Ficha técnica

Título: Tierra de extraños | Autor: Ash Amin | Editorial: Galaxia Gutenberg | Traducción: Laura Sales Gutiérrez| Colección: Ensayo | ISBN: 978-84-15472-63-6 | Páginas: 256 | Precio: 21,90 euros

Tierra de extraños

GALAXIA GUTENBERG

 

Las relaciones humanas en nuestra sociedad son cada vez más impersonales. Y un número creciente de ciudadanos añora los tiempos en que los vínculos personales eran más intensos. El pluralismo en que vivimos es a menudo rechazado y aumenta la aversión hacia el otro, hacia el extraño. Todo ello acrecentado por la ansiedad ante la falta de perspectivas y la incertidumbre hacia el futuro.

Tierra de extraños ofrece argumentos para rebatir estas peligrosas tendencias y para forjar distintas maneras de relacionarse con el extraño, tanto en las esferas de lo público como en lo privado, a la vez que elabora elementos para una política de la diversidad apropiada a los tiempos que vivimos.

 

 

Por una política de lo común
Contra la gestión criminal del extraño

 

El maltrato al extraño, al otro, al inmigrante, al extranjero paria, es un crimen que las sociedades europeas tienden a absolver, cuando no a premiar, con grave responsabilidad de los gobernantes y de parte de los medios de comunicación. Estigmatizar al extraño no es sólo patrimonio de la extrema derecha. Gobiernos de derechas y de izquierdas han promulgado leyes de extranjería que niegan la dignidad del que viene de fuera y los consagran como humanos de segunda categoría. El gobierno socialista español de José Luis Rodríguez Zapatero, con la complicidad de Europa entera, convirtió las vallas de Ceuta y Melilla en verdaderos monumentos a la ignominia, para que los africanos entiendan que el primer mundo pone un peaje a su entrada: la muerte. El gobierno conservador español del PP ha cometido la infamia de retirar la tarjeta sanitaria a los inmigrantes sin papeles como si su condición de ilegales suspendiera su derecho a la vida. El presidente francés Sarkozy lanzó una campaña de persecución de los gitanos, que buscaba recuperar el afecto del electorado estimulando el sadismo ordinario de los ciudadanos. Desde la caída del muro de Berlín, los muros han proliferado en todas partes con un objetivo principal: impedir la entrada del extraño. Siempre han fracaso en su intento, pero a costa de poner a millones de personas en alto riesgo y de alimentar las bajas pasiones de los ciudadanos contra el otro, convertido en enemigo y chivo expiatorio de todos los males. 

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