Ficha técnica

Título: Télex desde Cuba | Autor: Rachel Kushner | Traducción: Gabriela Bustelo |  Editorial: Libros del Asteroide | Género: Novela | ISBN: 978-84-92663-39-2 | Páginas: 424 | Formato:  21,5 x 14 cm. | PVP: 22,95 € | Publicación: 2 de Mayo 2011

Télex desde Cuba

LIBROS DEL ASTEROIDE

En los años cincuenta la economía cubana está dominada por Estados Unidos, que ejerce un férreo control de la producción de azúcar y níquel. En la provincia de Oriente, donde están establecidas algunas de las grandes compañías norteamericanas, la clase dominante, formada por directivos estadounidenses y sus familias, lleva un estilo de vida casi colonial. Everly Lederer y K. C. Stites son dos niños que se han criado en ese pequeño paraíso de olor dulzón y clima amable, rodeados de criados y de una naturaleza exuberante, y desde el que apenas atisban la situación real de la isla.

Mientras, en las montañas, un grupo de «barbudos» encabezado por Fidel Castro comienza a organizarse y a poner en marcha una revolución que acabará con la caída del dictador Batista y la expulsión de los norteamericanos de Cuba. Y en La Habana, La Mazière, un oscuro traficante de armas francés coquetea con una bailarina de cabaré que le facilitará el acceso a los cubanos más poderosos.

A través de estos personajes y sus historias entrecruzadas, Télex desde Cuba nos ofrece una visión inédita de un periodo crucial de la historia contemporánea que certificó el fin de una época

«Absorbente y con una trama sorprendentemente rica en niveles de lectura (…) llena de imágenes deslumbrantes (…) Kushner ha construido una historia que perdurará como el aroma de un decadente perfume colonial.» Susann Cokal, The New York Times Book Review

«Una novela deslumbrante (…) Un libro que funciona como una fluida y reveladora sinfonía.» Michael Upchurch, The Seattle Times

«Un auténtico regalo desde la primera a la última página.» The Washington Post

«Con sus agudos y precisos detalles y sus personajes sólidamente construidos, Télex desde Cuba ofrece un convincente y absorbente retrato de un paraíso corrupto.» People

 

Prólogo  

Everly Lederer, enero de 1952.

Ahí estaba, sobre el globo terráqueo, una raya intermitente de color azul oscuro que atravesaba el trecho azul claro del Atlántico. Por encima, tres palabras en una tenue letra cursiva: Trópico de Cáncer. Los mayores le decían que dejara de preguntar qué era esa línea y le daban una sosa respuesta que no le servía de nada: «Se trata de una latitud, en este caso de veintitrés grados y medio». Ella se imaginaba la línea como una interminable guirnalda de algas prolongándose sobre las aguas hacia un horizonte lejano. Sobre el globo, los continentes parecían estar envueltos en varias capas azules en distintos tonos, pero ¿cómo era posible que los océanos tuvieran zonas geográficas, si no pertenecen a ningún país?, ¿cómo cabe dividir una superficie ajena a la lluvia y a las fronteras, un espacio donde no se puede dejar un objeto en un lugar fijo? Una vez vio un globo terráqueo antiguo en el que había un solo mar enorme, llamado Océano, que rodeaba la Tierra. En lugar del Polo Norte había una región llamada Cielo. Y en lugar de Polo Sur, Infierno.

   De la lista de temas para hacer el comentario de texto, ella eligió el color negro, aunque reducir La isla del tesoro a una serie de cosas negras era traicionar la historia de la novela, que no es sobre el negro, sino quizá sobre lo necesarios que son los padres para los hijos, a veces más listos que los adultos y menos proclives a caer en los vicios habituales. Pero también es verdad que la bandera pirata es negra y que sale un Perro Negro que aparece misteriosamente en la posada Almirante Benbow pidiendo ron. Y en la isla desierta hay noches de penumbra teñidas de la sombra más negra de todas: la sombra negra del peligro. Y también sale esa «mota negra» que reparten los piratas como una especie de amenaza. Una condena a muerte, en realidad. «¿Quién me dio la mota negra?», pregunta el capitán Silver. Es la muerte simbolizada por una mancha de carbón en una hoja de papel. La hoja está arrancada de la Biblia, que acaba con un boquete en pleno Apocalipsis. Y ya se sabe que los agujeros también son negros.

   Había leído que en el mar de los Sargazos hay una masa de algas tan grande como una ciudad y esperaba que algo de eso encontraran. En el océano también flotan otras cosas como la echazón, todo lo que arrojan los marinos al agua para aligerar la carga del barco, y los desechos, un batiburrillo de cosas arrastradas por las aguas, como los cocos que aparecían rodando por las costas europeas cuando nadie imaginaba lo que podía haber al oeste. Quizá aún sigan apareciendo cocos en las playas, pero ahora que se venden en las tiendas, han perdido el misterio. En aquel entonces la gente los guardaba para enseñarlos como un amuleto exótico. O los abría con un cuchillo y se quedaban asombrados ante el líquido lechoso que soltaban, grasiento y maloliente. Y no porque fuera venenoso, sino por haberse podrido después de un viaje tan largo y azaroso. Al fin y al cabo, se trataba de un fruto que había sido trasladado a miles de kilómetros de su hogar, apartado de su nicho entre las verdes frondas de una palmera.

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