Ficha técnica

Título: Tocar el agua, tocar el viento | Autor: Amos Oz | Traducción: Raquel García Lozano | Editorial: Siruela | Colección: Biblioteca Amos Oz, 9 | Encuadernación: Rústica con solapas (Disponible en EPUB, Kindle) | Páginas: 212 | Dimensiones: 145 x 215 mm | ISBN: 978-84-16854-05-9 | Fecha: sept 2016 | Precio:

Tocar el agua, tocar el viento

SIRUELA

¿Es posible que una novela nos haga reflexionar sobre los límites del cuerpo y el alma, sobre la callada fuerza de la Naturaleza, sobre la imposibilidad de entender la muerte y la infinitud, sobre los anhelos metafísicos y la iluminación? Quizá Tocar el agua, tocar el viento hable de todo ello.

Mientras en 1939 los nazis se adentran en Polonia, el matemático y relojero judío Elisha Pomeranz se ve forzado a huir a los gélidos bosques, dejando atrás a su bella e inteligente esposa, Stefa. Después de la guerra, tras haber eludido los campos de concentración, ambos consiguen ir rehaciendo sus vidas mientras buscan el momento de reencontrarse: Stefa, en la Rusia de Stalin, y Elisha, en Israel, donde otro conflicto está empezando a fraguarse… 

En esta novela, Amoz Oz añade a su relato un marco de fantasía alegórica, de cuento popular. Así, del mismo modo en que las figuras de Chagall resuelven con total naturalidad los problemas gravitacionales, Elisha levita y sobrevuela «los alemanes, los bosques, las cabañas, los fantasmas, los lobos»; Stefa, por su parte, se convierte en una especie de heroína cómica de la burocracia soviética. Pero, cuando el matrimonio se reúna por fin, será solo para desaparecer de nuevo, convertidos ya en seres tan insustanciales como todos aquellos que se han alejado demasiado de la tierra para escapar de los corrosivos tentáculos del mal.

 

1

Polonia, principios del invierno, año treinta y nueve.

Un profesor judío llamado Pomeranz huyó de los alemanes y se ocultó en los bosques. Era un hombre rechoncho de ojos diminutos y mandíbulas anchas, casi diabólicas.

Parecía un astuto espía de una comedia americana. Daba clases de matemáticas y física en el Instituto Nacional Mickiewicz de la ciudad de M. En sus horas libres se dedicaba a ciertas investigaciones teóricas, pues los secretos de la naturaleza despertaban en él una fuerte pasión. Se rumoreaba que estaba a punto de hacer algún descubrimiento en el campo de la electricidad o del magnetismo. Y sobre su labio superior cuidaba con cariño un fino y nervioso bigote.

Al principio, Pomeranz se ocultó en medio de un bosque, en una cabaña abandonada que había pertenecido a un leñador llamado Dziobak Przywolski. El tal Przywolski había muerto la primavera anterior a manos de los campesinos.

Lo mataron a hachazos porque siempre andaba por el bosque con un gorro frigio naranja y unas botas rojas, hacía pequeños milagros ante los aldeanos y proclamaba que su nacimiento había sido virginal. Entre otras cosas, era capaz de sanar una muela mediante encantamientos, de seducir a una joven campesina valiéndose de canciones de iglesia, de sacar a los perros pastores su lado más salvaje y devolverles la calma de un plumazo, y también de elevarse un poco en la oscuridad de la noche solo con que hubiese un viento propicio. Asimismo, solía eructar mucho y robar gallinas a diestro y siniestro.

Una vez, en Viernes Santo, el leñador se jactó ante los aldeanos de que, si le golpeaban la cabeza con todas sus fuerzas con un hacha, el hacha se rompería. Así que le golpearon con todas sus fuerzas, y el hacha quedó intacta.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]