Ficha técnica

Título: Un momento de descanso | Autor: Antonio Orejudo | Editorial: Tusquets | Colección: Andanzas 748 | Género: Novela | ISBN: 978-84-8383-297-4 | Páginas: 248 | PVP: 16,35 € (IVA no incluido) | Publicación: Febrero de 2011

Un momento de descanso

TUSQUETS

Como un fantasma del pasado, Arturo Cifuentes aparece un día en la vida del narrador Antonio Orejudo. Cifuentes es un viejo amigo de la facultad, con el que Orejudo compartió casa en Nueva York, cuando ambos encontraron sus primeros trabajos en Estados Unidos, y al que suponía ya establecido en aquel país. Han pasado diecisiete años desde la última vez que se vieron, Cifuentes se ha divorciado y ha regresado a España para ocupar un puesto en la facultad donde estudiaron. Y tiene mucho que contar: las relaciones con su hijo adolescente, la crisis de su matrimonio, su infausta peripecia profesional y, sobre todo ello, su desencanto profundo con las humanidades. El narrador, que recapitula también sus experiencias determinantes de aquellos años, no sospecha, sin embargo, que su viejo amigo quiere proponerle algo de más calado, que les afecta a ambos: desenmascarar a los farsantes, descubrir las raíces de una vieja y permanente conspiración.

Las historias, que alternan lo emocionante con lo humorístico, se encadenan y se suceden a un ritmo adictivo; las versiones, como no podía ser de otro modo, se amplifican, se complementan o se contradicen. Lo que cuentan otros, lo que nos contamos, el relato que heredamos del pasado y hasta las verdades que asociamos a las instituciones o a las disciplinas, ¿no construyen a la postre una «realidad» a medida?

Un momento de descanso es un ejercicio portentoso, por momentos hilarante, por momentos amargo, pero siempre lúcido y afilado, sobre el desmoronamiento de las certezas. También es una potente maquinaria fabuladora que desautomatiza con ironía algunos motivos narrativos, desde la crisis familiar o la recuperación de la memoria, hasta la autoficción. Orejudo revalida, con esta su cuarta novela, que es uno de los narradores más deslumbrantes, divertidos e insoslayables de su generación. 

 

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Aparece un fantasma 

   Me encontré con Arturo Cifuentes en junio de 2009. Yo estaba firmando ejemplares en la Feria del Libro de Madrid cuando apareció en la caseta de la editorial.

   Dice uhhh, uhhh, soy un fantasma del pasado que viene a perturbar el presente.

   Lo reconocí de inmediato. Estaba igual, o esa impresión me dio vestido con sus habituales tejanos negros y la americana de siempre.

   Digo ¡Cifuentes!

   Y salí de la caseta a darle un abrazo.

   Tenía algo menos de pelo, pero apenas había engordado.

   Dice soy un fantasma, ¿no te doy miedo?

   Digo no, hombre, no. Cómo me vas a dar miedo, me has dado una alegría. Vaya aparición. Digo ¿qué haces tú aquí?

   Dice yo vivo aquí, el que vive fuera eres tú.

   Digo ¿cómo que vives aquí? ¿Te has vuelto de Estados Unidos?

   Dice sí, hace ya más de un año que volví.

   Digo ¿y Lib? Digo ¿y Edgar? 

   Dice han pasado muchas cosas, Antonio, muchísimas, desde que nos escribimos por última vez. Algunas son grotescas, otras escalofriantes y otras…, bueno, otras no te las vas a creer.

   Hacía diecisiete años que no nos veíamos. Habíamos intentado mantener el contacto por carta, pero al final dejamos de escribirnos. A mí me hubiera apetecido que allí mismo, en aquel momento, Cifuentes me contara todas esas cosas grotescas, escalofriantes e increíbles que le habían sucedido, pero aquella mañana no podía quedarme con él mucho tiempo. Le propuse que comiéramos juntos al día siguiente en Bartleby, pero Cifuentes se negó en redondo. No se negó a que comiéramos juntos, sino a hacerlo en Bartleby. Estaba harto de hojaldres de puerro al lecho de mariscos con mermelada de plátano caramelizado. La alta cocina se había hecho demasiado accesible al gran público, dijo y soltó una carcajada. Echaba de menos las mollejas y la oreja a la plancha.

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