Ficha técnica

Título: Su pasatiempo favorito | Autor: William Gaddis   | Traducción: Flora Casas |   Editorial: Sexto Piso| Colección: Narrativa Sexto Piso  | Año de publicación: febrero 2016 |  ISBN: 978-84-16358-12-0 | Páginas: 696 | Formato: 15 x 23 | Precio: 30 euros   

Su pasatiempo favorito

SEXTO PISO

«¿Justicia? La justicia se encuentra en el otro mundo. En éste lo que hay son leyes», reza, de manera muy significativa, el inicio de la novela. En Su pasatiempo favorito, la ley es omnipresente debido al interminable número de litigios, a cuál más rocambolesco, que atestan sus páginas (en especial, y de manera central, la demanda por plagio que Oscar Crease, un profesor de universidad, interpone a un productor de cine), pero no sabríamos decir si en esta trama de timos, farsas e intereses hay el menor atisbo de justicia. Así las cosas, no es de extrañar que la visión que Gaddis nos ofrece del sistema legal estadounidense sea tan hilarante como desencantada.

Publicada en 1994 y ganadora del National Book Award, Su pasatiempo favorito es la cuarta novela de Gaddis, y la última que publicó en vida. Si en la también monumental Jota Erre (merecedora de otro National Book Award) Gaddis lanzaba sus dardos contra la locura financiera que domina su país, en esta ocasión se centra en otro de los deportes estadounidenses por antonomasia: el afán por pleitear, tras el cual no se esconde sino la fiebre por el dinero, la auténtica religión de nuestro tiempo.

Su pasatiempo favorito es una ingeniosa sátira, un vodevil polifónico que saca gran provecho del incontestable talento de Gaddis para los diálogos. Es ésta una novela de primer orden, parangonable a logros tan mayúsculos como Los reconocimientos o la ya citada Jota Erre, un texto tan brillante como disfrutable, que merece ser (re)descubierto y celebrado, con todos los honores, por el público lector en lengua española.

«Es grandioso, es genial y es Gaddis… ¿Qué más hace falta decir?». Steven Moore

 

PÁGINAS DEL LIBRO

     -¿Justicia? La justicia se encuentra en el otro mundo. En éste lo que hay son leyes.

     -Bueno ya Oscar quiere las dos cosas. O sea esa forma de hablar sobre el orden… -apartó un pie amenazado por un viejo que avanzaba a lomos de una silla de ruedas-, como si lo único que buscara fuera una especie de orden.

     -Que los trenes salgan a su hora, eso era lo que…

     -No me refiero a los trenes, Harry.

     -A lo que yo me refiero es al fascismo, en eso acaba la obsesión por el orden. Lo demás es pura ópera.

     -Pero ¿tú sabes lo que de verdad quiere?

     -Los que se presentan ante los tribunales exigiendo justicia lo único que andan buscando es llevarse un millón de dólares.

     -No es solamente el dinero, qué va, lo que de verdad quieren es…

     -El dinero y nada más que el dinero, Christina. Mira, lo demás es pura ópera.

     -Lo que de verdad quieren esos fascistas que dices, o sea, Oscar y todos en realidad ¿qué es? -Dio unos golpecitos desafiantes con el pie siguiendo el tintineante ritmo de marimba que se filtraba en la sala de espera desde algún lugar cercano a las cortinas, donde la silla de ruedas se había quedado quieta tras colisionar con un radiador-. ¿Trenes y fascismo? Porque eso no tiene nada que ver, ni tampoco «la opulencia de lujosas butacas de terciopelo, brillante espectáculo y magnífico canto», a menos que así intenten que también los tomen en serio. Porque el dinero no es más que un criterio ¿no? Es la única referencia común que tiene la gente para que otras personas se las tomen tan en serio como ellas se toman a sí mismas. Quiero decir eso es lo único que de verdad piden ¿no? Piénsalo Harry.

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