Ficha técnica

Título: Todos los jóvenes tristes y literarios | Autor: Keith Gessen | Traductor: Ramón de España | Editorial: Alfaguara | Colección: Literaturas  |  Publicación: 18/2/2009 | ISBN: 978-84-204-7421-2 | EAN: 9788420474212 | Precio: 19.50 € | Páginas: 280

Todos los jóvenes tristes y literarios

ALFAGUARA

 

Con el corazón roto, Mark trata de concentrarse en su tesis sobre la Revolución Rusa, aunque continuamente queda atrapado en el porno gratuito que ofrece el ordenador. Sam se embarca en «La Primera Gran Epopeya Sionista», a pesar de que no habla hebreo, nunca ha visitado Israel y no es un judío practicante. Keith, más serio y melancólico, vive angustiado por los problemas políticos y personales, y por su incapacidad de diferenciarlos.

Todos los jóvenes tristes y literarios es una metáfora cruel de cómo la formación intelectual y la madurez sentimental pueden llegar a ser inversamente proporcionales. Keith Gessen ha creado tres personajes románticos, obsesivos e inolvidables, y ha irrumpido en la escena literaria como uno de los escritores más interesantes y prometedores de la actualidad.

 

PRÓLOGO

En Nueva York, ahorraban.

Ahorraban en zumo de naranja y pan cortado a rebanadas, ahorraban en café. En películas, revistas, entradas a museos (los viernes por la noche). Billetes de tren, billetes de metro, su apartamento en Queens. Era una regla básica y se atenían a ella. Ese año, Mark y Sasha vivían en el tren 7, y cuando salían al exterior, allá en Queens, Mark seguía a Sasha como un crío mientras ella miraba los precios de los colmados coreanos y comparaba unos con otros, con vistas a ahorrar en fruta, verduras y pastelitos coreanos. Ahorraban en ropa.

Era 1998 y estaban enamorados. Habían acabado con la universidad, con el Moscú de la infancia de Sasha, con los suburbios americanos de Mark… y habían logrado, de alguna manera, huir de todo eso con su juventud intacta. Ser pobre en Nueva York resultaba humillante, un poco; pero ser joven… ser joven era algo divino. Con más dinero del que tenían ese año, lo único que habrían logrado sería envejecer con mayor rapidez. Así pues, con la sonrisa en los labios, ahorraban.

Era 1998 y estaban enfadados. Estados Unidos había bombardeado una fábrica de medicamentos en Sudán. Estados Unidos no hacía nada en Kosovo… hasta que empezamos a soltar las bombas. Los israelíes seguían construyendo asentamientos en la Orilla Oeste, poniendo en peligro los acuerdos de Oslo, y los palestinos seguían armándose. «Contingencia e ironía, por supuesto», dijo Tom un día, en la cocina, «¿pero no nos hemos olvidado de la solidaridad?». No, no se habían olvidado.

Mark y Sasha acudían a sesiones informativas, a conferencias, a protestas en Union Square. Iban a lecturas gratuitas, a ver películas de reestreno y obras de teatro de ocho dólares. Las lecturas eran siniestras, las obras de teatro horribles y a las conferencias no iba ni Dios. Algunas de las películas estaban bien.

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