Ficha técnica

Título: Spinoza | Autor: Alain (Émile-Auguste Chartier)  Traductor: Maite Serpa Editorial: MarbotPrecio: 17 €   | Páginas: 176 |  Fecha de publicación:  Septiembre 2008 | Formato: Rústica  14,5 x 21 | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-935744-8-2

Spinoza

MARBOT EDICIONES

«Borges… sospecha que pocos comentadores han entendido a Spinoza… Encuentra que lo mejor que ha leído sobre Spinoza es… el libro de Alain.» Adolfo Bioy Casares, Borges

En claro contraste con lo que parece el destino de otros pensadores modernos, Spinoza no hace sino ganar actualidad y pertinencia con el paso del tiempo, tal como reivindican un buen número de autores contemporáneos, no sólo desde el campo filosófico, como Deleuze o Compte-Sponville, sino también desde el científico, como Damasio, o incluso desde el literario, como Borges. Es muy probable que debamos reconocer en ello, de modo más general, la recuperación de algunos de los grandes temas del Barroco, como por ejemplo el punto de vista y la perspectiva, una preocupación que no sólo aproxima su obra a la de algunos de sus contemporáneos, como Leibniz, sino también a autores más tardíos, como Nietzsche y, en fin, a nosotros. 

Alain propone en este libro un interesante experimento filosófico: se trata de presentar el pensamiento de Spinoza desde la perspectiva del propio Spinoza. Así, el autor nos ahorra todos los «Spinoza dice» y «Spinoza piensa» para adoptar directamente la voz del filósofo y defender en primera persona sus tesis. Nada podía ser más spinoziano, dado el lugar central -y tan contemporáneo, como se ha advertido- que ocupan las cuestiones de perspectiva en el pensamiento de este filósofo. Ni tan necesario, deberíamos añadir, dada la dificultad del lector contemporáneo de acceder a un autor que construyó su obra más importante, la Ética, a partir de axiomas y deducciones de inspiración euclidiana. 

El experimento de suplantación filosófica a cargo de Alain resulta aún más inusual si tenemos en cuenta que el filósofo francés reconoce abiertamente su distancia teórica con Spinoza desde el encabezamiento mismo del libro. Quien quiera leer lo que piensa Alain, esta vez desde la perspectiva del propio Alain, encontrará al final del libro una selección de artículos breves -sus célebres propos– acerca de Spinoza y el spinozismo, escritos con el estilo inspirador y personal de Alain. No por casualidad Borges consideró el libro de Alain como lo mejor que había leído sobre Spinoza.

             IV. De la esclavitud del hombre

    Casi todos los hombres se dejan llevar por sus pasiones, y sus pasiones, tal como acabamos de explicar, los convierten en enemigos unos de otros. Pero no por eso tiene que convertirse su existencia en una lucha constante de hombre contra hombre. Ya hemos visto que existen pasiones que acercan a los hombres entre sí. Imitamos los sentimientos de nuestros semejantes; amamos lo mismo que ellos aman y odiamos lo mismo que ellos odian. En consecuencia, y a falta de otras consideraciones, estamos más inclinados a hacer las cosas que los demás aprueban que las cosas que los demás rechazan. Esta preocupación por la aprobación ajena, o miedo al rechazo, es una de las causas que disponen a los hombres, por más esclavos que sean de sus pasiones, a asociarse entre sí. Pero a este género de razones se añaden también otras razones aún más poderosas, que son el resultado de la dificultad que encuentran los hombres para luchar contra las fuerzas naturales y para procurarse lo necesario para vivir. Dos individuos unidos son más poderosos de lo que sería cada uno de ellos si estuviera solo; tres individuos unidos son más poderosos que dos. Los hombres tienen mucho que ganar si se unen para formar una sociedad.

    Sin embargo, la sociedad que forman sería inútil si siguieran viviendo cada uno de acuerdo con su capricho, si tratasen de proveer cada uno para su existencia de acuerdo con los medios que les parecieran mejores, si llamasen bien únicamente a aquello que les gustara y mal a aquello que les disgustara, y si se aplicaran a conservar lo que aman y a destruir lo que odian. De este modo sólo lograrían regresar al estado de aislamiento. Para que puedan vivir en paz los unos con los otros, y ayudarse los unos a los otros, es preciso que cada uno sacrifique parte de sus deseos y que se prometan entre sí que no harán nada que pueda perjudicar al vecino. ¿Pero cómo es posible que unos hombres que son, por hipótesis, esclavos de las pasiones, sean capaces de formar una sociedad perdurable? ¿Cómo es posible que los efectos de las pasiones no anulen todas las promesas y violen todas las leyes? Encontraremos la explicación si consideramos que una pasión puede ser destruida por una pasión contraria. Se comprende perfectamente, por ejemplo, que un hombre se abstenga de hacer daño a alguien odiado, por miedo a un mal mayor. Esto es lo que permite establecer y mantener la sociedad, siempre que se cuide de castigar a aquellos que perjudican a su prójimo y de instaurar leyes fundadas en la amenaza. Así es como se establece y mantiene la sociedad de los esclavos, fundada en el miedo.

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