Ficha técnica

Título: Torres de piedra | Autor: Wojciech Jagielski |  Traducción: Francisco Javi Villaverde Gonzalez |  Editorial: Debate | Colección: La ficción real | Género: Novela | ISBN: 9788483069196 | Páginas: 352 | Formato:  15,1 x 21,5 cm. | Encuadernación: Tapa blanda con solpa |  PVP: 21,90 € | Publicación: 18 de febrero de 2010

Torres de piedra

DEBATE

Torres de piedra es un extraordinario reportaje de Wojciech Jagielski sobre uno de los más trágicos y desconocidos lugares del planeta: Chechenia. Los abundantes recursos petrolíferos y el derrumbe de la URSS en 1991 alimentaron las aspiraciones independentistas de la población chechena que desembocaron en dos sangrientas guerras contra Rusia con más de 150.000 muertos. Este libro retrata la segunda de ellas, iniciada en 1999 como maniobra política para asegurar la elección de un entonces desconocido ex miembro del KGB, Vladimir Putin, y cerrada en falso en 2002 con un gobierno títere incapaz de controlar las zonas rebeldes gobernadas por la ley del más fuerte.

Jagielski nos habla de Chechenia, de sus habitantes y de la cruel guerra sostenida por un puñado de guerrilleros desesperados contra el poderoso ejército ruso. Su narración se estructura en torno a los protagonistas principales del conflicto, dos hombres que se lo deben todo a esta guerra: Shamil Bassaiev, héroe para algunos y peligroso señor de la guerra para otros, y Aslan Majsadov, político soberbio y calculador, un salvador providencial para algunos de sus compatriotas y cobarde oportunista para el resto. La guerra mantenida por ambos contra las fuerzas enemigas y sus irresolubles conflictos proporcionan al autor un valiosísimo material sobre el que construir una espléndida y conmovedora alegoría acerca de la guerra y la irreversibilidad de las buenas y malas elecciones.

«Las historias de guerra parecen sencillas de contar, pero la guerra es un catalizador extremo y terrible que acelera el tiempo de reacción, facilita la asimilación de experiencias y revela los mejores y peores aspectos de la naturaleza humana. Es como el laboratorio de un alquimista: secreto, laberíntico y rodeado por un muro en apariencia transparente pero hermético en realidad. Contemplado a cierta distancia, el muro ofrece información fragmentaria y superficial. Sin embargo, una vez que lo has traspasado y observas desde el otro lado, comprendes que en un mundo en guerra solo puedes ser partícipe, voluntario o involuntario. Es imposible permanecer como un mero investigador u observador.» Wojciech Jagielski

«Este libro de Jagielski alcanza un nuevo nivel en el grupo de descarnadas crónicas sobre uno de los  rincones más olvidados de la antigua Rusia y sobre los espantosos daños infligidos a los chechenos tanto por los líderes extranjeros como por los autóctonos. En este relato, las miserias, desgracias y peligros de la cotidianeidad chechena, cobran vida con una claridad insoportable.» The Economist

 

PÁGINAS DEL LIBRO

La niebla, fría y espesa, no se había levantado aún de la frondosa garganta, mientras un sol mortecino empezaba a despuntar lentamente sobre las cumbres, haciendo que en Shodroda, una aldea escondida entre las laderas del Cáucaso, todos se pusieran en pie para encarar una nueva jornada. La mujeres ordeñaban las vacas; los niños, desgreñados, corrían por las calles e ideaban juegos con los que pasar el rato. Una mañana normal para el pueblo, cuyos vecinos iban a sacudirse de golpe su somnolencia con la repentina llegada de los pastores: habían bajado corriendo de la pradera y, casi sin aliento, contaban a voz en grito que unos guerrilleros estaban atravesando el paso de montaña y se dirigían a la aldea.

     Conducían borricos cargados con fusiles y cajas de municiones, y caminaban sin ocultarse, como si no sintieran el menor temor a encontrarse con los soldados que patrullaban por la frontera. Al mediodía estaban ya en el pueblo. Nadie se enfrentó a ellos, entraron sin disparar un solo tiro. Los policías locales habían pasado la noche bebiendo vino para celebrar el cumpleaños de un compañero, y en cuanto se enteraron de la llegada de aquel destacamento, metieron sus fusiles en los maleteros de sus coches y salieron pitando de allí en dirección a la ciudad más cercana. Además, en la aldea apenas quedaban hombres, aparte de los abuelos, ya que en esa época del año (en pleno verano abrasador) viajaban a Rusia a trabajar en la construcción o en la recolección, y así tener dinero para afrontar en las montañas el otoño frío y mísero que se avecinaba, y el gélido invierno que lo seguiría.

     Los guerrilleros se mostraron amistosos. Reunieron a la gente en la plaza y anunciaron que habían venido de los montes para liberarlos. El comandante habló de injusticia y de funcionarios corruptos, pero también del Todopoderoso, que resarciría a los campesinos de los daños y los perjuicios sufridos.

     -¡En nombre del Todopoderoso declaro esta aldea libre e independiente de un gobierno que ha olvidado a Dios!

     El barbudo comandante prometió además que sus guerrilleros no harían nada malo a la gente del lugar, e incluso prohibió a sus hombres coger manzanas de los árboles del pueblo.

     -Uníos a nosotros y vivid según los preceptos del Altísimo

     -continuó diciéndoles a los aldeanos-. Si tenéis miedo de los helicópteros que aparecerán por aquí tan pronto como adviertan nuestra presencia, o si no os consideráis preparados para vivir como dicta el Señor, entonces podéis marcharos.

     Su decepción resultó evidente una hora después, cuando los habitantes se pusieron en camino llenos de tristeza y abandonaron la aldea, en la cual ondeaba una solitaria bandera verde colocada por los guerrilleros en el minarete de la mezquita.

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