Ficha técnica

Título: Un reportero en la montaña | Autor: Andy Robinson | Editorial: Ariel | Páginas: 224 | ISBN: 978-84-344-0940-8 | Formato: 14,5 x 23 cm. | Presentación: Rústica con solapas | Precio: 16,90 euros | Ebook: 11,99 euros

Un reportero en la montaña mágica

ARIEL

 

Los encuentros del Foro Económico Mundial en la diminuta población suiza que inspiró a Thomas Mann son la constatación de los males endémicos del sistema que nos gobierna. O al menos de sus incongruencias. Un ágora en la que el cinismo se viste de filantropía y el pensamiento único de debate abierto. Un lugar en el que Bono y Clinton se erigen en profetas, las estrellas del periodismo olvidan su compromiso con el público y los académicos aleccionan al personal sobre los beneficios del sistema capitalista y los males del intervencionismo ante banqueros y empresarios venidos de todo el mundo.

El reportero Andy Robinson se desplaza por el laberíntico centro de congresos, por los bares de la estación de esquí y los atascos de limusinas para averiguar cómo la élite, ese 1% más rico, se garantiza el porvenir a costa del ciudadano, apoyando medidas que sigan incrementando la polarización de las rentas y el crecimiento de su propia riqueza. 

Un reportero en la montaña mágica recorre la historia de Davos, los paraísos fiscales y la farsa de la filantropía y denuncia con ironía cómo los plutócratas empujan al mundo ladera abajo mientras hacen alarde de opulencia desde la privilegiada estación alpina.  

 

Capítulo primero


VISTAS DESDE SCHATZALP 

 

«La patria y el orden habían quedado no solo muy
lejos sino que se encontraban a muchas toesas debajo
de él y el ascenso continuaba, agrandando el abismo
cada vez más.»
(Capítulo primero: La llegada, La montaña mágica.) 

 

 

ALLÍ, EN SCHATZALP, EL ANTIGUO SANATORIO de tuberculosos y asmáticos que inspiró a Thomas Mann a escribir La montaña mágica (Der Zauberberg), su inquietante alegoría de catástrofes inminentes y caducos regímenes en vías de extinción, la nueva crisis global se desplegaba ante mí, fundiéndose con el paisaje helado de los Alpes suizos. 

Me había alojado en una habitación en la tercera planta del Berghotel Schatzalp —reconvertido ahora en un establecimiento de wellness— y me asomaba a uno de esos balcones en los que Hans Castorp, el héroe de La montaña mágica, se recostaba en una tumbona de madera y respiraba el aire gélido de la montaña. De salud robusta al llegar a Davos, Castorp pronto sucumbiría a náuseas, accesos de fi ebre e incontrolables ataques de angustia y perplejidad. En sus pesadillas se dibujarían escenas dantescas de brujas «descuartizando a un niño, devorando los pedazos y haciendo crujir los frágiles huesecitos en sus bocas». Castorp llegará a sentir «asco, el asco más terrible que había sentido jamás» y tras asistir a cuatro cumbres del club de la élite global —el Foro Económico Mundial, el encuentro anual de los hombres más ricos del planeta— empezaba a notar síntomas parecidos.

 

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