEXTO PISO

Con tan sólo tres libros publicados, Raduan Nassar está considerado como una de las máximas figuras de las letras brasileñas contemporáneas. Escritor de culto, eremita (jamás da entrevistas o asiste a actos públicos), Nassar es dueño de una prosa demoledora y precisa, que plasma los instantes con puntualidad e inteligencia. La luz, los objetos, la temperatura de los colores, la espesura del ambiente son delineados con una mirada incisiva, punzante y cautivadora.

Un vaso de cólera, su segundo libro, narra dos días en la vida de una pareja que se encuentra sumida en un estado de crisis. Los violentos exabruptos -sofocados por intensos momentos de pasión y de rapto amoroso- son detonados por el encontronazo de dos personalidades fuertes y dominantes. Él trata de subyugar a su pareja, someterla a través de una continua violencia verbal que busca enterrar la llaga justo en las hendiduras de las heridas más profundas de ella; atraerla a partir de la vulnerabilidad; erigir un templo en el que él se convierta en el centro de adoración. Pero ella, con un carácter indomable y una gran perspicacia, tiene siempre la frase precisa para detener las estocadas de su amante.

Si bien la violencia pareciera ser el éter que conduce la luz a través de esta historia, esta breve pero fulgurante novela tiene múltiples dimensiones que abarcan desde complejos temas políticos hasta asuntos existenciales. El límite (o la ausencia de él), la contención, la incapacidad de mantener a raya el descontento y el resentimiento son centrales no sólo en esta novela, sino en Labor arcaica y en el volumen de relatos La chica del camino, todos de próxima aparición en Sexto Piso.

«Tenso y contundente, el lenguaje de Un vaso de cólera alcanza una profundidad y una vitalidad que hacen de este relato una obra singular en la literatura brasileña, un clásico de nuestro tiempo, celebrado por miles de lectores y estudiado por nuestros mejores críticos». Marilena Chauí

«Es difícil asignar una categoría precisa a las novelas de Raduan Nassar. […] Evocan las suras del Corán o los versículos de la Biblia. El lenguaje es amplio, inmenso. Como si fuera una melopeya, su prosa es dueña de un ritmo cautivador». Le Monde

«Cada uno de los capítulos se construyó en la plenitud del lenguaje». Boris Schnaiderman

 

LA LLEGADA

Y cuando llegué por la tarde a mi casa, allá en el 27, ella ya me esperaba dando vueltas en el jardín, vino a abrirme el portón para que yo entrase con el coche y, en cuanto salí de la cochera, subimos juntos la escalera hacia la terraza, y nada más entrar abrí las cortinas del centro y nos sentamos en las sillas de mimbre mirando hacia el lado opuesto y hacia arriba, por donde el sol se iba poniendo, y estábamos los dos en silencio cuando ella me preguntó: «¿Qué te pasa?», pero yo, muy distraído, continué distante y tranquilo, el pensamiento abandonado en el enrojecimiento aquel del poniente, y fue únicamente por la insistencia en la pregunta que respondí: «¿Ya has cenado?», y como ella respondió: «Más tarde», yo entonces me levanté y fui sin prisas a la cocina (ella vino detrás), saqué un tomate del refrigerador, fui al fregadero y lo lavé, y después tomé el salero de la alacena y me senté enseguida allí a la mesa (ella desde el otro lado acompañaba cada uno de mis movimientos aunque yo displicente fingía que no me daba cuenta), y sin dejar de estar en su punto de mira empecé a comer el tomate, echando sal poco a poco a medida que lo iba comiendo, fingiendo un empeño exagerado en la mordida para
mostrar mis dientes fuertes como los dientes de un caballo, sabiendo que sus ojos no se despegaban de mi boca, que por debajo de su silencio se retorcía de impaciencia, que tenía más ganas de mí cuanto más indiferente yo me mostrase, sólo sé que cuando acabé de comer el tomate la dejé allí en la cocina y fui a buscar la radio que estaba en el estante de la sala y sin volver a la cocina nos encontramos de nuevo en el pasillo, y sin decir una palabra entramos casi juntos a la penumbra del cuarto.

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