Ficha técnica

Título: Sentimiento del toreo | Autores: Miquel Barceló, Felipe Benítez Reyes, José Bergamín, Antonio Bienvenida, Francisco Brines, J.M. Caballero Bonald, Luis Alberto de Cuenca, Luis Francisco Esplá, Vicente Gallego, Rafael Gómez, el Gallo, Félix Grand, Antonio Lucas, Carlos Marzal, Juan Luis Panero, Rafael de Paula, Fernando Quiñones, Joaquín Sabina, Ignacio Sánchez Mejías, Eloy Sánchez Rosillo, Andrés Trapiello, Mario Vargas Llosa, Manolo Vázquez , Joaquín Vidal | Prólogo, edición y selección: Carlos Marzal | Editorial: Tusquets |   Colección: Marginales M 263Género: Ensayo | ISBN: 978-84-8383-240-0 | Páginas: 280 | PVP: 19,00 € | Publicación: Mayo de 2010

Sentimiento del toreo

TUSQUETS

La literatura, como todas las artes, ha encontrado siempre inspiración en el mundo de los toros, y no puede evitar reconocer su deuda hacia las ricas y complejas emociones que suscita este «ritual del miedo». Con el título de Sentimiento del toreo, presentamos una exquisita colección de textos de grandes aficionados a la tauromaquia -en su mayoría escritores, pero también toreros- que abordan ese misterio que tiene lugar en los ruedos con agudeza, sensibilidad y emoción.

Fruto a la vez del temblor y de la inteligencia, del sentimiento y del pensamiento, son todos los testimonios que aparecen en estas páginas, como los de Francisco Brines, José Bergamín, Felipe Benítez Reyes, José Manuel Caballero Bonald, Luis Alberto de Cuenca, Vicente Gallego, Félix Grande, Antonio Lucas, Juan Luis Panero o Andrés Trapiello, entre otros.

Precedidos por un brillante prólogo del poeta, narrador y aficionado Carlos Marzal, los textos son una selección de los publicados en la mítica revista Quites, editada entre 1982 y 1992, a los que se suman otros de diversa procedencia. Elvolumen se organiza en cuatro partes; si en la primera, «La razón taurina», los autores profundizan en la esencia y el sustrato teórico de la tauromaquia, en la segunda, «El zapatero en sus zapatos», toman la voz los propios toreros para transmitirnos sus emociones, opiniones, sus miedos y conquistas. En la tercera, «De frente y de perfil», los autores trazan el retrato de toreros legendarios, mientras que en «La divisa del recuerdo», diversos aficionados narran episodios memorables, sus primeras vivencias taurinas, aquello que más impronta les ha dejado.

Sentimiento del toreo es, en cierta medida, un manual de buenos espectadores taurinos, para buenos espectadores. Para los que ya son aficionados y los que pronto lo serán. Un manual (como son los mejores manuales) sin reglas, pero sí con ejemplos, con muchos ejemplos: con muchos puntos de vista ejemplares sobre el arte de los toros. 

El libro, como afirma Marzal en el Prólogo, aspira a ser «una muestra de alta especulación, una galería de retratos, un compendio de inquietudes y curiosidades de algunos toreros ilustres, un ejercicio de la memoria sentimental de distintos escritores, un repertorio de faenas reencarnadas en las palabras. Pero, por encima de todo, aspira a ser la orgullosa celebración de un arte que constituye todo un mundo: el arte del toreo».  

Se me pide que explique mi concepción del toreo. Es algo que trato de demostrar cada tarde en la plaza. Luis Francisco Esplá

Algunos nos congregamos en las plazas de toros ante la posibilidad de que allí se nos revele aquello por lo que sabemos que la Fiesta se justifica: la súbita presencia del arte. Francisco Brines

 

Prólogo
Carlos Marzal 

   La expresión sentimiento del toreo podría parecer redundante, si bien se mira, a algún espectador meticuloso. Porque, siendo el toreo una manifestación artística, ¿cómo habría de ejecutarse, de entenderse, si no es desde la expresión del sentimiento, desde la conmoción personal, desde la intimidad emocionada?

   El arte ha constituido siempre una manera de sentir el universo mediante un lenguaje determinado, y cualquier lenguaje representa, a su vez, una manera de sentir el universo. Es decir: el arte es siempre un sentimiento dentro de otro. Un sentimiento que siente a través de otro: el sentimiento personal de quien escribe, pinta, torea o canta, con la ayuda de un lenguaje que ya se ha encargado de experimentar el mundo a través de su tradición. (De ahí que quien cante, toree, pinte o escriba, lo haga con todo lo que se ha llevado a cabo antes en su ámbito, con toda su tradición a cuestas, lo sepa o no. Se escribe con el cúmulo de lo que han escrito los demás antes, y se torea con la Historia del Toreo, cargada a la espalda, para bien y para mal, para orgullo de quien lo hace y para su responsabilidad propia.)

   El toreo, pues, por arte, es sentimiento; pero el sentimiento, por sí mismo, no es nada. O incluso menos que nada: puede llegar a convertirse en demasiado. En simple efusión, en énfasis. El sentimiento, para ser algo, para ser su manifestación mejor, necesita estar dirigido por la inteligencia, que lo templa y lo enfría, que le quita las décimas de fiebre que requiere el caso para infundir su auténtica temperatura. Porque el sentimiento, en el arte, si no es sentimiento clarividente, no se deja sentir por el espectador, que disiente de los patetismos, que no quiere sentirlos como propios. Hasta para sentir -o precisamente para ello- hay que tener arte, hay que darse arte: un arte de sentir que todos puedan considerar suyo, hecho a la medida del sentimiento de cada cual.

   El sentimiento, en el toreo, en el arte, ha de ser discernimiento, en la misma medida en que el discernimiento ha de manifestarse como sentido, como perteneciente a la emotividad y a la emoción del artista. Digamos que discierne más quien más ama un fenómeno, siempre y cuando lo ame más porque lo discierne por entero. Se trata de dos movimientos complementarios en una acción única.

   De ahí que hablar, escribir, fabular, reflexionar sobre el toreo no sólo constituyan actividades que el toreo soporte, sino que son ejercicios que soportan el toreo mismo, que lo sostienen, que lo engrandecen, que lo convierten en sentimiento meditativo, en meditación sensitiva y sensual. El toreo no sólo es un rito que proviene del pasado mitológico, sino que se ha hecho presente por constituir en sí mismo una entera mitología, que, como todas las mitologías, se sustenta sobre la imaginación de los hombres, sobre su voluntad de sueño, sobre su afán de transformar la realidad en ficción. Allí donde haya un hombre, hay un relato sobre lo que los hombres hacen, sobre lo que querrían hacer.

   La literatura representa una necesidad biológica del ser humano, que es una criatura lírica, y por eso no hay ni tribu, ni pueblo, ni civilización que no posean sus cuentos de nunca acabar, sus leyendas primigenias, sus parábolas fundacionales.

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