Ficha técnica

Título: Siete años | Autor: Peter Stamm | Editorial: Acantilado | Colección: Narrativa del Acantilado, 195 | Temática: Novela | Traducción: José Aníbal Campos | ISBN: 978-84-15277-35-4 | Nº de edición: 1ª | Encuadernación: Rústica cosida | Formato: 13 x 21 cm | Páginas: 272 | Precio: 20.00 €

Siete años

ACANTILADO

 

Alex y Sonja son una joven pareja de arquitectos que ha creado su propio estudio tras su paso por la universidad, donde se conocieron e iniciaron su relación. Son la pareja ideal: guapos y con éxito. Pero en la intimidad, su matrimonio parece incapaz de soportar las diferencias que existen entre ambos: Sonja necesita alcanzar aquellos ideales que perseguía como estudiante, mientras que Alex anhela una vida sin vínculos ni responsabilidades que sólo halla en brazos de Ivona, inmigrante ilegal polaca dispuesta a hacer por amor uno de los mayores sacrificios que cabe imaginar. «Nadie es en realidad mala persona; pero a veces se pierde la luz», apunta un personaje de la novela, poblada por seres que avanzan a tientas en medio de una niebla de alienación, desencanto y amoralidad. Con un medido distanciamiento y una prosa certera, Peter Stamm aborda temas como la vida familiar, el peso o la ausencia de sentimientos en el momento de tomar decisiones, la delgada línea que separa la civilización de la barbarie. Unos personajes que se debaten entre el deseo y el rechazo, la cordialidad y el extrañamiento, la ansiedad y la liberación.

 

PÁGINAS DEL LIBRO

Sonja estaba en medio de la habitación iluminada, en el centro, como siempre. Tenía la cabeza algo hundida y los brazos pegados al cuerpo; su boca sonreía, pero había entrecerrado los ojos como si le cegara la luz o le doliera algo. Parecía ausente, expuesta como los cuadros de las paredes a los que nadie prestaba atención y que, no obstante, cons- tituían el motivo de aquel encuentro.
Mientras fumaba un purito, a través del gran escaparate de la galería observé que un hombre atractivo se acercaba a Sonja y le decía algo. Fue como si ella despertase. Sonrió, brindó con el hombre. Él movía la boca, y en el rostro de ella podía vislumbrarse un asombro casi infantil; luego sonrió de nuevo, pero incluso desde allí podía darme cuenta de que Sonja no lo escuchaba, de que estaba pensando en otra cosa.

 

 

 

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