Ficha técnica

Título: Stet [vale lo tachado] Recuerdos de una editora | Autora: Diana Athill |  Traducción: Miguel Martínez-Lage | Editorial: Trama  | Colección: Tipos Móviles, 7Género: Ensayo | ISBN: 978-84-92755-33-2 |          Páginas: 256 | PVP: 24,00 € | Publicación: 1 de Junio 2010

Stet

TRAMA EDITORIAL

STET [vale lo tachado] Recuerdos de una editora es una obra lúcida, divertida y humana que atrapa desde las primeras líneas, plagada de anécdotas, sinsabores y sorpresas, siempre desde el punto de vista de una «editora de mesa» -como Diana Athill se definía-, que ofrece al lector las claves del día a día del trabajo editorial.

Durante casi medio siglo de trabajo en la editorial londinense André Deutsch Ltd., Diana Athill ayudó a lanzar la carrera de algunos de los autores más brillantes de la generación de posguerra, como Molly Keane, Norman Mailer, Brian Moore,V.S. Naipaul, Jean Rhys, Mordecai Richler, Philip Roth, Gitta Sereny o John Updike, ganándose su lealtad y, en ocasiones, su amistad.

En estas memorias, escritas con profunda honestidad, Diana Athill nos cuenta cómo fueron sus primeros años de aprendizaje en el oficio y los problemas que tuvo que enfrentar -entre ellos la autocrática actitud de André Deutsch, su jefe y compañero-, pese a los cuales siempre amó su trabajo, al que se dedicó con inteligencia y cariño. Los profesionales de la edición, y todos aquellos que simplemente amen la literatura, encontrarán irresistible este relato. Ella misma nos dice que responde a un «intento de restituir mediante un gran Stet enmarcado en un círculo al margen, al menos parte de mi experiencia en su forma original».

 

I

     Hace unos cuantos años, Tom Powers -editor americano que es además historiador y escritor- tuvo la amabilidad de decirme que debería escribir un libro sobre mis cincuenta años en la edición. Y añadió: «No dejes de hablar de cifras, de todas las cifras. Eso es lo que todo el mundo quiere conocer». Con estas bienintencionadas palabras, por poco me dejó sin libro antes incluso de empezar.

     A resultas en parte de un condicionante -como he de aclarar-, pero también, no me cabe duda, a resultas de cierta manía, si no es un vicio, no tengo memoria para los números. Cuando rememoro las distintas casas en las que he vivido en Londres veo bien el color de la puerta, elmodo en que se habían desgastado los peldaños de acceso, el tipo de barandillas que guardaban la entrada, pero no recuerdo ni uno solo de los números. Tengo el mismo número de cuenta corriente desde hace años, pero aún he de consultar el talonario cada vez que necesito dárselo a alguien. Cuando tenía que indicar a uno de mis autores cuántos ejemplares de su libro íbamos a imprimir, podía decírselo siempre y cuando tuviese a mano toda la información; si me lo preguntasen al cabo de tres meses, imposible saber si eran tres mil o cinco mil. Las únicas cifras de carácter editorial que aún recuerdo con toda claridad son las vergonzantes veinticinco libras que pagamos a Jean Rhys por la opción de ver su novela, Ancho mar de los Sargazos, y otra sin duda impresionante (en aquel entonces): las 30.000 libras que nos pagaron por los derechos de publicación por entregas de
las memorias de Franz von Papen.

     Claro que, seguramente, podría indagar todo lo relativo a las cifras e informarme debidamente.

     Pues no. Imposible.

     Tom Rosenthal adquirió en 1985 la titularidad de André Deutsch Limited, la empresa en la que fui directora de departamento desde su fundación, cuarenta años antes. Al poco tiempo, Tom vendió la totalidad del archivo a la Universidad de Tulsa, en Oklahoma, y yo no dispongo ni del dinero ni de la energía que se precisan para ir a Tulsa y sumergirme bajo esa montaña de papeles. Y confieso que me siento agradecida por estas carencias, porque hay buenos investigadores que disfrutan llevando a cabo esa clase de indagaciones, cosa que amí jamásme ha pasado, y a estas alturas no creo que vaya a desarrollar el instinto que se precisa, puesto que ya paso de los ochenta. Así las cosas, lamento que éste no sea un libro útil, como hubiera interesado a TomPowers, a pesar de lo cual es lo que hay.

     ¿Por qué me dispongo a escribirlo? No porque desee escribir una historia de la edición en Gran Bretaña durante la segunda mitad del siglo XX, sino porque ya nome quedamucho tiempo por vivir, y cuando yo me haya ido todas las experiencias que aún almaceno en la cabeza se habrán borrado con una sola trazada de la gran goma de borrar, y hay en mi interior algo que grita y dice: «¡Oh, no! ¡Que al menos se salve algo!». Yo diría que es más un temblor instintivo que una intención racional, aunque no por ello se me antoja menos persuasivo. Mediante una convención establecida desde hace mucho tiempo entre editores e impresores, el editor que desea rescatar un pasaje suprimido pone una linea de puntos bajo el texto que pretende restituir y escribe en el margen «Stet» (que permanezca). Este libro responde a un intento de restituirmediante un gran «STET» enmarcado en un círculo almargen, al menos parte de mi experiencia en su forma original (en la que por desgracia brillan las cifras por su ausencia).Hay otras personas que demanera excelente han dado cuenta de nuestro oficio (hay que destacar a Jeremy Lewis en Kindred Spirits [Espíritus afines], que no sólo es una delicia de libro, sino que también contiene todo lo que ha ocurrido en elmundo de la edición y los porqués). Este libro tan sólo es la historia de una ex editora que imagina que se sentirámenos muerta si unas cuantas personas lo leen, nada más.

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