Ficha técnica

Título: Un matrimonio feliz | Autor: Rafael Yglesias | Traducción: Damià Alou |  Editorial: Libros del Asteroide  | Género: Novela | ISBN: 9788492663378 | Páginas: 416 | Formato:  21,5 x 14 cm. | PVP: 21,95 € | Publicación: Marzo de 2011

Un matrimonio feliz

LIBROS DEL ASTEROIDE

Enrique Sabas, guionista de cine, y su mujer, Margaret, diseñadora gráfica, tienen dos hijos y llevan una vida acomodada en Nueva York. Tras treinta años de matrimonio y alcanzada una estabilidad que parecía imposible, la pareja lleva tres años luchando contra el cáncer que ella padece y que ha entrado en fase terminal.

Margaret prepara su despedida de familiares y amigos ayudada por Enrique, quien durante estos últimos y extraños días va reconstruyendo la historia del matrimonio: la época en la que se conocieron, el desarrollo de sus vocaciones artísticas, el nacimiento de sus hijos, los altibajos de su relación… Los recuerdos de su vida en común y la intensidad de su despedida nos muestran la complejidad de una relación duradera.

En esta novela parcialmente autobiográfica, una de las sorpresas de la literatura norteamericana reciente y Premio Los Angeles Times 2009 a la mejor novela, Yglesias nos habla con valentía y sinceridad de temas universales: del amor, del dolor ante la proximidad de la muerte y del misterio que supone compartir la vida con otra persona.

«Quizá el matrimonio es la historia más antigua del mundo, pero en la tierna, divertida y compungida narración de Yglesias es también la historia de la vida en sí misma.» The Wall Street Journal

«La novela de Yglesias, profunda y elegante, dolorosamente viva, trata sobre la vida, no sobre un matrimonio concreto. A medida que el libro fluctúa entre pasado y presente crecemos con los personajes, cuando superan alguna dificultad también lo hacemos nosotros, cuando aceptan lo inevitable nos sentimos también acorralados como ellos. Es como un puñetazo en el estómago pero su agudeza nos obliga a mantener los ojos bien abiertos. Impresionante.» Ann Beattie

«Un tour de force. Rafael Yglesias ha transformado la historia de su vida y la de su mujer (…) en una profunda deliberación sobre la naturaleza del amor, el matrimonio y el proceso de morir.» Dinitia Smith (The New York Times)

«Refleja la verdadera intimidad, la que con esfuerzo se alcanza entre dos personas que han escogido permanecer juntas hasta el fin, demostrando que uno puede volverse a enamorar (…) Enrique y Margaret son cualquier cosa menos ordinarios, se distinguen tanto como personajes como por la fortaleza de su amor.» Malena Watrous (New York Times Sunday Book Review)

«Es un libro brutalmente honesto. Cualquiera que se halle en una relación de pareja, se sentirá identificado.» Craig Wilson (USA Today)

 

1. Chica para llevar  

Él la había encargado. Mientras esperaba para ver el comienzo de Saturday Night Live en su Trinitron nuevo (¡qué vivos colores, qué definición, qué prodigio de la tecnología!), había encargado la Chica de sus Sueños que ignoraba haber soñado hasta que los grandes ojos azules de esta, llorosos por culpa del frío de diciembre, lo examinaron con una mirada sobresaltada y divertida.

  El repartidor que se la llevó era un amigo íntimo, el semiodiado Bernard Weinstein, el cual, con su torpeza habitual, farfulló sus nombres cara al suelo: «Enrique… Margaret. Margaret… Enrique», y groseramente pasó antes que ella al entrar en el nuevo apartamento. Nuevo para Enrique Sabas y para el mundo. El edificio sin ascensor de cinco plantas en la calle Octava del Greenwich Village había sido reformado de arriba abajo, y la restauración se había completado hacía dos meses para justificar la subida del alquiler de renta limitada a los niveles de mercado. Enrique se había mudado una semana después de que enmasillaran el último azulejo del cuarto de baño. De manera que en la vida de Enrique todo era nuevo, desde las cañerías al televisor, cuando aquella chica entró, se dirigió al único accesorio de lujo del apartamento, una chimenea que funcionaba, y al quitarse su boina roja dejó caer en cascada una melena color azabache. A continuación dio la espalda a la repisa de ladrillo descolorido y mármol color claro y siguió enfocando sus reflectores llorosos sobre Enrique mientras se bajaba la cremallera de su chaqueta acolchada de color negro y revelaba un suéter de lana rojo-camión-de-bomberos que se ajustaba a su silueta delgada y de pechos pequeños. Ese striptease burgués hizo que una corriente eléctrica atravesara a Enrique, que la sintió tan palpable como si hubiera hecho caso omiso del cartel de advertencia de su Trinitron nuevo, hubiera abierto la parte de atrás y metido el dedo donde no debía.

  Los ojos húmedos y azules de la chica seguían fijos en él mientras se dejaba caer en una silla de director de cine junto a la chimenea, extraía sus escuálidos brazos de su funda de plumón y se sacaba el torso de la chaqueta levantando y girando de manera exquisita sus hombros delicados. A continuación, con una seguridad en sí misma propia de un marimacho, pasó uno de sus muslos de carnes prietas por encima del brazo de la silla, como si se preparara para montar; pero en lugar de eso se quedó así colocada, las piernas muy abiertas, dejando a la vista la tela descolorida de su tersa pelvis. Enrique fue incapaz de investigar esa región durante mucho tiempo. Dejó caer los ojos de manera involuntaria hacia aquel piecezuelo que colgaba en el espacio intermedio. No sabía que calzar un número tan pequeño suponía un serio problema para una mujer a la que le encantaban los zapatos, ni que la bota de ante negro que oscilaba delante de él la había comprado solo después de angustiosas deliberaciones debido a su elevado precio. Para esos ojos masculinos e ignorantes de veintiún años de edad, aquel pie delicado, calzado de ese modo, era simplemente provocativo; no por su delicada dimensión, sino por las incesantes pataditas que le dirigía, como si pretendieran estimularlo a hacer algo que la impresionara: ¡Muévete! ¡Muévete! ¡Muévete!

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