Ficha técnica

Título: Todo un hombre | Autor: Tom Wolfe | Traducción: Juan Gabriel López Guix | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativas | Páginas: 792 | ISBN: 978-84-339-7892-9 | Precio: 26,90 euros | Ebook: 15,99 euros 

Todo un hombre

ANAGRAMA

Charlie Croker es un ciudadano prominente de Atlanta. Antigua estrella del fútbol americano en su época universitaria, es dueño de un negocio inmobiliario, ha cumplido los sesenta y tiene una segunda esposa de sólo veintiocho años. Pero la vida de este triunfador se empieza a resquebrajar: siente ya en su cuerpo los primeros signos de la vejez y de pronto descubre que no puede devolver el cuantioso crédito que pidió al banco para expandir su imperio de ladrillo. Los aparentemente sólidos cimientos de su vida amenazan con desplomarse, la entidad bancaria que antes lo adulaba ahora lo persigue implacablemente, y Charlie Croker inicia un descenso a los infiernos en el que se cruzará con otros personajes: Conrad Hensley, un joven idealista que trabaja en la empresa de congelados de Croker y soporta con estoicismo los embates de la vida, y Roger White II, un abogado negro que ha ascendido socialmente y representa ante los tribunales a otro negro, éste de los suburbios más degradados, acusado de violar a la hija de un prohombre blanco.

Después de abrir en canal con afilado estilete la Nueva York de los desenfrenados años ochenta en La hoguera de las vanidades, Tom Wolfe sigue con su disección de la América contemporánea, esta vez escrutando las grietas de una de las grandes urbes del Sur: Atlanta. Y lo que emerge de esas grietas es un nuevo aquelarre de vanidades e intereses contrapuestos, conflictos raciales, corrupción de los poderes político y económico, implacable estratificación de las castas de la ciudad, manipulación del electorado, ostentación y sexo…

Una nueva muestra de una ambición narrativa sin parangón en la literatura contemporánea, heredera de maestros como Dickens y Balzac que conciben la novela como comedia humana, como caleidoscopio de una sociedad.

«Dickens lo hubiese aprobado» (H. Ritchie, The Times Books of the Year).

«Contiene fragmentos de una intensidad y una belleza nunca hallados ni en los novelistas estadounidenses contemporáneos ni en ningún otro novelista estadounidense… El libro es tan divertido como todo lo que ha escrito Wolfe, pero, al mismo tiempo, profunda y extrañamente conmovedor» (The New York Times Book Review).

«Queda claro casi desde el principio que Todo un hombre es un salto adelante enorme pero bien medido de Tom Wolfe como novelista… Su paleta novelística se ha ampliado para incluir no sólo a los ricos y poderosos, sino también a las clases medias» (Michiko Kakutani, The New York Times). 

«Lo suficientemente cautivador como para satisfacer a los más rendidos admiradores de La hoguera de las vanidades… Humano y redentor» (Ruth Rendell, Sunday Times Book of the Year).

«Una obra musculosa, caldeada por su ambientación sureña… Nos fascina por su mayúscula ambición: un periodista talentoso, inventivo y con una mente filosófica ha puesto toda la carne en el asador en este ciclorama que muestra una Atlanta todavía en guerra» (John Updike).

«Feroz e instantáneamente adictivo… Este libro se convertirá en un buen amigo del lector» (Martin Amis).

PRÓLOGO: CAPTÁN CHARLIE

Charlie Croker, a lomos de su caballo andador de Tennessee preferido, echó hacia atrás los hombros para asegurarse de que iba bien erguido sobre la silla e inspiró con fuerza… Ahhh, justo lo que necesitaba… Le encantaba la forma en que subía y bajaba el musculoso pecho bajo la camisa caqui e imaginaba que todos los participantes de la partida de caza se daban cuenta de la corpulencia de su físico. Todo el mundo; no sólo los siete invitados, sino también los seis mozos negros y su joven esposa, que montaba tras él junto a los troncos de mulas manchegas que tiraban de la calesa y el vagón de los perros. Por si acaso, sacó también los mayores músculos de la espalda, los dorsales anchos, en una versión a lo Charlie Croker del exhibicionismo de un pavo o un pavo real. Serena, su esposa, sólo tenía veintiocho años; él, en cambio, acababa de cumplir los sesenta, era calvo y una ringlera de rizos canosos le cubría los lados y la parte de atrás de la cabeza. Rara vez dejaba pasar la oportunidad de recordarle a su esposa lo recio de la cuerda – no, era un auténtico cable- que lo mantenía conectado a la vigorosa vitalidad animal de su juventud.

En ese momento ya estaban casi a dos kilómetros de la Casa Grande y se adentraban en los junciales de apariencia interminable de la plantación. Tan avanzado el mes de febrero, tan al sur en el estado de Georgia, el sol era lo bastante intenso a las ocho de la mañana para hacer que la humedad del suelo se alzara formando volutas, creara un hermoso resplandor verde en los pinares e iluminara las juncias de un dorado rojizo. Charlie inspiró de nuevo con fuerza… Ahhhhhh… el vigoroso aroma de la hierba… el resinoso aire de los pinos… la densa fragancia de todos sus animales, los caballos, las mulas, los perros… Por alguna razón, nada como el olor de los animales le recordaba de forma tan instantánea lo lejos que había llegado en los sesenta años de vida en esta tierra. ¡La plantación Termtina! ¡Doce mil magníficas hectáreas de bosques, campos y marismas en el suroeste de Georgia! Y todo eso, todos y cada uno de los centímetros cuadrados de la propiedad, todos y cada uno de los animales que se movían por ella, todos y cada uno de los cincuenta y nueve caballos, todas y cada una de las veintidós mulas, todos y cada uno de los cuarenta perros, todos y cada uno de los treinta y seis edificios que se alzaban en ella, además de una pista de aterrizaje asfaltada de kilómetro y medio equipada con surtidores de combustible y un hangar… todo eso era suyo, del Captán Charlie Croker, suyo para que hiciera lo que le diera la gana, a saber: cazar codornices.

Con semejante exaltación del ánimo, se volvió hacia su compa-ñero de cacería, un hombre robusto y de cara rojiza llamado Inman Armholster, que cabalgaba junto a él en otro de sus caballos andadores, y dijo:

-Inman, te voy a…

Sin embargo, Inman, con el vozarrón típico de Inman Armholster, lo interrumpió e insistió en continuar con una disquisición bastante aburrida sobre la inminente campaña electoral para la alcaldía de Atlanta:

-Mira, Charlie, ya sé que Jordan tiene carisma, educación, que habla blanco y todo eso, pero eso no quiere – quie- decir que sea amigo mí…

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