Ficha técnica

Título: Un puñado de polvo | Autor: Evelyn Waugh | Editorial: RBA Editores | Páginas: 272 | Formato: 14 x 21,3 cm. | Encuadernación: Rústica | Primera edición: mayo 2009 | ISBN: 978-84-98675-27-6 | PVP: 18 euros

Un puñado de polvo

RBA EDITORES

 

Los felices años 20 fueron también años de prejuicios, de irresponsabilidad y de vacío. Y nadie mejor que Evelyn Waugh para desenmascararlos. El genial escritor británico recrea ese Londres de clases adineraras, de chismes inconfesables, de fiestas desenfrenadas y de adulterios de moda. Uno de ellos es el que viven Lady Brenda Last, después de siete años de aburrido matrimonio, y John Beaver, un joven ávido de éxito social. Tony Last, que pensaba que su esposa era maravillosa y fiel, emprenderá una desesperada huida. De ellos se sirve Waugh para certificar la ausencia de valores, la desintegración, el cinismo y crueldad de un mundo entre guerras. Una crónica de una alta sociedad en decadencia que Waugh emprende con su brillante dominio de tragedia, comedia y salvaje ironía, en el que es posible entrever, además, una cáustica caricatura de la separación que vivió el escritor de su primera esposa. Una novela imprescindible para conocer el siglo XX.

 

I

DU COTÉ DE CHEZ BEAVER

«¿Ha habido algún herido?»

«Por fortuna, ninguno», dijo la señora Beaver, «excepto dos criadas que perdieron la cabeza y saltaron por una claraboya al patio. No corrían peligro. Según creo, el fuego no llegó a alcanzar los dormitorios en ningún momento. Aun así, va a haber que restaurarlos, eso seguro, todo ha quedado tiznado y anegado y menos mal que tenían uno de esos extintores antiguos que lo dejan todo perdido. No podemos quejamos, la verdad. Las habitaciones principales quedaron completamente destruidas y todo estaba asegurado. Sylvia Newport conocía a esas personas. Tengo que ponerme en contacto con ellas esta mañana, antes de que esa siniestra señora Shatter les eche la zarpa.»

La señora Beaver estaba de espaldas al fuego tomando su yogur matinal. Mantenía el envase justo debajo de la barbilla, lo recogía con una cucharita y lo tragaba muy rápido.

«¡Cielos, qué horrible es este potingue! Me gustaría que te acostumbraras a tomarlo, John. Últimamente pareces muy cansado. No sé cómo iba a resistir yo toda la jornada sin tomarlo.»

«Pero, mami, yo no tengo tanto que hacer como tú.»

«Eso es verdad, hijo.»

John Beaver vivía con su madre en la casa de Sussex Gardens a la que se habían mudado tras la muerte de su padre. Poco había en ella que recordara a los interiores austeros y elegantes que la señora Beaver proyectaba para sus clientes. Estaba atestada con el mobiliario invendible de dos casas mayores, sin pretensiones de representar época alguna y menos aún el presente. Los mejores y los que tenían algún interés sentimental para la señora Beaver estaban en el salón en forma de L del primer piso.

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