Ficha técnica

Título: Un golpe de vida | Autor: Juan Cruz Ruiz | Editorial: Alfaguara | Colección: Hispanica | Formato: tapa blanda con solapa | Páginas: 312 | Medidas: 155 X 239 mm | ISBN: 9788420430416 | Fecha: may-2017 | Precio: 18.90 euros | Ebook: 8,99 euros

Un golpe de vida

ALFAGUARA

En unos tiempos convulsos para la profesión, la voz de Juan Cruz Ruiz se alza potente en este relato autobiográfico sobre su labor como periodista, un libro en el que la vida y el oficio se cruzan una y otra vez a lo largo de los años para formar una única realidad que va siendo desgranada por el autor, capítulo a capítulo, con la sensibilidad y la pasión que caracterizan todas sus obras.

«Mis sueños tienen muchas veces el nombre del periodismo; este oficio va en mis pies, ocupa mi cerebro, conduce mis sensaciones, no soy de otra materia. Si duermo me despierta el periodismo, y si decaigo el periodismo me pone otra vez a trabajar; el periodismo es la alegría y también un suspiro mortal, una despedida. El oficio invencible. Para mí también el oficio inevitable.» Juan Cruz Ruiz

Críticas:
«Un libro airado, humano, apocalíptico, comprometido con su tiempo y con las palabras […]. Un libro luminoso e importante. Para leerlo y disfrutarlo. Pero también para pensarlo y discutirlo.» Luis Landero

«Juan Cruz es el descendiente directo de Ramón Gómez de la Serna: el ribeteador de las palabras. Un hombre que se la pasa preguntando, como García Márquez.» Jorge F. Hernández

«Los libros de Juan Cruz Ruiz son una alianza de géneros, en los que el lirismo, el relato, la introspección y la nostalgia juntan poesía y prosa.» Mario Vargas Llosa

«Juan Cruz destaca en cuanto escribe, y es mucho. Sus crónicas, sus entrevistas, sus artículos de prensa, todo ello es magnífica literatura. A veces de pincelada veloz y certera, a veces melancólica y demorada. Pero en lo que es un verdadero maestro es en la descripción y en la evocación: lugares, épocas, personas que el lector no puede haber conocido, acaban convertidos en sus libros en paisajes familiares de infancia, tiempos que se añoran y excelentes amigos que uno recuerda, a partir de entonces, con nitidez conmovedora.» Javier Marías

«Tiene un estilo cálido y brillante.» José Saramago

«La pasión por la vida y la escritura y el deslumbramiento ante la belleza son aspectos muy presentes en el universo narrativo de Juan Cruz.» Qué Leer

«Libro pletórico de vida y desolador al mismo tiempo, guiado por algo tan esencial en todo buen escritor como es la honestidad.» J.A. Masoliver Ródenas (sobre El niño descalzo)

«Juan Cruz nos entrega una bellísima obra. En Ojalá octubre leemos con una cierta emoción maravillada el relato del amor de un hijo hacia su padre.» Carlos Fuentes, Babelia (sobre Ojalá octubre)

«Geografía lírica de la memoria. La fabulación novelesca, el fragmento poético, el relato de los sueños, la reflexión y el retrato. El periodista y escritor Juan Cruz ha recurrido a los más diversos géneros literarios a la hora de repasar fragmentariamente sus propios recuerdos.» Jordi Gracia, Babelia (sobre Retrato de un hombre desnudo)

«Pocos títulos hacen tanto honor a un libro como el de esta novela. Y pocos lo hacen con tanta sinceridad y valor moral.» Julio Llamazares (sobre Retrato de un hombre desnudo)

 

Últimas noticias sobre el periodismo

La mesa es enorme, negra, de madera maciza; hay un armario ancho donde he colocado la ropa de verano que ha venido conmigo, en dos maletas que el avión dejó en otro sitio durante veinticuatro horas; hay una mesa auxiliar en la que he colocado los libros que quiero tan sólo para leer, no para trabajar, y los numerosos papeles, kilos y kilos, de documentación. Se diría que vengo a hacer una tesis doctoral o un trabajo para unas oposiciones al Estado, pero lo cierto es que no sé viajar sin papeles; sé que son innecesarios o superfluos, pero están ahí como si el pasado que constituyen hablara conmigo, como si ese pasado me dictara lo que mi memoria ha olvidado.

Escribo en la región de Umbría, Italia, cerca de un pueblo que se llama Umbertide, al lado de Perugia, en un castillo del siglo XV acondicionado para que vivan en él escritores o artistas, y me puse ante el ordenador la misma tarde en que llegué.

Es agosto de 2015. El País está a punto de cumplir cuarenta años, yo tengo sesenta y seis. Vengo de un semestre cargado de emociones nuevas que parecen antiguas y, más concretamente, de una entrevista en el mar de Mármara con el escritor Orhan Pamuk. Mis manos tienen arrugas, pecas, acaso como el oficio de periodista. Pero éste es invencible, así lo siento mientras escribo aún, mando mis textos al periódico, espero las respuestas. El ordenador, cada vez más veloz (antes la máquina de escribir), me ayuda a sentir, a pensar, a decir palabras que no sabía que existieran. Escribir a la velocidad ágil de la vida, escucho todavía aquellos latidos de la casa en la que mi madre canta, mi padre aún no ha vuelto, mis hermanos están fuera, trabajan, regresan luego con sus tarteras vacías tintineando. Yo sueño que escribo, veloz, mis dedos se deslizan por un teclado que no existe. Este chico está loco, madre, ¿ves qué sonidos hace, como si estuviera dando a las teclas?

Esa velocidad feliz incluía entonces, incluye ahora, la certeza de que quien escribe es otro y yo mismo a la vez, como si el texto fuera el espejo del cuerpo, el alma cubierta por carne, ocio, oficio, felicidad o calamidades. Cuando leo soy el que lee, pero cuando escribo soy el que se mira escribir: como si nunca tuviera edad, o tuviera siempre la misma.

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