Ficha técnica

Título: True Detective. Antología de lecturas no obligatorias | Varios Autores | Editorial: errata naturae | Colección: Fuera de colección | Páginas: 392 | Género: Novela | Formato: 14×21,5 | FISBN: 978-84-15217-77-0 | Precio: 19,90 euros

True Detective

ERRATA NATURAE

Las puertas del selecto cielo de las series, en el que sin duda ya disfrutan de la catódica vida eterna Los Soprano, The Wire, Mad Men y Breaking Bad, se abren de nuevo para acoger a True Detective. Y en Errata naturae no hemos dudado en dedicarle un volumen a esta nueva producción de culto que nos ha causado auténticos escalofríos, tanto físicos como intelectuales. Se trata de un libro que es también un juego, un artilugio y un experimento tan estimulante como la serie.

Así, en la primera parte del volumen, Nic Pizzolatto, creador de la serie, nos habla sobre su trabajo, su concepción de la literatura y la televisión, sus influencias y la manera en la que se llevaron a cabo algunos de los momentos clave de esta primera temporada. Iván de los Ríos disecciona los componentes filosóficos de la serie con precisión forense y nos muestra algunos indicios que nos podrían llevar a plantearnos nuevos interrogantes o a reinterpretar ciertas pistas, especialmente con respecto a su discutido y polémico final. Y el periodista Ethan Brown nos presenta su larga y arriesgada indagación sobre el caso real en que se basa la serie, una crónica tan espeluznante como excepcional, ejemplo del mejor periodismo comprometido y de investigación de nuestros días.

En la segunda parte, encontramos una serie de textos firmados por pensadores como Nietzsche, Schopenhauer o Ligotti; por escritores clásicos como Bierce, Chambers o Lovecraft; y por autores contemporáneos como Bolaño, Hammett o Barron. Nombres citados directamente en la serie y que vertebran sus contenidos, o bien que la atraviesan de forma subterránea. Cada uno de los textos va precedido por un breve y brillante ensayo de presentación de Iván de los Ríos, que sitúa la relación de estos autores y sus textos con True Detective. Un juego, por tanto, a través del cual el lector puede aventurarse en ese laberinto metaficcional que compone la serie, además de disfrutar de la lectura de un conjunto de relatos y ensayos de calidad y alcance excepcionales.

Prólogo del editor

El origen de este libro se encuentra en «El tiznao», un luctuoso bar de Vallecas, en la periferia madrileña, que es el único que queda por allí, hasta donde yo sé, sin televisor ni hilo musical, lo que lo convierte en un lugar extraordinariamente confortable. Iván de los Ríos (vallecano de nacimiento y autor de uno de los ensayos publicados en el libro Breaking Bad. 530 de gramos (de papel) para seriadictos no rehabilitados) y yo (vallecano de adopción desde hace ya una década y editor de aquel volumen) habíamos quedado para tomar unas cervezas y supongo que la atmósfera decadente del local, grávido de roña allá donde uno mire y exento de cualquier enser posterior a los años setenta, con su suelo de loza vieja, su achicoria, sus jubilados alcohólicos, sus inmigrantes pensativos y sus yonquis aún milagrosamente vivos, influyó en la conversación aportando un cierto tono melancólico. Los dos comentamos que tras la última y apoteósica temporada de Breaking Bad, nos sentimos peor que huérfanos: como si nuestro camello de toda la vida (con o sin cáncer) se hubiera muerto o reconvertido en funcionario, y nos preguntamos, mirándonos entre botellines y con la ansiedad mal disimulada del adicto, cuál sería la próxima producción que nos engancharía del mismo modo y que ascendería hasta el selecto cielo de las series, en el que sin duda también disfrutan de la catódica vida eterna Los Soprano, The Wire o Mad Men.

Al cabo de los meses, Iván, que ya estaba de vuelta en Chile, donde vive, imparte clases de filosofía en una prestigiosa universidad y creo que es razonablemente feliz, me escribió un correo electrónico a deshoras donde me hablaba, entre otras cosas, de Nabokov, de Schopenhauer y de la verga de Bataille, y me contaba que había comenzado a ver una serie nueva, True  Detective, que le tenía, según me dijo, con el ceño fruncido. Separados por algo más de once mil kilómetros, vimos juntos el resto de capítulos de esa primera temporada y cuando terminó creo que ambos teníamos claro que habíamos encontrado a un nuevo camello para sustituir a Mr. White y que las puertas del paraíso televisivo parecían abrirse de nuevo. True Detective nos había causado escalofríos, físicos y conceptuales, y nos había recordado, una vez más, que el territorio del relato serial es uno de los espacios creativos más importantes, influyentes y complejos de nuestro tiempo, en perfecto parangón con el cine o la literatura. Nos había parecido una producción extraordinaria en términos de guión, dirección, fotografía o diseño de producción, pero, además, pensamos que albergaba dos elementos que condensaban, si cabe, su excepcionalidad: por un lado, se construía sobre unos sólidos cimientos filosóficos, muy poco frecuentes en el ámbito audiovisual; por otro lado, establecía un verdadero mapa de influencias, diálogos y confrontaciones con sus referentes literarios, lo que la convertía, de cara al espectador, en un extraño laberinto metaficcional o en una frenética persecución biblio-detectivesca: ¿Carcosa? ¿El Rey de Amarillo? ¿Nietzsche? ¿Un tal Ligotti? ¿De verdad andaba por ahí Roberto Bolaño? ¿Y los mitos de Cthulhu? ¿Y papá Hammett?

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