Ficha técnica

Título: Sobre mi madre | Autor: Richard Russo |  Traducción: César Aira | Editorial: Alfaguara | Colección: Literaturas | Género: Novela | ISBN: 9788420404981 | Páginas: 304 | Formato:  15 x 24 cm.| Encuadernación: Rústica | PVP: 19,50 € | Publicación: 10 de abril de 2013

Sobre mi madre

ALFAGUARA

Una historia conmovedora y sorprendente destinada a convertirse en un nuevo clásico de la literatura estadounidense, por el ganador del Premio Pulitzer. 

Un mundo en otra parte, un lugar que mereciera la pena, era el sueño que su madre le inculcó, y que con esfuerzos logró para sí misma. Richard Russo echa la vista atrás y recuerda su infancia en la década de los cincuenta, cuando desapareció la prosperidad. En su recuento de tribulaciones y aventuras, Russo, hijo único de una mujer  tan frágil como rotunda, demuestra que la sombra de una madre se proyecta sobre toda nuestra vida.

«Sobre mi madre engloba a cuatro generaciones de la familia de Richard Russo, con su firma de sensibilidad humorística, y sus reflexiones, a turnos tiernas y duras, acerca de la fragilidad humana, la paciencia, la fortaleza y el fervor.»The Boston Globe

«Richard Russo es un valor seguro. Domina como nadie la tragicomedia y nos hace reír con dramas y neurosis cotidianas.» Javier Aparicio Maydeu, El País

«Uno de los mejores novelistas de estos tiempos.» The New York Times

«Lo que hace de Richard Russo un novelista tan admirable es que su gracia natural como narrador va de la mano con la compasión que siente por sus personajes.» John Irving

«Hay un enorme e irónico corazón latiendo en el centro de su ficción.» The New Yorker

«Un hábil constructor de historias, un muy buen recreador de ambientes y un escritor con excelente ojo para dibujar personajes que parecen tomados de la vida misma.» José María Guelbenzu, El País

«Richard Russo es un escultor de personajes y un artífice del relato… una especie de Dickens milenarista y americano, un trabajador de esos lugares comunes que nada tienen que ver con los sitios vulgares.» Rodrigo Fresán, El País

«Russo es el Stendhal de la clase obrera americana.» Esquire

«Cuando se trata de evocar las esperanzas y los sueños más anhelados de la gente corriente, Russo no tiene igual.» Publishers Weekly

«Russo escribe con una humanidad vibrante, cálida… Una conmovedora mezcla de melancolía, drama y comedia.» The Washington Post

«Uno de los maestros de la literatura norteamericana contemporánea.» The Book Studio

«Una obra de ensayo y memorias cargada de virtuosismo.» Miami Herald

«Richard Russo siempre consigue que leyéndolo nos quitemos complejos. Es realmente terapéutico, como lo es el buen humor.» Javier Aparicio Maydeu, El País

 

PRÓLOGO

        Hace unos cuantos años, al pasar junto al cartel de la autopista del estado de Nueva York en la zona central del área de Leatherstocking, una amiga mía se confundió, leyéndolo como si dijera laughingstock, y pensó: «De ahí es de donde tiene que ser Russo». Acertaba. Soy de Gloversville, a sólo unos kilómetros al norte de las estribaciones de las Adirondacks, un sitio sobre el que resulta fácil hacer chistes a no ser que vivas allí, como todavía hacen algunos familiares míos.

        El pueblo no siempre fue objeto de chistes. En sus buenos tiempos, nueve de cada diez de los guantes que se usaban en Estados Unidos habían sido fabricados allí. A fines del siglo xix, llegaron artesanos de toda Europa y durante décadas hicieron pares de guantes con un mejor acabado que en cualquier otra parte del mundo. En aquel entonces el corte de guantes estaba controlado por un gremio, y lo normal era que uno fuera aprendiz, como le pasó a mi abuelo materno, durante dos o tres años. Los útiles primordiales de un cortador de guantes con dominio del oficio eran su ojo, su conocimiento de las pieles de animales y su imaginación. Mi abuelo fue el que me dio las primeras clases de ese arte -aunque dudo que él trabajase de aquel modo- cuando explicó la dificultad de hacer algo de buena calidad y realmente bonito con una piel defectuosa. Después de que las tiñeran pero antes de pasar al proceso de corte, a las pieles las enrollaban, cepillaban y preparaban para asegurar que tenían un alisado uniforme, pero era inevitable que por naturaleza conservaran algunas imperfecciones. El artesano auténtico, me daba a entender él, se esfuerza por sortear esos defectos o imaginar cómo incorporarlos dentro de los pliegues y costuras propios del guante. Cada piel planteaba problemas cuya resolución exigía inventiva. El trabajo del que corta guantes no sólo era conseguir la mayor cantidad de guantes posibles a partir de una piel, sino hacerlos mientras minimizaba sus defectos.

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