Ficha técnica

Título: Toma interior | Autor: Van Morrison | Traducción: Miquel Izquierdo | Edición: Eamonn Hughes | Editorial: Malpaso | Páginas: 360  | Encuadernación: Tapa dura |  Tamaño: 17×21 cm | Fecha: enero/2016 | ISBN 978-84-16420-31-5 | Precio: 25,50 euros | Ebook: 10,99 euros

Toma interior

MALPASO

Van Morrison -uno de los cantantes míticos de la historia del rock- nos brinda las letras más representativas de su obra, escogidas por él mismo.Toma interior es un cancionero de dimensión lírica, edición bilingüe y presentación exquisita.

Toma interior es una representativa antología que contiene alrededor de un tercio de las letras que Van Morrison compuso a lo largo de sus más de cincuenta años de carrera. En ellas se destila todo el imaginario del «León de Belfast»: recuerdos del paisaje de su primera memoria, accesos de mística para iniciados, pedazos de una infancia no siempre añorada o algunas tribulaciones propias del desencanto que llega con la madurez.

Como Ian Rankin apunta en el prólogo: «en «Songwriter» (1995) Van Morrison implora a su público «Please, don’t call me a sage, / I’m a songwriter» [No me llames sabio, / sólo soy un cantautor]. Y así es, pero no todas las letras de los cantautores destilan tanto embrujo al despojarlas de la música. Sus palabras trazan su recorrido vital, de Belfast a Boston y más allá. Sentirás que lo conoces más después de leerlas. Mejor aún, te llevarán de vuelta a su música, música que sosiega el alma».

La crítica ha dicho:

«Van Morrison ha seleccionado personalmente las obras de su cancionero que figuran entre las que considera sus más importantes y perdurables composiciones.» Revista Rolling Stone
 

«Son las letras de algunas de las canciones compuestas a lo largo de más cincuenta años en la carretera y, como tales, entiendo que son representativas de mi viaje creativo.» Van Morrison 

«»Tupelo Honey» siempre ha existido y Van Morrison no fue más que la embarcación, el vehículo terrestre para tan alta misión.» Bob Dylan

Prólogo

 

Me puse a escuchar a Van Morrison en una playa de Scarborough azotada por el viento.

Me gustaba lo que había escuchado hasta entonces, pero tampoco era mucho. Estábamos en 1989 y la vida era dura: un piso en Tottenham que compartía con mi esposa y un gato; una carrera de escritor no del todo boyante; un trayecto de noventa minutos a mi trabajo como crítico en una revista para melómanos, empleo que ejercía en un sótano tenebroso de Upper Norwood. Una mañana, mientras me abría paso a codazos hacia el tren, sentí que el corazón me iba a estallar. Sudaba y temblaba. Se me disparó la adrenalina. El tren partió sin mí y me dirigí a la consulta del médico. Ataque de pánico, dictaminó. Si puede, váyase un tiempo de Londres. En la maleta apenas metí cuatro cosas, entre ellas mi walkman y una docena de casetes de Van Morrison: su discográfica estaba reeditando sus primeras obras y me había enviado unas copias para que las reseñara. De Tottenham Hale a la estación de King’s Cross y de allí a York, donde permanecí en el andén contemplando el panel de salidas. Nunca había estado en Scarborough. Billete, tren y, al final, un hostal sin vistas abierto fuera de temporada. Me pongo los cascos y me encamino hacia el desierto paseo marítimo con Veedon Fleece, Saint Dominic’s Preview, Hard Nose the Highway…

Sus canciones contaban historias protagonizadas por algunos personajes y había cierta reflexión. Una búsqueda de lo espiritual en lo ordinario, la esfera personal dilatándose en una dimensión universal. Sonreí con lo de «chamois cleaning all the windows» [gamuza que limpia todas las ventanas] tratando de pensar en otro gran letrista capaz de empezar una canción evocando una tarea tan cotidiana. Los cristales de las ventanas están necesitados de una buena limpieza o se trata de una absoluta falta de claridad. Entre la poesía, había espacio para el desencanto y la rabia. «The Great Deception» abordaba cuestiones como la política, los idea les espurios y la industria discográfica Era una música repleta de visiones hermosas, cantada con pasión y un fraseo inmaculado por un cantante tan mundano como arraigado a una crianza y paisaje específicos Mi esposa había crecido en el Belfast del periodo más conflictivo, de modo que pude reconocer algunos nombres de ca-lles y ciertos parajes de la campiña irlandesa Claro, no tenía idea de lo que pudiera significar «hard-nosing the highway»,* pero empezaba a intuirlo

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