Ficha técnica

Título: Tú no eres como otras madres | Autora: Angelika Schrobsdorff   | Traductor: Richard Gross  | Editorial: Errata Naturae y Editorial Periférica  Páginas 592 | Formato: 21,5 x 14 cm  | ISBN: 978-84-16544-13-4 | Precio: 24,50 euros | Fecha: marzo de 2016 |

Tú no eres como otras madres

ERRATA NATURAE y PERIFÉRICA

La narración de Angelika Schrobsdorff recons­truye la vida real e inconformista de su madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía de Berlín, liberada de los prejuicios de su tiempo y deseosa de casarse con un artista (y no con el «exce­lente partido» que le han buscado, un comerciante opulento y maduro). Así, Else vivirá de lleno el nacimiento de un nuevo mundo junto a la culta bohemia berlinesa de los «locos años veinte», un periodo en el que tendrá tres hijos de tres padres diferentes, fiel a las dos promesas que se hizo de jo­ven: vivir la vida con la máxima intensidad y tener un hijo con cada hombre al que amara. Ésta es, por tanto, la historia de una mujer singular y sedienta de independencia, que será arrollada por aquello mismo en lo que se negaba a creer al principio: el presente. Sin embargo, en la dura prueba del exilio, Else encontrará una realidad nueva y reveladora tras una vida que hasta entonces ha estado ente­ramente dedicada a las fiestas, los viajes y el amor.

Tú no eres como otras madres es un «relato real», como la Suite francesa de Irène Némirovsky, que nos sumerge por completo en una vida extraordinaria y nos hace partícipes de toda su riqueza y exaltación, revelándonos a través de esa existencia toda una época: los conciertos de música clásica y las novelas de Stefan Zweig, los cabarets y la pintura moderna, el nazismo y sus terribles leyes raciales… Así como tantos y tantos personajes que existieron durante ese tiempo de irrepetible pasión y energía, y que pasan por estas páginas fascinantes: soñado­res, artistas, agitadores, conspiradores, campesi­nos, espías, criados, intelectuales, falsificadores…

Medio millón de ejemplares vendidos en Alema­nia, traducciones al francés, inglés, ahora también al castellano… El aura y la fama de esta novela crecen. Algunos lectores se preguntan cada poco si el presente puede ofrecernos libros a la altura de los clásicos; pues bien, he aquí la respuesta, y no exageramos. Emocionante gran literatura.

«Una novela enormemente importante, necesaria y significativa». Johannes Mario Simmel, Frank­furter Allgemeine Zeitung

«La madre como puzle. Llena de compasión y ad­miración, pero con mirada crítica, Schrobsdorff re­trata a su madre -fascinante y fuerte y, al mismo tiempo, llena de debilidades e incoherencias- y narra sus múltiples vidas. Una mujer que, sin duda, no era como otras mujeres». Christa Maasen, West­deutsche Zeitung

«Un libro que no puedes parar de leer». Peter Kast­ner, Schwäbische Zeitung

«¡Un libro que conmueve!». Monika Decker, Köl­ner Illustrierte

«Las sinceras e inteligentes descripciones generan un compasivo, pero nada sensiblero, retrato de una madre que, gloriosa y trágicamente, no era como otras madres». Publishers Weekly

«Hay mujeres a las que nos hubiera gustado co­nocer. Mujeres como Else Schrobsdorff, combi­nación de lo mejor que una cierta Europa, en un momento particular del siglo xx, pudo ofrecer: el amor por las artes y la literatura, el disfrute de la vida, la pasión por la libertad». Marianne Payot, L’Express Livres

«Un documento conmovedor sobre el Berlín de entreguerras que ha tenido un éxito inmenso en Ale­mania, y con razón». Ruth Valentini, Le Nouvel Observateur

 

LO COMPLETAMENTE DISTINTO

Hoy, 30 de junio, día de su cumpleaños, he sacado de mi baúl del pasado el librito largo y estrecho. Es de pasta dura con ornamentación marginal en negro y oro e inscripción en letra dorada.

VIDA
de nuestra hija
ELSE

     Las esquinas están un poco descantilladas, por lo demás el libro parece nuevo. Tiene noventa y ocho años. También los primeros ricitos de la niña Else, adheridos a sus hojas, tienen noventa y ocho años, y se diría que han sido cortados anteayer. Son de color marrón, luego de rubio miel y finalmente, en 1897, cobrizos. ¿El pelo es imperecedero? ¿No se convierte en polvo? Resulta sedoso al tacto de mis yemas. Cuando conocí a Else, mi madre, tenía el cabello bronceado y recio como la crin de un caballo. Siempre parecía despeinada, aun cuando venía de la peluquería. Sus rizos cortos y tupidos eran indomables. No eran lo único que no se podía domar en ella. Me hubiera gustado heredar su cabello y su vitalidad. Pero en estos dos puntos -y algunos más- he salido a mi padre.

     ¡Ay, Dios, esos pensamientos incoherentes que me asaltan al mirar el pequeño libro rojo, esos recuerdos, esa añoranza! Añoranza del pasado que viví, añoranza de un pasado no vivido. El Berlín del cambio de siglo. ¿Cómo me lo figuro? Probablemente, como un mundo intacto por pasado: tranvías y autobuses de dos pisos tirados por caballos; calles adoquinadas y farolas de gas; mansiones sólidas color café con leche y villas «señoriales» en anchurosos jardines; puestos de flores y frutas, organilleros, vendedores de periódicos y salchichas; los primeros grandes almacenes, unos verdaderos palacios; salones de baile, cafés con violinistas, restaurantes exquisitos con camareros de frac, teatros y varietés; parques donde los verdores se superponen unos a otros, edificios tan suntuosos como sombríos, monumentos de bronce; las avenidas Kurfürstendamm y Unter den Linden, por las que deambulan caballeros con traje Stresemann y damas con manguitos, sombreros cubiertos de flores y pechos erguidos por el corsé; y, rodeando la ciudad, los lagos, el río Spree, los bosques de picea, adonde acudía la gente en carruajes para hacer un picnic, deslizarse por el agua en una barca de remos o beber cerveza de trigo y comer albóndigas al son de briosas bandas militares.

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