Ficha técnica

Título: Tócala otra vez, Bach. Todo lo que necesitas saber de música para ligar | Autor: Máximo Pradera | Editorial: Malpaso | Colección: No ficciónPáginas: 264 | Encuadernación: Tapa dura | Tamaño: 14×21 cm | ISBN 978-84-15996-80-4 | Fecha: 2016 | Precio: 17,50 euros | Ebook: 6,99 euros

Tócala otra vez, Bach

MALPASO

Un recorrido burlón por los misterios más insondables y las anécdotas más divertidas de la música.

Tócala otra vez, Bach. Todo lo que necesitas saber de música para ligar es un libro que no le garantiza al lector una mejora automática de sus (malas) artes seductivas, pero sí un valioso incremento de sus saberes, además de muchas sorpresas y unas cuantas risas.

Máximo Pradera es un personaje muy popular en los medios de comunicación de nuestro país. Su ingenio y su infatigable capacidad para la polémica han sido justamente recompensados con una legión de admiradores y una caterva de enemigos. Pero no todo el mundo sabe que el señor Pradera es un experto en seriedades melódicas. Aquí, con la excusa pintoresca de ayudarnos en las artes de la seducción, ilumina el complejo mundo de la música clásica, logra ampliar nuestro horizonte y ofrecernos unas horas de deliciosa lectura.

 

OBERTURA: POSTUREA, QUE ALGO QUEDA

Cuando Malpaso me planteo la posibilidad de escribir otro libro dedicado a mis incesantes devaneos con la música (en el año 2005 publiqué un ensayo de apreciación musical que lleva por titulo De qué me suena eso), contesté que con un semitratado sobre la materia era más que suficiente. Al poco tiempo, sin embargo, se me ocurrió que podía abordar el mismo tema desde una perspectiva radicalmente distinta. Acababa de entregar el manuscrito de Madrid confidencial, que habla mucho y mal del ínclito Gallardón y tenía muy fresco a tan siniestro personaje, sobrino bisnieto de Isaac Albéniz, que, a falta de una identidad propia, se construyó una ficticia donde la música le proporcionaba la pátina de distinción intelectual que su gigantesca vanidad tanto (y tan infructuosamente) anhelaba.

Sí, estaba decidido: escribiría un libro sobre la música culta como ornamento y barniz de la personalidad, un ensayo en el sentido más literal de la palabra, un breviario informal, a veces casi gamberro, sobre la música clásica convertida en instrumento para el postureo social. Y, por esa vía, también una modesta reflexión sobre las presunciones humanas.

Desde Diógenes el Cínico hasta hoy no han faltado censores de la pedantería, pero el rey contemporáneo de la burla contra la fatuidad cultural quizá sea Woody Allen. Su escarnio del domine engolado sigue siendo uno los mejores gags de toda su filmografía. Recordemos la escena de Annie Hall por si alguien no la ha visto (ceguera imperdonable) o la ha olvidado (olvido improbable): Woody esta con Annie en la cola de un cine y tienen detrás a un pelmazo que pontifica en voz alta sobre Federico Fellini, una de las figuras que más admira. Su creciente indignación estalla cuando el sabihondo cita a Marshall McLuhan; entonces se dirige al espectador y consigue que el propio McLuhan aparezca como por arte de magia para dejar en evidencia al pedante: «¡Usted no sabe nada sobre mí, no sé cómo le dejan dar clase!»

También resulta entrañablemente ridículo el personaje de Joe en Everybody Says I Love You (interpretado por el propio Allen), que se aprende en una noche una monografía sobre Tintoretto para impresionar a Julia Roberts.

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