Ficha técnica

Título:Tierra | Autor: David Vann | Editorial: Mondadori | Traductor: Luis Murillo Fort |  Precio con IVA: 21,90 euros | Formato: tapa Dura | Páginas: 256 | Medidas: 140 X 240 mm | ISBN: 9788439726562 | Epub: 13,99 euros

Tierra

MONDADORI

 

Tierra, la nueva novela de David Vann abandona Alaska, el mítico territorio explorado en Caribou Island, para instalarse en la soleada California. Allí, el joven Galen vive con su madre en un ambiente familiar en plena descomposición. La disputa por una sustanciosa herencia será la causante de tensiones domésticas y la sombra de la fatalidad planea sobre sus cabezas. 

Tras la excepcional y debutante Sukkwan Island y su posterior novela Caribou Island, David Vann nos transporta, con Tierra, a la soleada california para presentarnos la historia de una familia desestructurada, cuyos rencores les arrastrarán a un punto oscuro y sin retorno.

«El señor Vann ha demostrado con este nuevo libro que es un escritor de la cabeza a los pies […]. En Vann hay algo que lo aproxima a la estirpe melvilliana de la novela americana contemporánea que señaló Harold Bloom. Una obra de arte.» José María Guelbenzu, El País «Como Melville, Faulkner y McCarthy, Vann ya es un grande de la literatura americana de hoy.» Manuel de la Fuente, ABC 

 

 

Comienzo del libro

 

Galen esperaba a su madre bajo la higuera. Estaba leyendo Siddhartha por enésima vez, el joven Buda con la mirada fija en el río. Sentía la enorme presencia de la higuera, atento a escuchar el no viento, la quietud. El calor opresivo del verano aplastando la tierra. Su cuerpo cubierto casi por entero por una satinada película de sudor. La vieja casa, los árboles vetustos. La hierba, muy crecida, le producía comezón en las piernas. Pero él intentaba concentrarse. Oír el no viento. Centrarse en la respiración. Que pasara de largo el no yo. Galen, le llamó su madre desde dentro. Galen. Respiró más profundamente, tratando de que su madre pasara de largo. Ah, estás ahí, dijo ella. ¿Tomamos el té? Él no dijo nada. Centrado en su respiración, con la esperanza de que ella se marchara. Pero, claro, él la estaba esperando, esperando la hora del té. Ayúdame a sacar la bandeja, dijo ella, y él suspiró y dejó el libro y se puso de pie, las piernas acalambradas de tenerlas cruzadas tanto tiempo. Toma, dijo su madre al entrar él en la cocina. Madera vieja bajo sus pies descalzos. Aspereza de barniz descascarillado. Cogió la bandeja, antigua y pesada, de plata, la tetera de plata, recargada, las tazas blancas de porcelana, todo lo que le deprimía, y mientras tenía las manos ocupadas su madre se inclinó hacia él por detrás y le plantó un beso, notó sus labios en la nuca y aquel ruidito supuestamente simpático que hacía siempre, y eso le provocó un respingo y muchas ganas de gritar. 

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