Ficha técnica

Título: Titanes del coco |  Autor: Fabián Casas | Editorial: LITERATURA RANDOM HOUSE | Formato: Tapa blanda con solapa | Páginas: 208 | Medidas: 135 X 230 mm | ISBN: 9788439731429 | Fecha: jun/2016 | Precio: 18.90 euros | Ebook: 7,99 euros |

Titanes del coco

LITERATURA RANDOM HOUSE

«Ahí estábamos, como hormigas en sus cubículos, trajinando los pasillos, fumando, escribiendo, seduciéndonos, odiándonos, benditos y malditos todos nosotros, los periodistas, esas causas perdidas que dan alimento a gente como Robinson.»

Andrés Stella, joven redactor de un diario, es elegido por su jefe para formar parte de la creación de un nuevo suplemento, cuya primera nota será una investigación sobre Galarraga, esotérico preceptor de un colegio del barrio bonaerense de Boedo que cobró notoriedad tras el suicidio de una alumna y el secuestro de otra.

En lo que va de sus comienzos a su ascenso repentino, Andrés conoce a varios personajes que marcarán su carrera y su vida: Jorge Aluzino, poeta y suerte de padrino laboral; el Sereno, llamado así por su insomnio crónico; la Giganta, la periodista más deseada de la redacción; el Flaco Pantera, la Porota, la Garza… Sus historias despliegan un entramado de vida cotidiana y situaciones personales que se suceden en un ida y vuelta del presente al pasado. Mientras avanza en la investigación del caso Galarraga, Andrés vive un amor intenso con Blanca Luz, a la que conoce en una piscina popular y que lo inicia en el extraño deporte del «triping».

 

Reseñas:

«Uno de los poetas centrales de la línea objetivista, que desde los años noventa renovó vigorosamente la lírica rioplatense. [#] Una sensibilidad en la que, sin impostura, Schopenhauer yAstroboy juegan en el mismo equipo.» Babelia, El País

«Uno de los escritores más audaces.» El Cultural de El Mundo

«Esquivando géneros, sacudiéndose las rémoras de la nostalgia, Titanes del coco no deja de ser una Bildungsroman, deforme y tardía, pero Bildungsroman al fin. Una novela de iniciación narrada por iniciados.» Revista Ñ

«Digamos que Fabián Casas es, sencillamente, un escritor. Uno de los que escribe para pensar, o piensa escribiendo.» La Nación

«Describe el mundillo de una redacción, habla de nosotros los periodistas, pero podría hablar de cualquier otra profesión y sus personajes, sus amores, sus miserias#» [REC], 360 TV

«Fabián Casas construye un mundo narrativo extraordinariamente convincente, dotado de un humor sutil y de un seco, intenso lirismo.» Ignacio Echevarría

«Fabián Casas es un genio.» Rodolfo Fogwill

«Hablar con Fabián Casas fue una nueva educación para mí.» Viggo Mortensen

 

LA ESTRATEGIA DEL BAÑERO

Todavía se fumaba en los diarios. El Perro prefería los Imparciales negros, aceitunados. Antes de que el Perro me pasara al caso Galarraga, yo había estado trabajando en la investigación de una red de ladrones de arte. Me acuerdo que sacamos la nota -la firmó la Garza- e inmediatamente cayeron al diario un montón de cartas-documento de los tipos implicados. Hasta antes del caso Galarraga, yo sólo había hecho informes. ¿Qué significa eso? Derecho de piso. Uno mete las manos en la mierda, suda la camiseta, hace llamados, entrevistas y después es otro el que firma la nota, el que junta los retazos de información y la escribe.

Cuando se llega a la mitad de la vida el tiempo lineal deja de existir. Todo pende de un hilo y uno puede llegar a recordar cosas que van a suceder en el futuro. De todas formas, éste es mi informe sobre ciegos.

Los altos jefes de las redacciones por lo general moran en peceras de vidrio. La tropa está amontonada al tuntún, en los escritorios. La pecera del Perro estaba ese día justo enfrente de mi escritorio provisorio. Digo provisorio porque no se me había asignado uno especial. Así que tenía detrás mío al Flaco Pantera, y al costado al Sereno. La Porota, una mujer de ojos inmensos, tipo manga, de carácter extravertido y demencial, se sentaba en diagonal a nosotros. La Porota había escrito una novela que yo había leído a lo largo de una semana, mientras cagaba. Muy buena. Esta mujer se llevaba mal con el Perro -al que acusaba de misógino- y tenía el cargo de redactora especial. Es decir, que estaba por encima de mí, del Flaco y del Sereno, quienes, a su vez, estaban por encima de mí. Yo no tenía jerarquía, era un soldado raso. Hasta que mi mirada se cruzó con la del Perro. Que me hace un gesto con la mano, desde su remota pecera. Salgo de mi escritorio, esquivo a la Porota, que lleva un café humeando, y me meto en la pecera del Perro. Cierro la puerta. No hay ruido, parece que estuviéramos envasados al vacío. Che, está todo chequeado, ¿no?, dice el Perro. Sí, le digo.

 

 

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