Ficha técnica

Título: Seda | Autor: Alessandro Baricco | Ilustración: Rébecca Dautremer| Traducción: Traducción: Xavier González Rovira y Carlos Gumpert | Editorial: Contempla – Edelvives | Formato: 19 x 24 cm | Páginas: 216 | ISBN: 978-84-263-9118-6 | Precio: 28 euros

Seda

CONTEMPLA- EDELVIVES

Nace CONTEMPLA EDELVIVES, un nuevo sello editorial que combina literatura, ilustración y diseño. Una mezcla de códigos y miradas creativas con un único objetivo: la pura creación para el deleite del público adulto. La combinación de autores, ilustradores y diseñadores de reconocido prestigio internacional convierte las obras de este sello editorial en piezas únicas. Un sello de ediciones limitadas, porque buscan ofrecer al lector la experiencia de, casi, el libro perfecto. Para comenzar su andadura han elegido «Seda» de Alessandro Baricco, ilustrado por Rébecca Dautremer.

Cuando habla de Seda Baricco dice que no es una novela sino una historia. Que comienza con un hombre que atraviesa el mundo y que acaba al borde de un silencioso lago. Añade que podría decirse que es una historia de amor. Pero que si solo fuese eso, no merecería la pena contarla.

Ha sido traducida a numerosos idiomas y llevada al cine en 2007, pero es con la recreación visual que lleva a cabo Rébecca Dautremer, que la obra alcanza una profundidad y belleza inimaginables hasta la actualidad.

«Una vez había tenido entre sus dedos un velo tejido con hilo de seda japonés. Era como tener la nada entre los dedos.»

Y para ilustrar la sutileza, Rébecca despliega todo su saber hacer para plasmar su personal visión de la novela. Su expresión artística recoge tanto los destellos de humor, como la ironía, la sensualidad y el erotismo, y todo ello abordado desde una gran variedad de técnicas gráficas. A su estilo personal -digamos clásico- de ilustración se añaden dibujos a lápiz, caricaturas, esbozos y collages que permiten recorrer la fascinante trayectoria artística de Rébecca en una sola obra.

1.

Aunque su padre había imaginado para él un brillante porvenir en el ejército, Hervé Joncour había acabado ganándose la vida con una insólita ocupación, tan amable que, por singular ironía, traslucía un vago aire femenino.

Para vivir, Hervé Joncour compraba y vendía gusanos de seda.

Era 1861. Flaubert estaba escribiendo Salammbô, la luz eléctrica era todavía una hipótesis y Abraham Lincoln, al otro lado del océano, estaba combatiendo en una guerra cuyo final no vería.

Hervé Joncour tenía treinta y dos años.

Compraba y vendía.

Gusanos de seda.

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