Ficha técnica

Título: Un año ajetreado | Autor: Anne Wiazemsky Traducción: Javier Albiñana | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativas | Género: Novela | ISBN: 978-84-339-7857-8 | Páginas: 224 | PVP: 17,90 € | ebook: 13,99 | Publicación: febrero de 2013

Un año ajetreado

ANAGRAMA

Tras haber protagonizado su primera película con Robert Bresson, después de tres encuentros fortuitos e infructuosos con Jean-Luc Godard, un día de junio de 1966 Anne Wiazemsky le escribió una breve carta en la que le decía que le había gustado mucho su última película, Masculino Femenino, y le decía también que amaba al hombre que se hallaba detrás de aquello, que lo amaba a él.

Y, pocos días más tarde, Godard visita a la jovencita de diecinueve años en Montfrin, donde Anne pasa sus vacaciones en una hermosa villa junto a su amiga Nathalie. Es el inicio de un apasionado romance. Pero el verano llega a su fin. Y para Anne comienzan tiempos difíciles y excitantes: ¿cómo conciliar su intenso deseo por ese hombre singular, diecisiete años mayor que ella, con las exigencias de una familia autoritaria liderada por su abuelo, el muy católico escritor François Mauriac, que repudia la relación entre el cineasta y la joven? Porque éste es un relato de descubrimientos y de iniciación al sexo, al amor y a la vida adulta, pero también un peculiar, sugestivo fresco de la Francia intelectual antes del estallido del mayo del 68. En la novela, junto al retrato de un Jean-Luc Godard ya en camino de convertirse en el gran reinventor del cine, encontramos a los cineastas François Truffaut o Jacques Rivette, a filósofos como Françis Jeanson, al crítico de cine Michel Cournot, determinante en la carrera de actriz de Wiazemsky, que se debate entre la interpretación y sus estudios de filosofía en Nanterre. De la mano de la pareja protagonista, viajamos al corazón de un París en plena ebullición política o asistimos al rodaje de La Chinoise, al ritmo trepidante de una prosa veloz como el descapotable que conduce Godard, fresca y apasionada como la juventud que palpita en estas páginas.

«Habría que crear una nueva categoría literaria: la novela de iniciación con personajes ya célebres (o en camino de serlo) como iniciadores. Y estamos pensando en libros como Éramos unos niños de Patti Smith, el relato de sus años de juventud junto a Robert Mapplethorpe. Un año ajetreado de Anne Wiazemsky encaja a la perfección en esta categoría: una alegre novela de iniciación en femenino con Jean-Luc Godard como personaje clave» (Nelly Kaprièlian, Les Inrockuptibles).

«Un año ajetreado es también el descubrimiento de un inesperado Godard: romántico, celoso, tierno, muy diferente del hombre de las gafas de sol y del discurso a veces desconcertante que hoy conocemos» (Martine Madoux, L’Express).

«Anne Wiazemsky ha logrado una novela que exhala alegría, sin arrepentimientos, sostenida por la energía de la juventud y no por la melancolía» (Raphaëlle Leyris, Le Monde).

«En este turbulento relato de amor y de iniciación a la vida adulta, Anne Wiazemsky retrata a un Godard inédito, un treintañero sentimental, sensual y posesivo, hipersensible, propenso al llanto y de izquierdas, fan de Louis de Funès, pero también engreído, colérico y ambicioso» (Jérôme Garcin, Le Nouvel Observateur).

 

PÁGINAS DEL LIBRO

Un día de junio de 1966, escribía una breve carta a Jean-Luc Godard, dirigida a Les Cahiers du Cinéma, rue Clément-Marot, París 8. Le decía que me había gustado mucho su última película, Masculino Femenino. Le decía también que amaba al hombre que se hallaba detrás de aquello, que lo amaba a él. Había actuado sin calibrar el alcance de ciertas palabras, tras mantener una conversación con Ghislain Cloquet, a quien conocí durante el rodaje de Al azar, Baltasar de Robert Bresson.

     Trabamos amistad, y Ghislain me invitó a comer la víspera. Era domingo, teníamos tiempo por delante y fuimos a dar un paseo por Normandía. Llegado un momento, le hablé de Jean-Luc Godard, de lo mucho que lamentaba que se hubieran «frustrado» nuestros tres primeros encuentros. «¿Por qué no le escribe?», preguntó Ghislain. Y ante mi expresión dubitativa, añadió: «Es un hombre que está muy solo, ¿sabe usted?» Luego se entretuvo recordándome lo distinta que era mi actitud un año atrás.

     Jean-Luc Godard había acudido al rodaje de Baltasar invitado por la productora, Mag Bodard. Ésta me había obligado a comer con ellos y yo había accedido de muy mala gana. Aunque sabía quién era, no había visto ninguna película suya, harta de las polémicas que suscitaba: en mi entorno, en la prensa, todo el mundo se creía obligado a defender o atacar su cine; resultaba impensable ignorarlo. Un año después, el recuerdo de aquella comida me avergonzaba un poco. Robert Bresson, a quien aquella visita importunaba, se había burlado mucho de él. Lo había hecho amparándose en su habitual cortesía, dándoselas de inocente y dirigiéndome sonrisas de complicidad.

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