Ficha técnica

Título: Un obús cayendo despedaza |Autor: Andrés Ehrenhaus | Editorial: Malpaso | Páginas: 160 | Formato: Tapa dura | Tamaño: 14x21cm | ISBN: 978-84-15996-38-5 |Precio:  17,50 euros |Ebook: 7,99 euros

Un obús cayendo despedaza

MALPASO

«Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias», rezan los primeros versos de un famoso tango, pero las ansias nos despedazan.

Aquí rompen a hablar individuos que donan su cuerpo a la ciencia si los devotos del River no les tocan las pelotas o visitan un cementerio judío donde habita el cadáver de un señor llamado Adolf Hitler o cambian con ahínco de taxis para llegar puntualmente a un delirio nocturno se otoman el balón por su manos cuando arbitran partidos de fútbol o…

Los diecinueve relatos de este proyectil dan lugar al tratado de balística literaria más certero, más piadoso y más diabólico.

Sebentín

P. C. Morguen en un remís, rumbo a la Rural. Hoy charla. Va pensando en lo que dirá, en el cómo, en el qué dirán, en el por qué. Ya comió, se siente pleno pero falto de algo. Quizá de la tradicional modorra posprandial, suspendida por mor de la nerviosidad ante la exposición inminente. ¿Hace cuánto que habla en público? Siglos. Y sin embargo se mueve, como dice el musical. Presta escasa atención al mobiliario urbano que van dejando atrás, a la presencia humana en las arterias, al cielo que se mete a presión entre los edificios más altos. Concentrate, Morguen, se conmina. Con el tiempo te volviste distraído, te se fue la tensión dramática, vas a los eventos con un esplín de cuarta. Lo que antes era adrenalina ahora son nervios ordinarios. Concentrate, tu carrera está en juego. Cada vez que te exponés, un cacho de vos se disuelve en el mercado.

Porque somos ganado, hacienda privilegiada, mamíferos de gran tonelaje y orejas caídas, rumia ahora Morguen. De vez en cuando nos sacan del corral, nos exhiben, nos hacen bramar o mugir, nos ponen una cocarda y nos devuelven al heno húmedo y oscuro con una nueva marca en el cuero. No es casualidad que mucho acto intelectual se celebre en predios de los tratantes de ganado. Así va pensando Morguen, incluso entusiasmado por la eventualidad de incorporar estas reflexiones casi se diría espontáneas al complejo entramado de su intervención de hoy. A Morguen no le gusta leer cuando se dirige al público, al menos no al pie de la letra, como si su pensamiento no se sostuviera en pie sin las muletas del texto escrito; prefiere desarrollar el discurso a partir de apuntes, consignas, notas, chispazos, ordenados, eso sí, mediante un riguroso esquema previo. La libertad, cree, no ha de estar reñida con la previsión. Rumiar, mugir, bramar, quizás soñar…

Disculpame, ¿te puedo consultar algo?, le dice de pronto el remisero. Morguen se tambalea levemente, como si su cabina presurizada hubiera sufrido un mínimo pinchazo, pero reacciona con presteza, tosiendo para aclararse la garganta antes de contestar: ¿Eh? Sí, claro, cómo no.

El remisero es un muchacho más grueso que fornido, de pelo parco y un desaliño intrínseco que trasciende el uniforme informal (camisa celeste y pantalón oscuro) como brotan los yuyos entre las baldosas. Tiene un crucifijo tatuado en el cuello y otro colgando del espejo retrovisor. La ficha adjunta al respaldo del asiento dice que se llama Hernán. Morguen duda: ¿debe usar su nombre de pila para dirigirse a él o eso sería tomarse una excesiva confianza? Por otro lado, el remisero no ha dudado en tutearlo. Rápidamente, se hace una nota mental acerca de los saltos de registro en el protocolo urbano de los últimos tiempos; uno nunca sabe cuándo va a sobrevenir la laguna y cualquier recurso a mano para vadearla siempre es bueno.

Mirá lo que me pasó. Necesito que me digás qué te parece. Perdoname que te lo pregunte así, pero llevo un rato dándole vueltas y me está matando. No te importa, ¿verdad?

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