Ficha técnica

Título: Un objeto de belleza | Autor: Steve Martin |  Traducción: Cruz Rodriguez Juiz | Editorial: Mondadori | Colección:  Literatura Mondadori | Género: Novela| ISBN: 9788439724995| Páginas: 320 | Formato:  13,6 x 23 cm.| Encuadernación: Tapa blanda con solapa |  PVP: 20,90 € | Publicación: 15 de Marzo de 2012

Un objeto de belleza

MONDADORI

Capaz de cautivar con naturalidad a las personas que la rodean, Lacey Yeager irrumpe en la escena artística neoyorquina como becaria lista y divertida de Sotheby’s. Con encanto, ambición y unas tácticas cuestionables y vagamente ilegales, pasa de catalogar pinturas en sótanos polvorientos a triunfar en el laberíntico y secretista mundo del arte. Su conocimiento acerca del arte, y especialmente de los coleccionistas de arte, crece rápidamente a medida que aumenta la lista de hombres que encandila y destruye sin remedio. Su trayectoria en las altas esferas de la vida social de la ciudad reflejará las vertiginosas alturas y, también, los profundos abismos que alcanzó el mundo del arte en los años noventa en Nueva York.

«Un objeto de belleza es una historia de arte bajo la apariencia de una historia de amor.» Joyce Carol Oates

«Steve Martin se ha propuesto analizar el espíritu de la época y las vidas de los burgueses a través de su imperfecta protagonista al estilo de Wharton.» The Art Newspaper

 «Este libro hace un trabajo maravillosamente nostálgico al capturar aquel «Nueva York fresco y limpio» – y tan lleno de dinero fresco, jóvenes hermosos y promesas al estilo gran Gatsby – que facilita el ascenso de Lacey.» The New York Times

«Steve Martin es un conocido coleccionista de arte y su conocimiento del medio está maravillosamente logrado en numerosos detalles a lo largo del libro. Aunque es una lectura tremendamente fácil y divertida, contiene tonos más oscuros y universales… El arte no es considerado bello sino un producto adquirido por idiotas y vendido por marchantes sin escrúpulos.» Time Out

 

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Estoy cansado, muy cansado de pensar en Lacey Yeager, y no obstante me preocupa que si no escribo su historia y la veo encuadernada y ordenada en la librería, no vaya a ser capaz de escribir nada más.

    Me apellido Franks. Una vez, en la universidad, Lacey me cogió la cartera y leyó mi carné de conducir en voz alta, y así descubrió que me llamo Daniel Chester French en honor al escultor del monumento a Abraham Lincoln. Soy de Stockbridge, Massachusetts, donde vivió y trabajó Daniel Chester French, y mis padres, americanos de provincia, no comprendían lo ridículo que resultaba llamarse Daniel Ches ter French Franks. Lacey me contó que también tenía una relación familiar con el arte pero se negó a darme más datos aduciendo: «Es una historia demasiado larga. Ya te la contaré». Teníamos veinte años.

    Me fui de Stockbridge, una ciudad a la sombra de su otro ciudadano todavía más famoso, el pintor de la América alegre, Norman Rockwell. Es una ciudad que se siente a gusto con el arte, pero, eso sí, con el arte no demasiado complicado, no con el que se enseña en instituciones educativas tras la secundaria. Mi objetivo, en cuanto descubrí que mis aspiraciones artísticas no venían acompañadas de un talento equiva lente, era aprender a escribir sobre arte con claridad y fluidez. No es tan fácil como parece: cada vez que lo intentaba, acababa en un enrevesado embrollo retórico sin salida.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]