Ficha técnica

Título: Trilogía de Auschwitz | Autor: Primo Levi | Editorial: El Aleph Editores Colección: Literatura | Numero: 4 | Traducción de: Pilar Gómez Bedate |  Precio: 20 €  | Páginas: 656 | Publicación: 6 de Noviembre de 2008 | Género: Novela | ISBN: 978-84-7669-843-3 | EAN: 9788476698433

Trilogía de Auschwitz

EL ALEPH EDITORES

«Tuve la suerte de no ser deportado a Auschwitz hasta 1944, después de que el gobierno alemán hubiera decidido, a causa de la escasez creciente de mano de obra, prolongar la vida media de los prisioneros que iba a eliminar». Así comienza Si esto es un hombre, libro que inaugura la trilogía que Primo Levi dedicó a los campos de exterminio nazis. Crónica del horror cotidiano, el libro describe en el lenguaje mesurado y sobrio del testigo la espera de la nada, la privación cotidiana, el olvido de la condición humana de los prisioneros.

Completan la Trilogía de Auschwitz dos obras posteriores: La tregua (1963), relato picaresco de las tribulaciones de un grupo de italianos, liberados de los campos nazis, que recorren durante meses los caminos de Europa central en compañía del Ejército Rojo, y Los hundidos y los salvados (1986), un ensayo en el que Primo Levi trata de comprender, a partir del ejemplo de los campos nazis, las condiciones y circunstancias que permiten la degradación del ser humano.

«El descubrimiento inaudito que Levi realizó en Auschwitz se refiere a una materia que resulta refractaria a cualquier intento de determinar la responsabilidad (…) El testigo da testimonio a favor de la verdad y de la justicia, pero (…) los verdaderos testigos (martis, en griego) son los que no han testimoniado ni hubieran podido hacerlo.» Giorgio Agamben, Lo que queda de Auschwitz (1999). 

Primo Levi: el testigo sin descanso

Escritor, judío, superviviente de Auschwitz: cabría decir que esos tres rasgos definen la identidad y el destino de Primo Levi, pero es muy revelador de su carácter que en ninguno de los tres se instalara con comodidad, o sin incertidumbres. Escribió su primer libro en 1946, cuando apenas empezaba a incorporarse en la vida normal tras el regreso de la deportación, pero lo cierto es que tardó mucho en encontrar editor, y que no volvió a publicar nada hasta 1961. Aun después de que empezara a tener lectores numerosos y a recibir premios, Primo Levi siguió dedicándose a su profesión de químico, de la que sólo se retiró en 1977, a los cincuenta y ocho años, para consagrarse en exclusiva a dos tareas que en realidad eran la misma, la de escribir y la de seguir dando testimonio de su cautiverio en Auschwitz casi en cualquier sitio donde se lo solicitaran. Por entonces ya era un escritor publicado y celebrado internacionalmente, pero le daba pudor, aseguraba, aplicarse a sí mismo ese calificativo. El oficio de químico no había sido para él uno de esos trabajos a los que los literatos se resignan quejumbrosamente para ganarse la vida: era una parte sólida y honrosa de su identidad, no menos asidua que la literatura, o que esa otra tarea que emprendió aun antes de escribir su primer libro, la de narrador de las experiencias que había conocido en el campo de exterminio: narrador en el sentido más primitivo y sagrado, el que cuenta en voz alta y se niega a permanecer en silencio, el depositario y el guardián de una memoria imprescindible.

    La Química era para Levi una vocación que implicaba una ética y también una estética: la ética del trabajo bien hecho, en el que se ponen los cinco sentidos, al que se dedican las fuerzas mejores de la inteligencia; la estética de la claridad y la precisión, antídoto contra las retóricas embusteras y las palabrerías infecciosas del fascismo, y contra las vaguedades y las indulgencias de la literatura. A Primo Levi la Química le sirvió como asidero contra una realidad hostil durante su adolescencia de judío apocado, le dio una pasión intelectual vigorizadora en medio de la conformidad social de la Italia fascista y además, literalmente, le salvó la vida en Auschwitz, al permitirle la ventaja crucial de trabajar al abrigo de un laboratorio durante los meses más fríos de un invierno que habría sido letal para él, como lo fue para tantos otros, si hubiera tenido que soportarlo a la intemperie.

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