Ficha técnica

Título: Un imperio propio. Cómo los judíos inventaron Hollywood | Autor:  Neal Gabler | Traducción: Violeta Fernández Castro, María Fernández Valls, Marta Gámez Márquez y Raquel Ibáñez de la Torre.  |  Prólogo: Román Gubern  |  Introducción, edición y apéndice: Diego Moldes | Editorial: Confluencias | Colección: Fuera de Colección |  Páginas 696 | Formato: 16,5 x 23,5 cm  |  Encuadernación: Rústica   | ISBN: 978-84-944413-8-7 | Precio: 29,00 euros   |  Fecha:  2015 |

Un imperio propio

CONFLUENCIAS

Este libro explora la fascinante cuestión de cómo Hollywood fue creado principalmente por un notable grupo de hombres que encajan en una demarcación demográfica muy pequeña y concreta: inmigrantes judíos europeos, la mayoría de ellos pobres, la mayoría de ellos del lado este de Manhattan, ninguno de ellos practicante del judaísmo, la mayoría de ellos procedentes de familias con figuras paternas débiles. Pero juntos se mudaron a una ciudad casi completamente protestante y crearon la el modo más exitoso de entretenimiento popular en Estados Unidos, la presentación de una versión idealizada de la vida americana para una nación en una constante búsqueda de nuevos mitos nacionales. Lo más fascinante de este libro es la brecha entre el mundo mítico que nos presentan y su propia realidad.

 

PRÓLOGO

     Hace ya más de cincuenta años, cuando residía en California e impartía allí clases de Historia del Cine en algunas universidades locales, pregunté un día al historiador Robert Rosenstone, amigo mío y judío de ascendencia rumana, si era cierta la extendida creencia de que las industrias de la comunicación y del espectáculo estaban vinculadas en Estados Unidos a intereses judíos. Me contestó que era una pregunta políticamente incorrecta, o que no era de buen tono formular, pero que me respondería. Me contó que los judíos que llegaron a Estados Unidos a finales del siglo anterior o principios del siglo xx, procedentes de Europa central u oriental, fugitivos de pogromos, de la discriminación racial o de la miseria, no fueron aceptados en Estados Unidos en los círculos de los «negocios respetables» y por eso tuvieron que buscarse la vida en el mundo de los espectáculos populares y actividades similares (en el llamado expresivamente entertainment), alejados de los salones de la burguesía respetable. Tuve que esperar a 1989, residente ya en España desde la muerte del general Franco, para poder leer la documentada y fascinante historia de Un imperio propio, de Neal Gabler, que ahora comparece oportunamente traducida entre nosotros.

     En efecto, en el origen de la industria del cine americano, que fundó el poderoso inventor y empresario Thomas Alva Edison, los outsiders europeos de origen judío trataron de buscar su lugar en el sol como productores independientes y, para huir de su persecución en los tribunales por infracción de la ley de patentes, intentaron el rodaje de películas en Cuba, hasta que acabaron alejándose lo más posible de Nueva York y de los picapleitos de Edison, asentándose en un barrio de Los Angeles que se haría mundialmente famoso con el nombre de Hollywood. Gabler relata pormenorizadamente esta fascinante historia, con sus escaramuzas coloristas. Los rivales de Edison -Adolph Zukor, Carl Laemmle- inventaron, como arma comercial, lo que hoy llamamos star-system y codificaron muchas fórmulas del cine del futuro. Pero no faltaron los incidentes y los episodios controvertidos. El judío Cecil B. DeMille fue criticado por los rabinos porque su película Rey de reyes (King of kings, 1927), sobre la Pasión de Cristo, apoyaba la tesis del «deicidio judío», un tema largamente controvertido y que aún resonaba en el colegio jesuita en el que estudié. Pero la película que se convirtió oportunamente en crisol del judaísmo inmigrante y de la música afroamericana fue El cantor de jazz (The jazz singer, 1927), donde el hijo de un rabino ultraortodoxo triunfa como cantante de jazz con la cara embadurnada de negro, bendecido al final por su antes reticente padre. Con este crisol étnico-cultural se impuso el cine sonoro en el país.

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