Ficha técnica

Título: Rompiendo algo | Autor: Belén Gopegui | Edición: Ignacio Echevarría | Editorial: UDP | Colección: Huellas  | Páginas: 272 | Género: Ensayo  | ISBN: 978-956-314-275-4 | Precio de referencia $ 12.200 / us$24,4

Rompiendo algo

UDP

Estas páginas ofrecen una amplia muestra de los artículos, prólogos y ensayos publicados por Belén Gopegui a lo largo de las dos últimas décadas; también de sus charlas, conferencias e intervenciones públicas. El conjunto configura el marco de ideas y de actitudes en que se ha venido fraguando la poética de una de las voces más singulares y destacadas de la narrativa hispánica contemporánea. Poética que postula «una escritura impura, condicionada y material», a contrapelo de las corrientes hegemónicas, puesta al servicio del impulso de transformación social que arranca de una perspectiva crítica -la que estos textos trazan- de inusual solidez, coherencia y radicalidad.

La escritura actúa siempre como proyección. Los sentimientos pensados en la literatura han sido los sentimientos pensados en la sociedad, y sólo la conjunción de factores de lucha, azar y militancia ha permitido a veces que, en el seno de sociedades capitalistas, la literatura dejase de transmitir el discurso de las clases dominantes y acertara a pensar, representar y escribir otra vida. Se trata entonces, y hasta que el discurso que una hipotética literatura pueda proyectar sea otro, de provocar esa conjunción de factores. Provocarla, producirla activamente ahora que ya la posmodernidad declina, y hacerlo sabiendo que el regreso al sujeto moderno no es nuestra reivindicación, porque no es cuestión de volver y porque aquel sujeto llevaba dentro de sí la falacia de la naturaleza burguesa universal.

La escritura que tiende a la revolución, la que se escribió, la que se escribirá, no está hecha; está siempre por hacer, y su estructura, sus temas, su práctica de la autoría habrán de ajustarse a cada momento, no podrán fijarse. Pero sí cabe hablar hoy de una poética de astucia, rebeldía y dignidad en el sentido que proponemos.

Belén Gopegui

 

DE QUÉ TRATAN NUESTRAS VIDAS

     Hace unos cuantos años una escritora joven, que había publicado tal vez dos o tres novelas, imaginó esta historia:

       Alberto y Diego, dos amigos de juventud, volvieron a verse cuando ambos tenían cuarenta años. Era el invierno del año 2000. Los dos charlaban en el salón de la casa de Alberto. Primero se contaron qué había sido de sus amores, de sus trabajos, salud y dinero. Luego se informaron mutuamente sobre sus antiguos amigos comunes. Avanzada la noche, mientras se servían la segunda copa. Diego preguntó a Alberto:

       -¿De qué ha tratado tu vida?

       Alberto miró a Diego, al principio sorprendido, después halagado por el interés de su amigo y, casi enseguida, incómodo.

       -No puedo contestar a esa pregunta -dijo-. Sólo tengo cuarenta años.

     Espera a que cumpla sesenta y cinco y entonces te contestaré. Siguieron bebiendo y hablando de cine, de política, se contaron algunos proyectos. A las dos de la mañana Diego se fue y, ya junto a la puerta, le propuso a Alberto acordar una cita veinticinco años más tarde, al margen de otros posibles encuentros. Como en ese periodo los dos podrían mudarse de casa y algunos bares y cafés podrían desaparecer, decidieron citarse bajo los soportales del Museo del Prado.

      Para Alberto aquellos veinticinco años pasaron a mucha más velocidad de lo que en el salón de su casa había supuesto. Tuvo una hija, se separó de su mujer, le ascendieron, hubo una epidemia por la insalubridad del agua, le destinaron a Italia durante cuatro años, se casó de nuevo con una mujer genovesa, volvió a Madrid, compró una casa, el paro rebasó los seis millones de personas, murió su padre, su madre se fue a vivir con su hermano, su equipo ganó la liga nueve veces, enfermó y le operaron, su hija se hizo percusionista de la Orquesta de Granada. A medida que se acercaba el plazo, la pregunta de Diego venía a su mente con mayor insistencia, llenándolo de melancolía. Entonces esperaba a que se acostara su mujer, se preparaba una copa y tomaba grandes decisiones: fundaría una sociedad secreta, tendría una amante, se iría a Pekín y viviría durante diez años sin que nadie supiera su nombre. Luego
se acostaba, melancólico aún y un poco avergonzado de sus fantasías. Antes de quedarse dormido se preguntaba qué estaría haciendo Diego.

       Y llegó el invierno del año número veinticinco. Cuando Alberto vio a Diego, le dijo:

      -Dame cinco años más. Voy a jubilarme. Ahora mi vida será realmente mía. Podré recuperar mi afición por la música, viajar adonde quiera sin billete de vuelta, dar mi tiempo a asociaciones y proyectos.

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