Ficha técnica

Título: Superfreakonomics. Enfrentamiento global, prostitutas patrióticas y por qué los terroristas suicidas deberían contratar un seguro de vida. | Autores: Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner |  Traducción: Juan Manuel Ibeas | Editorial: DebateGénero: Ensayo | ISBN: 9788483069110 | Rango de edad: Adultos | Páginas: 128 | Temática: Economía y empresa | Encuadernación: Tapa blanda con solapa  |  PVP: 20,90 € | Publicación: Julio de 2010

Superfreakonomics

DEBATE

La economía es una ciencia árida e impopular, vista con recelo sobre todo en los tiempos que corren. Sin embargo, no tiene porqué ser así. Hablar de economía no sólo es hablar de inflación, tipos de interés y fluctuaciones bursátiles. También lo es hablar de prostitución, tráfico de drogas, las consecuencias imprevistas de ver televisión por cable o los peligros de caminar borracho Todos son ejemplos del denominado «enfoque económico», expresión popularizada por Gay Becker, economista que obtuvo el premio Nobel en 1992.

Partiendo de ese punto de vista, Steven D. Levitt publicó el libro Freakonomics, un fenómeno editorial que vendió más de 4 millones de ejemplares en más de 30 países que cambió el modo en que veíamos el mundo y demostró que la economía es una herramienta para ver el mundo. Ahora, de nuevo con el periodista Stephen Dubner, regresa con SuperFreakonomics, una obra repleta de preguntas más audaces y resultados más sorprendentes.

En SuperFreakonomics, Levitt y Dubner combinan la agudeza de su pensamiento con su habilidad para contar historias de modo único, ya sea a la hora de buscar soluciones al calentamiento global o para explicar porqué el precio del sexo oral ha caído tan drásticamente. Tras cuatro años de trabajo, SuperFreakonomics plantea no solo las cuestiones más complicadas sino también las más inesperadas: ¿qué es más peligroso, conducir borracho o caminar borracho? ¿Por qué la quimioterapia se recomienda tanto si es tan poco efectiva? ¿Puede un cambio de sexo multiplicar tu salario? ¿Por qué los médicos se lavan las manos tan poco? ¿Cuánto bien hacen los asientos de los coches? ¿Cuál es la mejor manera de atrapar a un terrorista? ¿Provocó la televisión un incremento del crimen? ¿Qué tienen en común los huracanes, los ataques al corazón y las muertes en carretera? ¿El ser humano está programado para el altruismo o para el egoísmo? ¿Puede que comer canguros salve el planeta? ¿Qué añade más valor, una prostituta o un agente inmobiliario?

Al estudiar cómo la gente responde a los incentivos, muestran el mundo tal cual es: bueno, malo, feo y en última instancia, superfreaky.

Muchos han intentado imitar el éxito de Freakonomics, pero sólo SuperFreakonomics lo supera.

«Una demostración de lo que la vieja y aburrida economía puede hacer en manos de un profesor de una inteligencia extraordinaria y una curiosidad infinita». The Economist

 

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¿En qué se parece una prostituta de la calle a un
Santa Claus de unos grandes almacenes? 

Una tarde, no hace mucho tiempo, en un día agradablemente fresco de finales del verano, una mujer de veintinueve años llamada LaSheena se sentaba en el capó de un SUV frente a Dearborn Homes, un proyecto urbanístico en el South Side de Chicago. Tenía una mirada abatida, pero por lo demás parecía juvenil, con su atractivo rostro enmarcado en una melena lisa. Vestía un holgado chándal negro y rojo, como los que había usado desde que era niña. Sus padres casi nunca tenían dinero para ropa nueva, así que ella solía recibir las prendas que dejaban sus primos varones, y se le quedó la costumbre.
 
    LaSheena estaba hablando de cómo se gana la vida. Describió cuatro fuentes principales de ingresos: mangar, dar el agua, cortar el pelo y hacer la calle.
«Mangar», explicó, es robar en las tiendas y vender el botín. «Dar el agua» significa vigilar mientras la pandilla local vende drogas. Cobra 8 dólares por cortarle el pelo a un niño y 12 por cortárselo a un hombre.
 
    -¿Cuál es el peor de los cuatro trabajos?
 
    -Hacer la calle -dijo sin vacilar.
 
    -¿Por qué?
 
    -Porque la verdad es que no me gustan los hombres. Creo que me causa problemas mentales.
 
    -¿Y si con la prostitución se ganara el doble?
 
    -¿Si lo haría más? -preguntó-. ¡Sí! 
 
 
A lo largo de la historia, ha sido invariablemente más fácil ser hombre que ser mujer. Sí, es una generalización muy grande y, sí, hay excepciones, pero desde todos los puntos de vista, las mujeres lo han tenido más difícil que los hombres. Aunque los hombres se encargaban de la mayor parte de la actividad guerrera, la caza y los trabajos de fuerza bruta, las mujeres tenían una esperanza de vida más corta. Algunas muertes eran más insensatas que otras. Entre los siglos XIIIy XIX, un millón de mujeres europeas, la mayoría pobres y muchas de ellas viudas, fueron ejecutadas por brujería, tras ser culpadas del mal tiempo que destruía las cosechas.
 
    Las mujeres han superado por fin a los hombres en esperanza de vida, gracias principalmente a los avances médicos relacionados con el parto. Pero en muchos países ser mujer todavía sigue siendo un grave handicap incluso en el siglo XXI. En Camerún, a las mujeres jóvenes se les «aplanan» los pechos -golpeándolos o masajeándolos con un almirez de madera o con una cáscara de coco caliente- para que sean menos tentadoras sexualmente. En China, por fin se ha abandonado la costumbre de vendar los pies (después de unos mil años), pero las niñas todavía tienen muchas más probabilidades que los niños de ser abandonadas después de nacer, de ser analfabetas y de suicidarse. Y las mujeres de la India rural, como decíamos antes, siguen enfrentándose a la discriminación en casi todos los aspectos. 

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